La UE amenaza a Trump con responder si le salpica el nuevo castigo a Rusia

Donald Trump y Jean-Claude Juncker, durante la cumbre del G-20 en Hamburgo. :: felipe trueba / efe/
Donald Trump y Jean-Claude Juncker, durante la cumbre del G-20 en Hamburgo. :: felipe trueba / efe

Juncker defiende los intereses energéticos de la Unión y advierte de que «el 'Estados Unidos primero' no significa Europa, lo último»

ADOLFO LORENTE

bruselas. Suma y sigue. Cuando parecía que todo estaba en calma tras el reciente G-7 de Hamburgo y, sobre todo, tras la pomposa visita a París de la mano del adulador Emmanuel Macron, los problemas han vuelto a brillar con Rusia como pretexto en las ya de por sí complicadas relaciones bilaterales entre la UE y los Estados Unidos de Donald Trump. Sí, de Trump, porque con Barack Obama todo era coser y cantar, pero el mundo de hoy no está hecho para nostálgicos y Bruselas parece haberlo asumido. «El 'America first' (EE UU primero) no puede significar que los intereses de Europa vienen al final», advirtió ayer el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, en un breve comunicado de inusitada contundencia en el que se avisa de que Europa podría tomar represalias «en cuestión de días si los intereses de seguridad energética de la UE se ven afectados».

La «preocupación» de la Comisión se filtró ya el fin de semana al conocerse que las nuevas leyes aprobadas ayer por la Cámara de Representantes estadounidense para castigar con sanciones a Moscú por su intromisión en las últimas elecciones podrían afectar sobremanera a grandes empresas europeas que participan en diferentes proyectos energéticos con sello ruso, como oleoductos o gasoductos. No hay que olvidar que la UE depende energéticamente de las importaciones de gas y petróleo procedentes de Rusia a través de rutas como la del Báltico, y que suponen un tercio del total de lo importado.

«Las nuevas leyes de EE UU podrían tener efectos unilaterales no intencionados que impactarán en los intereses de seguridad energética de la UE. Por eso -zanjó Juncker-, la Comisión ha concluido que si nuestras preocupaciones no se tienen suficientemente en cuenta, estamos listos para actuar de forma adecuada en cuestión de días». En el debate celebrado por el Colegio de Comisarios se mostró, por un lado, la preocupación pero también la determinación de actuar sin ambages, como señalaron fuentes comunitarias.

Bruselas cuenta en esta ocasión con el total apoyo de Alemania, cuyo Gobierno también censuró ayer este tipo de sanciones. Sus quejas se fundamentan, sobre todo, en la afección al proyecto estratégico llamado 'Nord Stream 2', un gasoducto submarino con el que el gigante ruso Gazprom bombeará gas directamente a Alemania y que cuenta con la implicación de grandes firmas comunitarias como las germanas BASF y E.ON, la francesa Engie, la holandesa Royal Dutch Shell o la austriaca OMV.

Los últimos pasos

Si las leyes entran finalmente en vigor -aún deben ser aprobadas por el Senado y por Trump-, ¿en qué se traducirían esas supuestas represalias que Bruselas podría adoptar en «cuestiones de días»? Ayer nada se dijo de esto, pero las diferentes fuentes consultadas apuntan a la Organización Mundial del Comercio (OMC) como mejor vía para salvaguardar los intereses comunitarios a través de recursos que logren paralizar las sanciones que afectarían a la UE.

Por otra parte, Juncker aprovechó la ocasión para recordar que así no se hacen las cosas y que siguen «totalmente comprometidos» con Estados Unidos en mantener una estrategia conjunta de sanciones que sea lo más eficaz posible contra Rusia por su papel en la crisis de Ucrania. «La unidad del G-7 sobre las sanciones y una estrecha coordinación entre los aliados son esenciales para asegurar una completa implementación de los Acuerdos de Minsk», dijo Juncker.

Esta semana no será recordada como una de las mejores en la relación entre Europa y Estados Unidos. Y es que el lunes el inquilino de la Casa Blanca abrió su aplicación de Twitter para volver a acordarse de Bruselas y, además, donde más le duele, en el 'brexit'. «Trabajamos en un gran acuerdo con Reino Unido. Podría ser muy importante y prometedor. ¡Empleos! La Unión Europea es muy proteccionista con EE UU. ¡Alto!», disparó. Fue su forma de dar los buenos días, un zarpazo sin mucho fundamento ya que Londres no puede formalizar ningún acuerdo comercial con terceros países antes de que el 29 de marzo de 2019 se marche del club dando el portazo definitivo después de medio siglo.

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