La Rioja

El «milagro» de la colonización

El «milagro» de la colonización
  • Israel levanta un asentamiento en territorios palestinos, futura residencia de un centenar de familias evacuadas

Las máquinas remueven la tierra en el corazón del valle de Shilo y el sonido de sus motores y taladros perforando la roca es música celestial para los colonos evacuados por la fuerza de Amona el 1 de febrero. El primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, ha cumplido su palabra y están en marcha las obras de Amichai, el primer asentamiento nuevo que levanta Israel en los territorios palestinos desde hace 25 años y que será el lugar de futura residencia para las 40 familias evacuadas de Amona y otras 60 más, ya que el plan inicial es de 102 viviendas. «Han empezado con retraso, pero ya están en marcha y ahora es importante que nadie pare las obras. Organizaciones como Yesh Din (organización israelí de derechos humanos) lo van a intentar por todos los medios, pero confiamos en que no lo consigan para que en un año, más o menos, podamos estar en Amichai», señala Avihai Boaron, portavoz de los colonos de Amona, elevando el tono de voz entre el repiqueteo de las taladradoras. No han tenido dudas a la hora de bautizar al nuevo asentamiento con un nombre que es la combinación de Amona y haia, que se traduce como «Amona está vivo».

Las familias que residían en Amona, colonia levantada en 1995 en los altos del asentamiento de Ofra, al norte de Ramala, tuvieron que dejar sus casas prefabricadas porque la justicia israelí consideró que estaban en «tierras privadas palestinas». A cambio, las autoridades del estado judío anunciaron la construcción de 3.000 nuevas casas en los territorios ocupados, aprobaron una ley que permitirá legalizar colonias levantadas en tierras privadas para que no vuelva a repetirse un caso así y dio luz verde para levantar el primer asentamiento desde la firma de los Acuerdos de Oslo, Amichai. Estas decisiones han coincidido con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y para el portavoz de la presidencia palestina, Nabil Abu Rdainah, según declaraciones efectuadas a Reuters, «son un claro mensaje a la Administración estadounidense y a los esfuerzos del presidente Trump. Un gran obstáculo para recuperar el proceso de paz».

Entre los vecinos evacuados de Amona solo hay palabras de elogio hacia el nuevo inquilino de la Casa Blanca, «un presidente que se ha dado cuenta de la importancia de contar como aliado con un Israel fuerte y que sabe que esa fortaleza no puede lograrse si se echa a los judíos de Judea y Samaria (nombres bíblicos de Cisjordania). Por eso Trump apoya la construcción de asentamientos, porque fortalece a Israel», piensa Boaron, portavoz de los vecinos de Amona en los ratos libres que le deja la edición de dos revistas religiosas.

Desde el lugar de la obra se ven los 'outposts', primera fase de lo que serán asentamientos con el paso de los años, levantados en las colinas vecinas. En los más de cien asentamientos de Cisjordania y Jerusalén Este, considerados ilegales por Naciones Unidas y un obstáculo para el establecimiento de un futuro estado palestino, viven casi 600.000 colonos. Es un grupo heterogéneo en el que el núcleo más duro lo forman los colonos ideológicos como los que residían en Amona para quienes «la gran historia detrás de todo esto es que, pese a las organizaciones israelíes de izquierdas, a la Unión Europea o a los países árabes, el pueblo judío regresa a su tierra después de 3.500 años. Es un milagro que estemos donde estaban nuestros antepasados, que conservemos su lengua. y hemos regresado para quedarnos porque tenemos una misión, convertir este desierto en un jardín», afirma con rotundidad Hillel Vidal, otro vecino expulsado de Amona, que observa la marcha de las obras emocionado. «Israel podía haber expandido otros asentamientos, pero la decisión de levantar uno nuevo es la respuesta sionista a la destrucción de Amona», opina Vidal. Ante este grupo poco importan los argumentos de la justicia de Israel, de Naciones Unidas o de las organizaciones de derechos humanos, ellos hablan de una «misión» que es el retorno de los judíos a la que consideran su tierra y no hay debate posible.

«Refugiados» en Ofra

La mayoría de los evacuados de Amona reside de forma temporal en el vecino asentamiento de Ofra, en un edificio de dormitorios para estudiantes donde «las condiciones de vida son muy duras, somos auténticos refugiados, pero es nuestro destino. La historia del pueblo judío está marcada por la tragedia y nosotros ya formamos parte de ella por lo sufrido en Amona», explica Elad Ziv, padre de siete hijos, seis de ellos nacidos en Amona, mientras abre la puerta de una de las dos habitaciones que le corresponde, cada una con dos literas. Cuentan los días para mudarse a Amichai y maldicen a Yesh Din y a los partidos de la izquierda israelí porque «ellos tienen la culpa de todo, son los que han removido los papeles y asesorado a los palestinos para hacernos daño. Son unos traidores», opina Ziv, quien quiere añadir que «los palestinos lo único que han aportado a la humanidad es el terrorismo, mientras que los judíos somos un pueblo culto, con grandes eminencias en todos los campos. Queremos hacer las cosas bien, respetar a nuestros vecinos, pero aquí vivían nuestros ancestros y tenemos derecho a volver. Nos quieren expulsar en nombre de los derechos humanos y otras excusas, pero esto nos pertenece». Entre los afectados no olvidan que los colonos evacuados de Gaza en 2005 tuvieron que esperar diez años para ser realojados.

Mientras las máquinas trabajen, más cerca estará el día de abandonar los dormitorios y volver a tener a una casa. Una parte de los israelíes no oculta su malestar con la construcción de Amichai y la expansión de los asentamientos por el elevado coste que supone mantener estas colonias para las arcas públicas y el desgaste de la imagen del país a nivel internacional. «El Gobierno pagará la infraestructura, como la paga en cualquier pueblo de Israel y después nosotros pagaremos las casas con nuestros ahorros, aunque, lógicamente, esperamos recibir una compensación económica porque perdimos las casas en Amona», señala Boaron, que habla en nombre del resto de familias y recuerda que «la izquierda en Israel es minoritaria y ahora somos mayoría quienes apoyamos la construcción en Judea y Samaria. Nadie nos va a parar».

600.000 colonos viven en los más de cien asentamientos en Cisjordania y Jerusalén Este, considerados ilegales por Naciones Unidas

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate