Ascenso y caída del combativo Schulz

El encanto de Schulz ha desaparecido, pero él no se rinde y no descarta el milagro. :: reuters

El brote de optimismo que provocó su designación como candidato a canciller ha ido diluyéndose ante el empuje de Merkel

JUAN CARLOS BARRENA BERLÍN.

Pocos candidatos socialdemócratas a la jefatura del Gobierno alemán han sido tan combativos, incansables e inquietos en campaña como Martin Schulz. Con dos y hasta tres mítines diarios repartidos por todo el país en el mes previo a los comicios legislativos de este domingo. Pero también pocos han sido declarados perdedor de unas elecciones con tantas semanas de antelación. Pese a todo, Martin Schulz espera un milagro en las urnas que le permita superar en votos a la incontestable líder conservadora Angela Merkel, de la que prácticamente nadie duda que logrará imponerse para gobernar su cuarta legislatura consecutiva.

Hace ocho meses la situación era otra. La inesperada elección, a finales del pasado enero, de Martin Schulz como presidente de la socialdemocracia alemana (SPD) y candidato a la cancillería federal disparó la popularidad de un partido, que lleva años hundido en una intención de voto que supera por poco el 20%. A principios de febrero el SPD se situó, gracias al empujón de Schulz, en un 31% de sufragios potenciales y empató con los partidos de la Unión (los cristianodemócratas y socialcristianos bávaros, CDU/CSU).

El entusiasmo no tuvo límites en las filas de la izquierda tradicional. Angela Merkel parece de repente una líder conservadora sin brillo ante su nuevo rival político, un hombre optimista, de retórica fácil, que despierta simpatía con reivindicaciones sumamente populares. Schulz cuenta con experiencia europea tras varios años como presidente del Parlamento de Estrasburgo, ha logrado sacar al SPD de su paralización depresiva y parece capaz de acabar con la hegemonía de la Unión. Pocos días después de la renuncia de Sigmar Gabriel a la presidencia del SPD y la candidatura a la Cancillería de su amigo personal Schulz, este se convierte poco menos que en el mesías de la socialdemocracia alemana, y también de la izquierda europea. En las redes sociales hablan entonces del 'canciller por designación divina' como si ya hubiera accedido a la jefatura del Gobierno. «Si Martin Schulz se tira al agua, no se moja. El agua se convierte en socialdemócrata», tuitea al final del invierno pasado un emocionado seguidor del nuevo líder de la socialdemocracia alemana, al que atribuye poco menos que poderes sobrenaturales.

Programa clásico

Ahora, a pocos días de los comicios, el líder socialdemócrata sigue insistiendo en que quiere gobernar Alemania con su catálogo de exigencias clásicas de izquierdas, que van desde el respeto al ciudadano de a pie, pasando por las pensiones seguras o la igualdad salarial entre hombre y mujer, sin olvidar la promesa de guarderías, colegios y estudios universitarios gratuitos para todos. Y muestra siempre su cercanía al pueblo como político que ha logrado subir a lo mas alto desde lo mas bajo, tras admitir ser un alcohólico anónimo que nunca acabó el bachillerato, aprender varios idiomas de manera autodidacta y ser capaz de pasar de la alcaldía de la pequeña localidad renana de Würselen a los escaños del Parlamento Europeo, cuya presidencia ejerció hasta el final de 2016.

Sin embargo, tan rápido como el alza de Schulz resultó su declive. Ya antes del verano la popularidad de su partido había caído a cotas similares a las previas a su designación. Ahora, a solo dos días de los comicios, los socialdemócratas se sitúan 15 puntos más abajo que los conservadores y oscilan entre un 24% de votos, en los sondeos más favorables, y un 20%, en los más adversos.

Para los analistas, el hundimiento de Schulz tiene su origen en su propia campaña. Centrada en reclamar justicia social, no cuenta con un programa realmente novedoso ni visiones motivadoras que arrastren a la juventud como las del francés Emmanuel Macron o el británico Jeremy Corbyn. Como recién retornado a la central del SPD desde Estrasburgo, Schulz ha necesitado tiempo para conocer a fondo su partido. Y tampoco acertó a la hora de encontrar temas con los que ganar electorado. Causó júbilo cuando anunció la revisión de la llamada 'Agenda 2010' con la que su correligionario Gerhard Schröder reformó de manera drástica el sistema laboral, y decepción cuando se comprobó que las correcciones serían mínimas. No es capaz de ofrecer ideas visionarias para Europa, su tema preferido, y tampoco soluciones para la crisis de los refugiados, en la que solo reclama un reparto justo de los peticionarios de asilo.

Futuro en el aire

Martin Schulz es incapaz incluso de aprovechar su última y mejor oportunidad para acortar distancias con su rival conservadora. En el único duelo televisivo con Angela Merkel, el primer domingo de septiembre, se impuso claramente la canciller. Los sondeos realizados entre los espectadores al término del debate de hora y media, moderado por cuatro periodistas de otras tantas cadenas que lo retransmitieron simultáneamente, coincidieron en señalar que Schulz no fue capaz en ningún momento de hacerle sombra a Merkel. Es más, sus discursos fueron prácticamente iguales en muchos temas, hasta el punto de que uno asentía cuando hablaba el otro. El candidato socialdemócrata llegó incluso a felicitar ante las cámaras varias veces a Merkel por sus exposiciones, de la que no consiguió prácticamente diferenciarse.

Schulz sabe que su propio futuro depende en gran medida del resultado que alcance en las urnas. Aunque la victoria conservadora es segura, si logra mejorar los pronósticos para el SPD no es descartable que su formación se muestre dispuesta a dar continuidad a la actual 'gran coalición' gobernante (Unión-SPD), en la que podría asumir la vicecancillería y el ministerio de Exteriores. Mejorar el 25,7% de votos alcanzado hace cuatro años por Peer Steinbrück garantizaría al menos su permanencia al frente del partido. Eso sí, como los socialdemócratas caigan por debajo de su mínimo histórico, el 23% que obtuvieron en 2009 con su entonces candidato Frank Walter Steinmeier, habrá correligionarios que reclamen su cabeza y probablemente el inicio de un proceso para un cambio generacional en la dirección del partido más antiguo de Alemania.

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