La absolución de Bemba provocará la excacelación de otros caudillos en el Congo

La Corte Penal Internacional, que le condenó a 18 años por tres crímenes de guerra y lesa humanidad, revoca ahora la pena

GUILLERMO ELORRIAGA

La alegría ha regresado a la mansión de Rhode-Saint-Genèse, rodeada por frondosa arboleda, a pesar de hallarse a tan sólo quince kilómetros al sur de Bruselas. El empresario se ha reunido con los suyos diez años después de ser arrestado por orden de la Corte Penal Internacional. Mientras tanto, sus vástagos han accedido a la adolescencia, el precio de su villa se ha duplicado en una de las áreas más caras de Bélgica y la situación social y política sigue empeorando en Congo, el país natal del hasta hace unos días preso.

Pero tal vez nada vaya a ser lo mismo, ni en las cárceles europeas ni en las sabanas africanas, allí donde sufren las decisiones de acomodados señores de la guerra como él. Su inesperada felicidad implica una grave amenaza porque sienta un inquietante precedente para las víctimas de las masivas violaciones de derechos humanos.

La salida de prisión ha sacudido los cimientos de la institución y airado a Fatou Bensouda, la fiscal jefe y azote de antiguos milicianos. Sin duda, parece paradójico que el antiguo vicepresidente, condenado en primera instancia por aquel tribunal a dieciocho años de cárcel en 2016 por tres crímenes de guerra y otros de lesa humanidad, haya sido absuelto por la Sala de Apelaciones. Pero resulta aún más preocupante que el argumento cuestiona la cadena de mando. Si la justicia considera que no es determinante la responsabilidad de un comandante que se halla lejos del escenario del delito, las condenas que ya penan un buen número de caudillos subsaharianos podrían terminar revocadas.

Soborno de testigos

Bemba y su abogado defensor deben hacer frente a otro cargo por soborno de testigos aunque, posiblemente, un veredicto de culpabilidad apenas prolongaría su estancia en prisión, después de haber pasado diez años tras las rejas. Pero su definitiva liberación no sólo implicaría un agravio para miles de afectados, sino que también supone un nuevo factor de inestabilidad para la República Democrática de Congo. En los dos últimos años, a los conflictos enquistados en los Kivus se han sumado otros en Kasai y Tanganica y el desplazamiento de más de cuatro millones de personas.

La cárcel ha podido remansar las ambiciones del reo, que disputó con Kabila la presidencia de la república en 2006, o alentar su afán de revancha. Él es un hombre de acción, miembro de la elite que se benefició de la dictadura de Mobutu, también poseedor de una villa en la sosegada Rhode-Saint-Genèse, aunque tanto el tirano como los Bemba proceden de Gbadolite, en el norte.

La inmensa fortuna de Bemba proviene de una red de intereses que comprende las telecomunicaciones, la distribución de combustible, la agricultura comercial y, probablemente, el crimen a gran escala, incluyendo la extorsión y el tráfico ilícito de diamantes, un flujo apoyado por Uganda, socio político-comercial. A principios de este siglo, los acuerdos de paz lo dotaron de una autoridad excepcional. Convertido en vicepresidente, disputó el Ejecutivo al presidente y fue derrotado.

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