La Rioja

May desata la ira popular con su inercia sobre la tragedia de Grenfell

Varios vecinos intentan acceder a las oficinas municipales de Kensington. :: Toby Melville / reuters
Varios vecinos intentan acceder a las oficinas municipales de Kensington. :: Toby Melville / reuters
  • Decenas de personas invaden el Ayuntamiento del distrito en protesta por la falta de seguridad del edificio y la reacción de las autoridades

Unos doscientos manifestantes se congregaron hacia las tres de la tarde de ayer ante el Ayuntamiento del distrito londinense de Kensington y Chelsea. Habían sido convocados por la Red Radical de Vivienda (RHN), formada por grupos de activistas vecinales, incluyendo al que en el pasado denunció los riesgos de seguridad en la torre Grenfell y advertido de que un día podría ocurrir un incendio catastrófico.

El organizador de la protesta, Mustafá Mansour, que se describió como amigo y familiar de residentes en la torre, presentó una lista de demandas para que fueran respondidas por el Ayuntamiento. El responsable de comunicación le entregó las respuestas. La autoridad municipal se compromete a alojar en viviendas locales, en la medida de lo posible, a los que las han perdido. Confirmó que se han destinado fondos para los afectados. Y no pudo confirmar el número de víctimas mortales.

Los manifestantes corearon su ira: «Queremos justicia», «Vuestra vergüenza», «No confíes en los medios». Entre los congregados había mujeres con tocados musulmanes, hombres africanos y caribeños, variedad de colores y orígenes. La respuesta del Ayuntamiento no gustó. Algunos manifestantes intentaron derribar una puerta acristalada. Se abrió sola otra, automática. Entraron en el edificio unos cincuenta manifestantes. La Policía les impidió el acceso a plantas superiores. Hubo algún encontronazo.

La jornada había comenzado con la reina Isabel II y el príncipe Guillermo, cuya residencia, en el palacio de Kensington, forma parte del mismo distrito municipal que la torre incendiada, visitando el barrio, hablando con familias de vecinos y con voluntarios. Un hombre pidió a la reina, cuando subía a su coche, que se acercara a hablar con él. Guillermo le invitó con un gesto a desistir y prometió volver.

Luego llegó Theresa May, objeto de críticas por hablar la víspera solo con policías, bomberos y paramédicos. Esta vez se entrevistó con los acogidos en la iglesia de San Clemente, la más proxima a la torre. Anunció que el Gobierno dará unos 6 millones de euros a las familias afectadas, que se les encontrarán nuevas casas en tres semanas, y que se les costearán representantes legales en la investigación pública.

Algunos vecinos increparon a May. En los medios se le reprochaba falta de empatía humana. Pero, como ocurre con el Ayuntamiento, que ha dejado que la solidaridad de donantes de ropas o alimentos se desperdigue con desorden, sin que nadie parezca coordinar el esfuerzo de voluntarios desbordados, más certera que la crítica por indiferencia ante la tragedia sería quizás la acusación de mal gobierno.

Vacío

Los datos que se van conociendo plantean cuestiones graves y justificadas sobre cómo se puede permitir que en viviendas sociales de uno de los municipios más ricos de Reino Unido, gestionadas por compañías privadas que dependen de los ingresos públicos, se instale como revestimiento de la torre el más barato y más inflamable. Se ahorró en el material unos 5.750 euros.

Los ayuntamientos de Leeds o Sheffield, entre otros, han iniciado la revisión de la prevención de incendios en sus torres de viviendas. Instalaron revestimientos no inflamables, con cortafuegos, u otros que no ofrecen los mismos riesgos que en Grenfell. Fabricantes de sistemas de irrigación estiman en 225.000 euros el coste de instalación en la torre incendiada. Se calcula que hay 4.000 torres en Reino Unido..

El líder del Ayuntamiento de Kensington y Chelsea, Nick Paget-Brown, afirmó ayer que los vecinos de la torre no querían el trastorno de instalar irrigadores y que su prioridad era la renovación de calderas y del sistema de agua caliente. A los efectos del vacío gubernamental se añade la angustia por la identificación de las víctimas. Se extendieron ayer especulaciones falsas sobre una orden a los medios para ocultar el número real de muertos. La Policía cree que serán en torno a 70. Pero la lentitud en la identificación de cadáveres alienta la rabia ya existente.

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