Alemania prolonga su agonía política

La canciller alemana, Angela Merkel, llega al cuartel general del SPD en Berlin en la última jornada de negociaciones. :: TILL RIMMELE/ efe/
La canciller alemana, Angela Merkel, llega al cuartel general del SPD en Berlin en la última jornada de negociaciones. :: TILL RIMMELE/ efe

Conservadores y socialdemócratas se dan más tiempo al no lograr un pacto de gobierno en el plazo previsto

MARÍA MOLINOS BERLÍN.

El bloque conservador de la canciller alemana, Angela Merkel, y el Partido Socialdemócrata (SPD) decidieron ayer recurrir al tiempo de descuento para cerrar su pacto de gobierno. Habían acordado zanjar para el domingo las disputas, pero no ha sido posible. Así que han prolongado un día más la fase de negociación.

Tras una semana de maratonianas conversaciones para lograr un acuerdo, a última hora del domingo, el secretario general del SPD, Lars Klingbeil, avanzó a los medios que los equipos negociadores no habían conseguido allanar el camino hacia una nueva gran coalición. Que varios escollos persistían y que las partes querían apurar los tiempos para culminar con éxito los contactos.

Desde que la Unión Cristianodemócrata (CDU), la bávara Unión Socialcristiana (CSU) y el SPD iniciaron la segunda fase de las negociaciones el pasado 23 de enero se dijo públicamente que, en caso de dificultades, el calendario previsto, que preveía acabar ayer las negociaciones, podía prorrogarse dos días más. No por eso deja de ser menos agónico este proceso, más de cuatro meses después de las elecciones del 24 de septiembre.

Angela Merkel y Martin Schulz quedarían muy dañados por una falta de acuerdo entre sus partidos

Empleo y sanidad

Merkel ya había dicho al comienzo de las conversaciones del domingo que, pese a la «buena voluntad» de las partes, estaban frente a unas «difíciles negociaciones». «Hemos trabajado bien hasta ahora, pero todavía quedan puntos importantes que tienen que ser aclarados», reconoció la canciller.

Los disensos persisten en dos ámbitos. Son dos reivindicaciones socialdemócratas que a los conservadores se les hacen difíciles de digerir. La primera es la pretensión del SPD de acabar con los que considera contratos temporales injustificados. La segunda es una reforma para garantizar que quienes tienen el seguro sanitario público son tratados en todos los aspectos en iguales condiciones que los que han contratado seguros privados.

El objetivo principal es que tanto esfuerzo y compromiso no descarrile. Porque el coste sería altísimo. Las dos partes se han visto perjudicadas por los problemas para formar gobierno de los últimos cuatro meses y un fracaso ahora erosionaría aún más su imagen. Además, esto forzaría en primer lugar un Gobierno en minoría de Merkel que ella ha rechazado desde el primer momento y, probablemente, elecciones anticipadas en unos meses. Es dudoso que, con la contestación interna y externa que están sufriendo Merkel y el presidente del SPD, Martin Schulz, alguno de los dos pudiese presentarse a estos hipotéticos nuevos comicios.

El camino hasta aquí ha sido tortuoso. Tras las elecciones, los socialdemócratas aseguraron que marchaban a la oposición a renovarse, forzando a Merkel a buscar una alianza tripartita con los liberales y Los Verdes. Pero aquellas negociaciones fracasaron tras cinco semanas de conversaciones. Entonces la presión sobre el SPD creció y Schulz tuvo que dar un requiebro que le lastimó la credibilidad y sentarse a negociar. Logró que su partido le apoyase en un congreso extraordinario, pero solo con un 56% de los votos. Ciertos sectores se le han revelado abiertamente. Y aún le podrían dar el toque de gracia.

Porque, aunque este acuerdo se selle mañana definitivamente, Merkel no podrá aún iniciar su cuarta legislatura. El SPD va a convocar un referéndum vinculante entre sus 440.000 afiliados para que ellos den luz verde al contrato de gobierno. El resultado, dado todo lo sucedido desde septiembre, es incierto.

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