El arrollador culto a la personalidad de Putin

El presidente ruso será candidato este año a la reelección, apoyado por una maquinaria de propaganda e imagen que controla con eficacia

RAFAEL M. MAÑUECO MOSCÚ.

Los dictadores comunistas Stalin y Mao no tuvieron a su alcance internet y las redes sociales para fomentar todavía más el pronunciado culto a la personalidad que impusieron sus regímenes. Pero el presidente ruso, Vladímir Putin, sí. Siguiendo fielmente la tradición de sus antecesores soviéticos, el actual jefe del Kremlin ha permitido abiertamente en los últimos años que su retrato se coloque por todas partes, se le dediquen bustos, exposiciones de arte, estampados en las camisetas y hasta calendarios.

A todo ello hay que añadir su omnipresencia en todos los medios de comunicación rusos, que escatiman con cicatería inusitada los espacios a los políticos de otras formaciones. Sonadas son sus maratonianas «líneas directas con el presidente», en las que cada año se da un baño de masas televisivo de varias horas respondiendo a las preguntas de la audiencia.

Esta apabullante tendencia de estar hasta en la sopa se ha hecho permanente y los intentos de revertirla se contemplan como iniciativas disidentes poco deseables. Los centros sociológicos rusos también contribuyen al frenesí con sondeos abiertamente inflados sobre la supuesta popularidad del líder. Como resultado, prácticamente ningún otro dirigente mundial ha logrado tal realce de su personalidad como Putin, tanto dentro como fuera del país.

LAS CLAVES Los centros sociológicos contribuyen al frenesí con sondeos de popularidad abiertamente inflados El retrato del jefe del Kremlin aparece en carteles, bustos y hasta estampados de camisetas

Se presenta otra vez como candidato a la reelección dentro de dos meses y medio. Le gusta pilotar aviones de combate, conducir coches de Fórmula-1, montar en Harley Davidson, aunque sea de tres ruedas, realizar inmersiones para recuperar objetos arqueológicos o dedicarse al cuidado de animales en peligro de extinción.

También le encantan los uniformes militares, los perros, los caballos, la pesca, las artes marciales (es cinturón negro de judo), el esquí y los deportes de riesgo en general. Además canta, pinta cuadros y toca el piano. Todo le sirve para estar en el centro del espectáculo, que es de lo que se trata. Todo, mucho más allá de la política, lo convierte en un show con él como principal protagonista.

Como hace notar el veterano periodista georgiano Melor Sturua, autor de reconocidos artículos dedicados a Stalin, el culto a la personalidad «busca crear artificialmente por medio de la propaganda características ficticias» del líder para elevarlo a una categoría de «semidiós». Esa supervaloración le hace «indiscutible», lo que supone una advertencia subliminal de que no puede ser contestado. De ahí que el culto a la personalidad sea incompatible con la libertad de expresión y con el propio concepto de democracia.

Desde que hizo acto de presencia, en agosto de 1999, cuando fue puesto al frente del Gobierno a menos de un año de convertirse en presidente, Putin ha monopolizado no sólo la escena política, sino también la mediática. Sin embargo, el verdadero culto a su personalidad empezó a gestarse cuando traspasó temporalmente el sillón presidencial a Dmitri Medvédev, en 2008.

Tal vez por miedo a que Medvédev pudiera eclipsarle, algo que no llegó a suceder, Putin intensificó medidas para dejar claro que él seguía siendo el líder, aunque hubiese cambiado la Presidencia por la jefatura del Gobierno. Así, el 14 de febrero de 2008, el Día de San Valentín, a dos semanas de que Medvédev triunfase en las elecciones, se estrenó la película 'Un beso, no para la prensa', sobre la «historia de amor» del presidente y su esposa Ludmila, de la que terminaría separándose y con la que no se le ha vuelto a ver.

Mientras Putin fue primer ministro, las encuestas le proclamaron «el segundo hombre más sexy de Rusia». El primero fue el exministro Borís Nemtsov, que sería asesinado frente al Kremlin el 27 de febrero de 2015. El entonces jefe del Ejecutivo pintó también un cuadro, faceta del mandatario ruso desconocida por todos hasta ese momento, y lo vendió en una subasta por casi un millón de euros.

En el otoño de 2011, cuando ya estaba decidido que Putin sería de nuevo candidato para volver al Kremlin en 2012 y sus índices de popularidad eran aceptables, pese a ser los más bajos registrados hasta ese momento, un percance hizo saltar todas las alarmas. Acudió en Moscú a un combate de artes marciales mixtas entre el ruso Fiodor Emilianenko y el norteamericano Jeff Monson. Putin subió al cuadrilátero para felicitar a Emilianenko, momento en el que fue abucheado por el público. Luego estallaron multitudinarias manifestaciones contra él, que, sin embargo, no impidieron su reelección. Este tercer mandato al frente del país, que está ahora en su recta final, ha supuesto un recrudecimiento de la represión contra sus adversarios, el regreso a la confrontación con Occidente y más culto a su personalidad.

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