Ataque yihadista a una sede afgana de Save the Children

Las fuerzas de seguridad afganas inspeccionan el lugar del asalto, en Jalalabad. :: Noorullah SHIRZADA / afp/
Las fuerzas de seguridad afganas inspeccionan el lugar del asalto, en Jalalabad. :: Noorullah SHIRZADA / afp

El atentado del Estado Islámico causa la muerte de diez personas, tres de ellas miembros de la ONG, que ha suspendido sus actividades en el país

BABER KHAN SAHEL KABUL.

Al menos diez personas murieron y veintiséis resultaron heridas ayer en el asalto llevado a cabo por el grupo yihadista Estado Islámico (EI) a una sede de la organización humanitaria Save the Children en Jalalabad, en el este de Afganistán. Tres de las víctimas mortales pertenecen a la ONG británica, que en un comunicado informó además que cuatro de sus voluntarios habían resultado heridos y estaban recibiendo tratamiento médico. Las autoridades afganas confirmaron también la muerte de un civil y de un agente de policía, además de los cinco terroristas que cometieron el atentado.

El asalto pudo haber arrojado un balance aún mayor de muertos si 46 empleados de la ONG no hubieran sido rescatados por las fuerzas de seguridad afganas, indicó el portavoz del gobernador de Nangarhar, Attaullah Khogyanai. «Entre los muertos hay dos empleados y un guardia de seguridad de Save the Children, un civil que pasaba por el lugar durante al ataque y un miembro de las fuerzas de seguridad», dijo Khogyanai a la agencia Efe.

Los hechos comenzaron a primera hora de la mañana cuando un suicida hizo detonar un coche bomba para dar paso a cuatro atacantes que penetraron en el edificio. La sede de la organización se convirtió en un campo de batalla entre los yihadistas y las fuerzas de seguridad afganas, que despejaron de radicales los tres pisos del inmueble mientras los trabajadores de la ONG era evacuados. La operación continuó en la tercera planta, la última del edificio, en la que se atrincheró un atacante herido, según explicó un miembro del consejo provincial de Nangarhar presente en la zona durante la operación. Finalmente y tras casi diez horas de combate, las fuerzas afganas abatieron al último insurgente. De los veintiséis heridos, diecinueve recibieron el alta con lesiones menores y siete permanecían internados, aunque ninguno en estado crítico, indicó el portavoz del Directorio de Salud Pública de Nangarhar, Inamullah Myakhil.

El EI reivindicó el asalto en un comunicado difundido por la agencia Amaq, vinculada a los yihadistas, en la que afirmó que la «operación de martirio» tenía como objetivo dos instituciones extranjeras, «una británica y una sueca», y un organismo gubernamental afgano. La jefa en funciones de la Oficina de Coordinación Humanitaria de la ONU (OCHA) en Afganistán, Adele Khodr, se declaró «consternada e indignada» y recordó a todas las partes del conflicto afgano que su obligación es proteger a civiles y trabajadores humanitarios.

En el país desde 1976

El ataque ha provocado el repudio general de organismos internacionales e instituciones públicas y la reacción de Save the Children, que anunció la suspensión temporal de sus operaciones en Afganistán. La organización ha dejado, no obstante, la puerta abierta a reanudar su trabajo «tan rápido como sea posible», si las condiciones de seguridad lo permiten.

«Nuestra mayor preocupación sigue siendo garantizar la seguridad de todo nuestro personal. En respuesta, todos nuestros programas en Afganistán han sido temporalmente suspendidos y nuestras oficinas están cerradas», manifestó la ONG. Save the Children está presente en este país desde 1976 y en la actualidad tiene equipos de trabajo en once gobernaciones del país, aunque sus programas se desarrollan en 16 de las 34 provincias afganas, bien directamente o a través de socios locales, y llegan a más de 700.000 niños, según informa la organización en su página web.

El atentado causó una auténtica conmoción en el país. El presidente, Ashraf Gani, condenó «el crimen» en un comunicado y aseguró que el Gobierno «aumentará las medidas de seguridad» para las organizaciones internacionales y sus trabajadores. El secretario general de la ONU, António Guterres, se declaró «horrorizado» al conocer los hechos, y la Unión Europea los calificó como un ataque contra la humanidad».

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