La Asociación Pro Derechos Humanos eleva a 351 los muertos en Nicaragua

MERCEDES GALLEGO MANAGUA.

La carnicería de Nicaragua sigue creciendo. La Asociación Pro Derechos Humanos elevó ayer la cifra de muertos a 351 desde que empezó la represión de las protestas estudiantiles el 19 de abril, más de la mitad asesinados con disparos en la cabeza o el corazón. De ello el secretario ejecutivo de la organización, Álvaro Leiva, responsabiliza directamente a las fuerzas paramilitares y parapoliciales que ha creado «sin ninguna duda» el Gobierno de Daniel Ortega, según dijo a este periódico. «El Ejecutivo maneja a estos grupos que surgieron de repente y operan a la luz del día, a la vista de todos», afirma.

Más de la mitad de las víctimas, documentadas con nombre y apellido, son jóvenes de entre 12 y 30 años. A ellas habría que añadir 329 desaparecidos tras ser secuestrados por los paramilitares, amén de más de 2.100 heridos graves «a los que se les ha negado el derecho humanitario a recibir atención médica en los centros sanitarios públicos», denunció el galardonado defensor de los derechos humanos. Hay también sospechas de la existencia de dos fosas comunes en Diriamba y Jinotepe, a las que la organización aún no ha podido tener acceso.

La situación nicaragüense hace palidecer a la venezolana, donde entre abril y julio del año pasado murieron asesinadas 131 personas, casi una tercera parte de las 351 registradas en Nicaragua en menos de tres meses. La masacre de Daniel Ortega es mayor proporcionalmente al producirse sobre una población de 6,5 millones, frente a los más de 30 millones de Venezuela.

Buscando a su marido

El horror de un régimen que se aferra desesperadamente al poder siguiendo y superando el modelo de Caracas se manifiesta también a las afueras del Chipote, la cárcel de Managua conocida como centro de torturas a la que ayer seguían llegando detenidos con la cara amoratada.

En avanzado estado de embarazo, Elizabeth del Rosario Cano Molina, de 20 años, hacía guardia a la puerta de este tenebroso agujero en un cerro de la capital. Tres días ante el centro penitenciario para saber el paradero de su marido, Henry Geovani López Mora, al que se llevaron el domingo paramilitares en Diriamba por intentar que un borracho no se viera involucrado en un tiroteo. «Le pegaron con un AK-47 en la cabeza y se lo llevaron en una camioneta 'pick up'», contó. «Me han dicho que está aquí, pero cuando insisto en preguntar por él se molestan y es peor. Solo les dejo comida con la esperanza de que se la den».

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