Alemania y Francia sólo ofrecen buenas palabras para el apuro migratorio de Italia

D. MENOR ROMA.

Como ocurre con cualquier otra relación personal, que los líderes europeos se encuentren a menudo no garantiza que vayan a alcanzar acuerdos. La canciller alemana, Angela Merkel; el presidente francés, Emmanuel Macron, y el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, se reunieron ayer en la ciudad italiana de Trieste para hablar de inmigración. Era la cuarta vez que se veían en las últimas tres semanas y el resultado fue prácticamente el mismo que en las ocasiones anteriores: no dieron ningún paso adelante para afrontar este desafío.

Gentiloni pidió más ayuda a sus socios, como hace siempre, y se encontró con la respuesta habitual: declaraciones de solidaridad, palmaditas en la espalda y poco más. «Italia ha hecho y seguirá haciendo su parte en el socorro y la acogida, pero al mismo tiempo se bate para que la política migratoria no sea confiada sólo a algunos países, sino que sea algo compartido por la Unión Europea», clamó el jefe de Gobierno italiano.

Merkel aplaudió la actitud de Roma, pero no dio señales de que vaya a utilizar su enorme poder para conseguir un cambio en Bruselas que alivie su situación en Italia. Comentó que la UE «no sólo puede ser una Europa para la economía sino también una Europa que afronte unida todos los retos», en particular el migratorio, y apostó por estrechar la cooperación con países norteafricanos como Níger y Libia, por donde transitan y desde donde embarcan los inmigrantes en su camino hacia el Viejo Continente.

Influencia en los Balcanes

Empezó su intervención Macron con un 'mea culpa' («Francia no ha hecho siempre su parte», reconoció) pero volvió a negarse a que los desplazados salvados en el Mediterráneo central puedan ser desembarcados en puertos galos e insistió en la separación entre inmigrantes económicos y personas con derecho a recibir asilo. «Son dos realidades distintas y no cederé ante este espíritu de confusión imperante», insistió el presidente francés, asegurando no obstante que con él en el Elíseo Francia arrimará el hombro.

Después del encuentro, Trieste acogió una cumbre sobre infraestructuras y transportes en los Balcanes occidentales en la que participaron representantes de estos tres estados junto a los de Albania, Bosnia, Kosovo, Macedonia, Montenegro, Serbia, Croacia, Eslovenia y Austria. La Unión Europea aspira a aumentar su influencia en la zona y, para conseguirlo, lanzó ayer un plan de acción para mejorar las infraestructuras.

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