La Rioja
Merkel, en la rueda de prensa con Trump de marzo pasado en la Casa Blanca. :: jonathan ernst / reuters
Merkel, en la rueda de prensa con Trump de marzo pasado en la Casa Blanca. :: jonathan ernst / reuters

Merkel se la juega en Hamburgo

  • La cumbre del G-20 de los días 7 y 8 pondrá a prueba la habilidad de la 'líder del mundo libre' para afrontar los retos de Trump, Putin y Erdogan

La fiesta de la cooperación y el entendimiento de los pueblos que la canciller federal alemana, Angela Merkel, pretende celebrar la semana próxima como anfitriona de la cumbre de jefes de Estado y gobierno del G-20 en Hamburgo se presenta llena de riesgos y amenaza con acabar en fracaso. No sólo por la disposición de los movimientos de protesta a sabotear con todos los medios a su alcance la reunión destinada a consensuar políticas económicas y comerciales a nivel mundial, sino por la actitud de varios destacados asistentes con inciertas intenciones que podrían dar al traste con las que Merkel ya ha calificado de antemano como «difíciles y complicadas negociaciones».

La política aislacionista y proteccionista del presidente estadounidense, Donald Trump; los esfuerzos del su colega ruso, Vladímir Putin, por dividir a Occidente y el empeño del máximo mandatario turco, Recep Tayyip Erdogan, en agravar aún más las castigadas relaciones entre Berlín y Ankara suponen retos de enormes dimensiones para la que muchos consideran ahora la 'líder del mundo libre', un título reservado al inquilino de la Casa Blanca hasta la llegada de Trump. Tres 'machotes' que pondrán a prueba la capacidad de Merkel para gestionar, negociar, mediar, convencer y llevar a buen término la complicada cita.

No faltan antecedentes preocupantes. La cumbre del G-7 en la localidad italiana de Taormina a finales de mayo acabó como una reunión de seis contra uno después de que Trump confirmara que su país había decidido abandonar el Acuerdo de París contra las consecuencias del cambio climático. Y las promesas que hizo en Sicilia de que Estados Unidos se sumaría a la lucha contra el proteccionismo y las prácticas comerciales incorrectas han quedado en papel mojado. Desde entonces no han hecho sino crecer las diferencias entre Washington y Europa, así como el resto de los países del G-20.

Entre otras medidas, EE UU estudia introducir tasas aduaneras para primar sus productos frente a los extranjeros, pretende dictar nuevas sanciones contra Irán pese al acuerdo alcanzado para detener el programa nuclear persa y exige que Europa compre más gas norteamericano en vez del de procedencia rusa. Las acusaciones de competencia desleal que Trump reparte a diestro y siniestro se han extendido recientemente al acero chino y los anfitriones alemanes temen que el presidente estadounidense aproveche el foro de Hamburgo para exigir medidas que el resto de los más de 30 países e instituciones invitados no desean.

Alemania quiere evitar que la reunión que se celebra los días 7 y 8 en la ciudad portuaria se convierta en un 'todos contra Trump' o '19 contra 1' ante las diferencias, no sólo comerciales, sino medioambientales, financieras y en materia de inmigración y refugiados. De hecho, la canciller ha preparado por si acaso la cita a conciencia y cuenta con poderosos aliados. Desde el presidente de chino, Xi Jinping, y el primer ministro indio, Narendra Modi, con quienes ha celebrado recientemente sendas reuniones preparatorias de la cumbre, a los miembros europeos del G-20, con los que se reunió esta semana en Berlín y de los que partió un mensaje de cerrada unidad.

Esperanza a medio plazo

Cuenta con el apoyo de Francia, Reino Unido, Italia o España para tratar de buscar en Hamburgo el consenso de los 20 mayores países industrializados y emergentes del planeta en materia de protección medioambiental, libre comercio y ayuda al desarrollo. Durante la reunión en la Cancillería federal, el nuevo presidente francés, Emmanuel Macron, secundó a la canciller en sus esfuerzos mediadores ante el impredecible Trump y subrayó que «no se logra nada aislando a un país», para comentar seguidamente que «es necesario dejar abiertas posibilidades para que pueda reaccionar a medio plazo».

Los esfuerzos de la jefa del Gobierno alemán para conseguir éxitos en Hamburgo quedaron igualmente patentes a principios de mayo, cuando se desplazó a Sochi para preparar la cumbre del G-20, después de dos años sin visitar Rusia como consecuencia del conflicto de Ucrania. «La política internacional significa buscar una y otra vez el diálogo», comentó entonces Merkel sobre su decisión de visitar al presidente ruso, consciente de que las relaciones alemanas y europeas con Moscú no se encuentran en su mejor momento.

No menos imprevisible que Trump o Putin resulta el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan. Las relaciones turco-germanas se encuentran en crisis desde que el Bundestag aprobó el pasado año una resolución que condenó el genocidio armenio por el Imperio Otomano hace cien años y por las consecuencias del fallido golpe de Estado contra Erdogan del que pronto se cumplirá un año, con decenas de miles de detenciones, entre ellas las de dos periodistas alemanes como sospechosos de terrorismo cuya liberación exige Berlín.

Alemania retiró, entretanto, a su contingente aéreo destinado en la base turca de Incirlik, con el que colaboraba en la lucha contra el Estado Islámico en Siria e Irak, por la negativa de Ankara a permitir a diputados alemanes visitar a sus soldados. El incómodo estadista, que ha llegado a calificar públicamente de «nazi» la política de Berlín, solicitó esta semana celebrar en el marco de la cumbre del G-20 un acto multitudinario con sus compatriotas residentes en este país.

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