Andrea Nahles se pone al frente de un SPD roto

La nueva líder del Partido Socialdemócrata Alemán, Andrea Nahles, celebra su triunfo rodeada por la cúpula de la formación. :: clemens bilan / efe/
La nueva líder del Partido Socialdemócrata Alemán, Andrea Nahles, celebra su triunfo rodeada por la cúpula de la formación. :: clemens bilan / efe

La primera mujer que preside el partido político más antiguo de Alemania solo cosecha el 66% de los votos de sus correligionarios

JUAN CARLOS BARRENA BERLÍN.

Con un flojo y decepcionante resultado que denota la división de los camaradas, Andrea Nahles fue elegida ayer nueva presidenta del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) y primera mujer al frente de la formación en sus casi 155 años de historia. Nahles, líder parlamentaria del SPD en el Bundestag, obtuvo tan solo un 66,35% de votos en su duelo con la alcaldesa de Flensburg, Simone Lange, que logró un 27,6% de apoyos. La hasta hace poco desconocida política municipal, que reclama más decisiones de base y un giro a la izquierda en el SPD, se vio respaldada presumiblemente por aquellos que rechazan aún el acuerdo de gran coalición con los conservadores de la canciller federal, Angela Merkel, del que Nahles fue una de las principales artífices.

En la historia del más antiguo partido político alemán tan solo Oskar Lafontaine obtuvo un resultado peor. En 1995 cosechó un pobre 62,6% de votos en su duelo con Rudolf Scharping. Solo les disculpa el hecho de que la mayoría de los presidentes del SPD no tuvieron rival en su elección.

La marca de Nahles queda además muy lejos del ya legendario e insuperable 100% de apoyos obtenido hace poco más de un año por Martin Schulz, el fracasado candidato a la cancillería federal en los comicios del pasado otoño, que dimitió el 13 de febrero tras sellar el pacto de gobierno con los conservadores acosado por sus propios correligionarios. Schulz condujo al SPD al peor resultado electoral de la historia en unas legislativas, con solo un 20,5% de votos, y tras rechazar la noche electoral una reedición de la gran coalición, se vio finalmente forzado a negociarla.

LA RIVALAquellos que rechazan la gran coalición con Merkel se inclinaron por la candidata alternativa

Su ambición de asumir el Ministerio de Exteriores cuando había jurado no entrar en un gabinete de Merkel le hizo perder la confianza de quienes meses antes le habían proclamado el 'mesías' de la socialdemocracia en Alemania y Europa. En el pabellón del centro de congresos de Wiesbaden, un triste Schulz estuvo sentado ayer en una fila con otros expresidentes socialdemócratas como Kurt Beck, Sigmar Gabriel, Franz Müntefering o Rudolf Scharping. Todos podrían cantar una copla sobre cómo la formación trata a sus líderes caídos. Nahles no cumplió además con las previsiones de la dirección del partido. Antes de la votación habían proclamado que todo por encima de un 75% sería un muy buen resultado y bueno por encima del 70%. Al final poco más de un desilusionante 65%.

Nadie dudaba de que la enérgica y decidida Andrea Nahles asumiría en Wiesbaden la presidencia del SPD, pero no se contaba con tanta resistencia. Y eso después de un apasionado y emotivo discurso en el que la política de 47 años aseguró que su partido sería capaz de regenerarse y renovarse aún siendo socio menor de la gran coalición. «A partir de mañana pienso demostrarlo», afirmó Nahles, quien pidió el apoyo de sus camaradas y aseguró que «lo conseguiremos, esa es mi promesa».

Solidaridad, la clave

La nueva presidenta del SPD hiló su discurso en torno a la palabra solidaridad, virtud fundamental de la socialdemocracia. «Solidaridad es lo que más falta en este mundo globalizado, neoliberalizado y turbodigital», afirmó la dirigente, quien reclamó una reforma del Estado social y un marco de orden solidario para la digitalización. «Necesitamos una economía de mercado solidaria», dijo la antigua líder de las juventudes socialistas, exsecretaria general y ex vicepresidenta del SPD, quien calificó de «injustos» los sistemas financiero y económico y enumeró campos necesarios de reformas, como las metas climáticas; el cambio energético; la educación; las condiciones de empleo, o las prestaciones sociales. Sin embargo, aunque recitó los problemas no aportó soluciones o al menos visiones o iniciativas para desarrollar bajo su presidencia.

La falta de conceptos cuando el partido necesita salir de la crisis, dejar de mirarse el ombligo -tras celebrar tres congresos en cinco meses- y asumir la resolución de problemas concretos, tanto nacionales como internacionales, es un lastre en la recién iniciada presidencia de Nahles. Será complicado además recuperar la confianza de los propios correligionarios pese a contar en esta ocasión con el respaldo expreso en su elección de Kevin Kühnert, el conflictivo líder de las juventudes socialistas que hizo campaña contra la gran coalición en el referendo interno del SPD.

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