EE UU anima a apoyar las protestas contra el régimen de Jamenei

En Londres. Iraníes reclaman la vuelta de la dinastía Pahlevi. :: reuters/
En Londres. Iraníes reclaman la vuelta de la dinastía Pahlevi. :: reuters

Trump culpa a Obama de haber fortalecido el gobierno de los ayatolás «por darles dinero que fue a sus bolsillos y sirvió para el terrorismo»

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

Con la ayuda de Donald Trump, el péndulo de la moral que Barack Obama hizo inscribir en la alfombra del Despacho Oval acaba de tocar el extremo opuesto. Frente a la suma cautela que mostró el primer presidente afroamericano ante la revolución verde de Irán en 2009, sangrientamente reprimida, su sucesor se despertó ayer en la Casa Blanca con el dedo en Twitter, aplaudiendo a los manifestantes y culpando a Obama de haber fortalecido al régimen «por darle estúpidamente dinero que fue a sus bolsillos y sirvió para terrorismo».

Horas después su representante ante la ONU, Nikki Haley, que actúa de facto como una secretaria de Estado, subió varios grados el nivel de la provocación. «No tengáis miedo, estamos todos juntos», proclamó. «Y en referencia al Líder Supremo, 'avergüénzate, suelta al país'», añadió. Haley aclaró que esas no eran sus palabras o las de EE UU, sino que parafraseaba las de «la gente valiente de Irán» para «amplificarlas».

Según ella, el Gobierno de Trump no planea acciones unilaterales sino que se ha propuesto animar al mundo a presentar un frente sólido. «La comunidad internacional tiene un papel que jugar en esto», arengó. «No podemos quedarnos en silencio. El pueblo de Irán está pidiendo a gritos la libertad».

Apeló a «no repetir los errores de 2009», cuando millones de personas tomaron las calles en protesta por lo que consideraron unas elecciones fraudulentas que permitieron la reelección de Mahmud Ahmadineyad. Los líderes de esa primavera pidieron a Washington que no les apoyase públicamente, por temor a que eso perjudicase su causa y alimentase la narrativa gubernamental de una intervención americana. Son esos los fantasmas que intenta evocar el ayatolá Alí Jamenei al advertir de que los «enemigos» de la revolución islámica están «esperando una oportunidad para entrar».

Al Líder Supremo no le hacía falta citar a ningún país porque todo Irán sabe a quién se refería. Fue el exembajador Ryan Crocker, al que George W. Bush llamó Lawrence de Arabia y Collin Powell «uno de nuestros mejores diplomáticos», el que le puso nombre en EE UU. «En 1953 la CIA alquilaba multitudes para poner en escena grandes manifestaciones que forzaron la caída de un Gobierno elegido democráticamente (y reforzó la posición del entonces Shah Mohamed Reza Pahlevi). Lo último que queremos es dar la imagen de que estamos de vuelta a 1953», advirtió. En la Casa Blanca la memoria histórica es tan corta como la sensibilidad hacia las percepciones extranjeras. En sus tuits sobre Irán, Trump clamó el lunes que «¡Es hora de un cambio!».

Represalias

Irán siempre ha estado en su punto de mira, contagiado por la desconfianza israelí y su propia antipatía a cualquier trato que firmase el Gobierno de Obama. El anterior presidente no proporcionó más dinero a Irán que los fondos congelados en cuentas estadounidenses desde la revolución. Su devolución fue parte de los acuerdos antinucleares que Trump intenta desmantelar.

También en justicia, Obama cambió de actitud con respecto a las insurrecciones en Irán a medida que se endureció la represión. Al principio hizo votos de dejar el futuro de Irán «en manos de los iraníes» para que no se viera a EE UU «entrometiéndose» en sus asuntos internos. La muerte de la joven de 26 años Neda Agha-Soltan provocó una tajante condena y nuevas sanciones que forzaron a Teherán a sentarse a la mesa de negociaciones sobre la que ahora escupe Trump.

Entre las medidas que contempla la actual Casa Blanca para distinguirse de su antecesor destaca la de amenazar con represalias globales a las empresas que proporcionan la tecnología para bloquear las comunicaciones por internet. Instagram y Telegram encabezan la lista de las «comunicaciones legítimas» que el subsecretario de Estado Steve Goldstein demanda ver abiertas. «Queremos alentar a los manifestantes a que continúen la lucha por lo que es correcto y por la apertura de Irán», declaró sin tapujos.

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