Asia acoge con entusiasmo el histórico acercamiento

Pekín apoya el diálogo y anima a ambos líderes a tomar «las decisiones correctas» y Seúl ve como un avance que ya se mencione la paz

ZIGOR ALDAMA SHANGHÁI.

En varias ocasiones, Donald Trump afirmó que negociar con Corea del Norte era una pérdida de tiempo. A través de Twitter, una red social que utilizó para menospreciar a Kim Jong-un, el presidente de Estados Unidos mostró su convencimiento de que las intenciones del dictador norcoreano tenían poco que ver con la paz y mucho con zafarse de las sanciones que están ahogando al régimen que lidera. Incluso cuando ambas Coreas desfilaron juntas bajo la misma bandera en los Juegos Olímpicos de Invierno de febrero, el inquilino de la Casa Blanca mostró un escepticismo sin fisuras que coqueteó con el sarcasmo.

La realidad parece llevarle ahora la contraria. Y la decisión de celebrar una cumbre entre ambos confirma que pocas veces ha habido tanta esperanza en una península que, en teoría, continúa en guerra. Así lo ven en China, un país que ha estado en segundo plano desde que comenzó el deshielo pero que tendrá una importancia vital en su desenlace. «Esperamos que ambas partes demuestren coraje político y tomen las decisiones correctas para alcanzar un diálogo multilateral necesario y positivo», afirmó ayer el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Geng Shuang. «Que Estados Unidos y Corea del Norte arranquen un diálogo es un avance al que damos la bienvenida», apostilló en un tono inusualmente optimista.

La gran velocidad a la que se han precipitado los acontecimientos desde que Kim anunció la participación de Corea del Norte en los Juegos de Pyeongchang también hace sospechar que China haya presionado. De hecho, Pekín dio su beneplácito a las duras sanciones que Naciones Unidas ha impuesto a Pyongyang, y las estadísticas de su comercio con Corea del Norte demuestran que las ha acatado. El gigante asiático, principal socio de la dinastía Kim, detuvo el año pasado las importaciones de materias primas tan relevantes como el carbón -principal fuente de divisas del régimen-, y en diciembre el comercio bilateral cayó un 82% en tasa anualizada.

Estabilizar la península

A la pragmática China, sin duda, se le ha acabado la paciencia. La continua tensión en la península es un quebradero de cabeza que ha puesto a Pekín en aprietos en muchas ocasiones. Lograr la paz, aunque sea temporal, puede suponer una gran victoria para la imagen internacional de Xi Jinping, que ya ha acaparado todo el poder del gigante asiático. En esta coyuntura, el emisario surcoreano que se reunió con Kim y con Trump, Chung Eui-yong, ha anunciado que viajará a la capital china a principios de la semana que viene para tratar el tema.

Aunque se mantiene cauteloso, el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, puede salir también muy reforzado de un desenlace positivo. No en vano, alcanzó la presidencia con la promesa de mejorar las relaciones con Corea del Norte, y que simplemente se pueda hablar de una posible negociación para la desnuclearización de la península ya es un gran punto a su favor. «Creemos que se cumplen las condiciones puestas por Estados Unidos para el inicio de un diálogo preliminar con Corea del Norte», dijo en una reunión. Pese a que ha afirmado varias veces que todavía no hay razones para ser optimistas, el mero hecho de que se mencione la paz ya es un gran avance.

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