El acoso sexual salpica a los congresistas en EE UU

Washington decide poner freno a conductas machistas y obligará a todos los legisladores a seguir cursos contra el acoso y la discriminación

MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL UEVA YORK.

N Harvey Weinstein iba a pasar a la historia por catapultar películas a los Oscar, pero en lugar de eso se le recordará como el productor grosero y acosador con el que se abrieron las compuertas y salió a flote toda la porquería machista que ha angustiado a generaciones de mujeres desde que se incorporaron a la vida laboral. Ningún sector de la sociedad ha quedado a salvo de esa marea. El efecto Weinstein también ha llegado hasta el Congreso de EE UU, donde el portavoz Paul Ryan ha prometido poner freno a esa cultura machista en el ambiente de trabajo legislativo.

Su primera medida es someter a todo el personal, incluyendo a los legisladores, a un curso obligatorio de anti acoso y anti discriminación. En él se dejará claro lo que es aceptable y lo que no, pero sobre todo «elevaremos la conciencia y dejaremos abundantemente claro que el acoso no tiene sitio alguno en esta institución», anunció tajante.

La medida era su respuesta a las acusaciones que vertió el martes la congresista demócrata Jackie Speier, que sin poner nombres aseguró que «hay dos miembros del Congreso en activo, uno demócrata y uno republicano, que han participado en acoso sexual». La apoyaba en su cruzada la republicana Barbara Comstock, para demostrar que esto es una cuestión de solidaridad entre mujeres que va más allá de las ideas políticas.

Hablaban de oídas, por eso no daban nombres. Son esas historias que se han murmurado durante años entre pasillos, como las que rodeaban al mito de Weinstein, sin que nadie se atreviera a sacarlas a la luz. Recordaban a la ayudante de un legislador a la que éste pidió que le llevara a casa unos documentos. Le abrió la puerta con una toalla en la cintura, y mientras ella le explicaba el contenido la dejó caer exponiendo sus genitales. La mujer dimitió al día siguiente, pero el presunto acosador sigue representando a sus contribuyentes en la Cámara de Diputados.

El líder republicano del Senado Mitch McConnell puede encontrarse en breve con un correligionario acusado por cinco mujeres de haber mantenido relaciones con ellas cuando eran menores de edad. Roy Moore, el aspirante republicano por Alabama, se niega a retirarse de las elecciones que se celebrarán el 12 de diciembre pero desde McConnell hasta el fiscal general Jeff Sessions han apoyado el testimonio de las mujeres, frente a los esfuerzos de la revista Breitbart para desacreditarlas.

Hasta el presidente George HW Bush está en la picota, con nueve mujeres acusándole de haberles metido mano inesperadamente. Desde una azafata de avión hasta una adolescente de 16 años con la que se tomó una foto. Todo eso ha traído de vuelta el caso Monica Lewinsky y la displicencia hacia la esposa que en lugar de condenarle atacó a sus víctimas y luego buscó la presidencia como adalid de las causas femeninas. «Bill Clinton debería haber dimitido», sentenció ayer el portal de noticias Vox. «Fue con mucho el caso más indignante de mala conducta sexual en un lugar de trabajo que se haya visto en EE UU».

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