Arabia Saudí dispara la tensión con Irán

Destrozos ocasionados por un ataque de los rebeldes hutíes en la región saudí de Najran. :: reuters/
Destrozos ocasionados por un ataque de los rebeldes hutíes en la región saudí de Najran. :: reuters

El príncipe heredero incrimina a Teherán en el lanzamiento de un misil desde Yemen que fue interceptado cerca de Riad

MIKEL AYESTARAN JERUSALÉN.

Cuando la guerra contra el califato establecido por el grupo yihadista Estado Islámico (EI) en Siria e Irak está cerca de su final, la gran 'guerra fría' sectaria entre las potencias regionales chií, Irán, y suní, Arabia Saudí, resurge con fuerza de la mano del heredero al trono saudí, Mohamed bin Salman. El joven príncipe, que a sus 32 años es el hombre clave del país, elevó el tono de sus declaraciones contra Teherán y acusó a la república islámica de cometer un «acto de guerra contra el reino» con la «entrega de misiles a los hutíes» de Yemen, lo que calificó de «agresión militar directa», según las declaraciones recogidas por la agencia oficial SPA.

Bin Salman habló por teléfono con el responsable de Exteriores británico, Boris Johnson, para buscar apoyo en la comunidad internacional después de que los rebeldes hutíes, que siguen la rama zaidí del chiismo, lanzaran el sábado un misil que fue interceptado cerca de Riad y del que algunos fragmentos cayeron en el aeropuerto internacional King Khaled.

El ministro de Exteriores, Adel Al Jubeir, extendió las acusaciones a la milicia chií libanesa de Hizbolá, a la que responsabilizó del lanzamiento material del proyectil «de fabricación iraní, desde territorio ocupado por hutíes». Desde Irán, negaron todas las acusaciones. Además del respaldo de Reino Unido, Arabia Saudí recibió las palabras de apoyo de la embajadora estadounidense ante la ONU, Nikki Haley, quien recordó que «Estados Unidos está comprometido a hacer lo que sea necesario para oponerse a las acciones desestabilizadoras de Irán y no cerrará los ojos frente a violaciones graves del derecho internacional por el régimen iraní».

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha cambiado la política respecto a la república islámica y el pacto nuclear firmado en 2015 bajo el mandato de Barack Obama está en el aire pese a que los informes de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) reflejan que los iraníes cumplen lo pactado. Trump anunció su intención de retirarse del acuerdo, respalda la gran coalición regional anti iraní que encabezan Israel y Arabia Saudí y, como declaró Haley ante la ONU, «está dispuesto a hacer lo que sea» contra su gran enemigo.

Los frentes abiertos se le acumulan al heredero saudí, que desde su irrupción en 2015 ha demostrado que gobierna por impulsos. A nivel doméstico acaba de lanzar una purga sin precedentes que ha llevado a prisión a decenas de príncipes, ministros y exministros y hombres de negocios, todos bajo la acusación de corrupción, aunque parece más un intento de eliminar a posibles competidores en la carrera al trono.

Su edad y su discurso populista le han hecho ganar adeptos en casa, pero fuera de sus fronteras las dos grandes decisiones que ha tomado, la guerra en Yemen y el bloqueo a Catar, se han convertido en auténticos lodazales de los que no se ve una salida a corto plazo.

Los medios próximos a los hutíes confirmaron el lanzamiento el sábado de un misil Burkan H2, que recorrió los 850 kilómetros de distancia entre la frontera yemení y la capital saudí, un proyectil similar al que en julio impactó cerca de la ciudad santa de La Meca. Los saudíes aseguran que se trata de misiles que llegan por piezas y que luego son ensamblados por la Guardia Revolucionaria de Irán o de Hizbolá sobre el terreno, pero no han logrado aportar pruebas al respecto.

Irán, a la defensiva

Riad lanzó la guerra en Yemen en marzo de 2015 para frenar el ascenso de los hutíes al poder, grupo al que acusan de operar bajo las órdenes de la república islámica. Desde entonces más de 8.000 personas han muerto y más de 20 millones necesitan «ayuda humanitaria urgente», según la ONU. Un desastre humanitario que va a empeorar tras la respuesta de Arabia Saudí al lanzamiento del último misil ya que ha impuesto un cerco severo al país y «las operaciones humanitarias están bloqueadas», lamentó el portavoz de la Oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU en Ginebra, Jens Laerke.

El ministro de Exteriores iraní, Javad Zarif, consideró «contrarias a la realidad» las palabras del príncipe heredero saudí y calificó de «bullying regional» su política externa. Zarif, que es la mano derecha del presidente Hasán Rohani, recordó que el ejército saudí «bombardea Yemen cada día, ha matado a miles de inocentes, incluidos niños, ha hecho que se extienda el cólera y la hambruna, pero siempre acusa a Irán de todos los males».

La 'guerra fría' entre saudíes e iraníes se salda hasta el momento a favor de Teherán y Bin Salman quiere frenar la expansión de su gran rival en la región. Los iraníes respaldan al Gobierno de Bagdad, en manos chiíes desde la invasión de EE UU, y han logrado mantener en su puesto a Bashar El Asad en Siria, país donde los esfuerzos saudíes por formar una oposición armada suní no han cuajado.

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