Argelia sufre su mayor tragedia aérea

Los equipos de rescate de Argelia trabajan en los restos del avión militar ayer siniestrado. :: R. K. / afp/
Los equipos de rescate de Argelia trabajan en los restos del avión militar ayer siniestrado. :: R. K. / afp

IVIA UGALDE

Un profundo estado de conmoción y desolación se apoderó ayer de Argelia, a la que la mayor tragedia aérea de su historia le sobrevino en apenas un minuto. Esos sesenta segundos fueron la pequeña fracción de tiempo en que se mantuvo en el aire a duras penas un avión militar que, con 257 personas a bordo, acababa de despegar de la base de Bufarik, próxima a la capital. El aparato -un Ilyushin Il-76, de fabricación rusa- volaba de forma errática y a baja altura hasta que se desplomó y ardió en llamas al colisionar contra el suelo en un campo agrícola cercano. No hubo supervivientes.

Las imágenes de la enorme bola de fuego y humo difundidas por la televisión estatal daban cuenta de las proporciones épicas de la catástrofe, que tuvo lugar poco después del amanecer y cuyas causas aún se desconocen. Las víctimas mortales -247 pasajeros y diez tripulantes- eran «en su mayoría integrantes del Ejército Nacional Popular y miembros de sus familias», según informó el Ministerio de Defensa en un comunicado. En el aparato también viajaban 30 civiles saharauis, que habían volado días antes a Argel -la capital- para realizar trámites burocráticos y recibir tratamiento médico.

Desafortunadamente, ninguna de las personas que se subieron al Ilyushin Il-76 llegaron a su destino: Tinduf. A esa localidad debían haber aterrizado antes del mediodía, un área de importante actividad militar al ser fronteriza con Marruecos y albergar desde hace 40 años a la población saharaui expulsada tras la ocupación del reino alauí de la antigua colonia española del Sáhara Occidental. En el aeropuerto de esa ciudad asomada al desierto, las escenas de dolor, impotencia y desesperación de los familiares y amigos que habían viajado decenas de kilómetros para recibirles eran tan descorazonadoras como las de quienes preguntaban con el corazón en un puño en las inmediaciones de la base argelina de Bufarik por la suerte de los seres queridos de los que se habían despedido instantes antes.

Nada más ser avisado de la tragedia, el viceministro y jefe de Estado Mayor del Ejército, el general Ahmed Gaid Salah, se desplazó al lugar, a unos 25 kilómetros al suroeste de la capital argelina, donde más de 300 personas se afanaban en las labores de rescate y traslado de los cadáveres para su identificación. Tras expresar sus «sinceras condolencias» y «compasión», Gaid Salah informó de que ha ordenado que una comisión investigue las causas del siniestro. Aunque no se ha formulado aún ninguna hipótesis, la posibilidad de que el avión sufriera un exceso de peso podría ser una de ellas ya que en la web del fabricante se especifica que el Ilyushin Il-76 puede transportar entre 126 y 225 personas y, sin embargo, había 257.

El presidente de Argelia, Abdelaziz Bouteflika, decretó ayer tres días de duelo nacional y pidió que la oración musulmana comunitaria y el sermón preceptivo de hoy se dedique en todo el país a las víctimas de la catástrofe. Por su parte, el máximo representante de la República Árabe Saharaui Democrática, Brahim Ghali, ordenó una semana de duelo.

La tragedia aérea de ayer, además de ser la más grave de la historia de Argelia, se suma a la cada vez más amplia lista de incidentes similares que afectan a miembros de las Fuerzas Armadas. El más grave de los últimos años se produjo en febrero de 2014, cuando 77 personas -en su mayoría militares- murieron al estrellarse un avión Hércules C-130 que sobrevolaba la región montañosa de Oum el-Bouaghi, a 500 kilómetros al sur de Argel. Otros 12 efectivos fallecieron en 2016 al caer por un fallo técnico el helicóptero en el que viajaban en el sur del país.

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