La Rioja

El fiscal especial pone la mira en Trump

Trump, escoltado por su hija Ivanka, interviene en la sala Roosevelt. ::  NICHOLAS KAMM / afp
Trump, escoltado por su hija Ivanka, interviene en la sala Roosevelt. :: NICHOLAS KAMM / afp
  • La investigación de Mueller alcanza al presidente e incluye en sus pesquisas la posible obstrucción en el caso abierto por la trama rusa

Es oficial, Donald Trump está siendo investigado por obstrucción a la justicia. Lo confirma 'The Washington Post' y el hecho de que la oficina del fiscal especial Robert Mueller haya requerido esta semana los testimonios de varios altos cargos de inteligencia a los que, según otras filtraciones, el presidente estadounidense pidió que intervinieran para frenar las pesquisas del FBI sobre la trama rusa.

Tres veces había preguntado el mandatario al director de la Oficina Federal James Comey si él personalmente se encontraba bajo investigación, algo que este negó para conjurar los fantasmas de J. Edgard Hoover. Acostumbrado a hacer y deshacer a su antojo, Trump no se quedó tranquilo y fue demasiado lejos al despedirlo para librarse de su acecho, sin calcular que en ese momento violaba la ley y se ponía en el punto de mira de la investigación de la que pretendía librarse.

«Se inventan una falsa colusión con la historia rusa, encuentran cero pruebas y ahora van a por obstrucción a la justicia en la historia falsa», se quejó ayer a sus seguidores en Twitter. «Estáis viendo la mayor caza de brujas de la historia política de EE UU, dirigida por gente muy mala y conflictiva», añadió.

Una patada a la historia del macartismo, panacea de las cazas de brujas en la política norteamericana, pero también a la memoria reciente. Trump es el principal testigo de la Fiscalía en el caso contra sí mismo por obstrucción de justicia. Mientras la Casa Blanca se esforzó en buscar coartadas para su injustificada decisión de despedir al director del FBI, él se ventiló al día siguiente ante las cámaras admitiendo que lo había hecho por «la cosa rusa», que considera «una historia inventada, una excusa de los demócratas por haber perdido unas elecciones que debían haber ganado».

Con esa confesión clave y muchas otras informaciones que han salido a la luz desde entonces, a través de la prensa y las audiencias del Senado, Jill Wine-Banks, la única mujer que formó parte de la investigación del 'Watergate', dijo ayer a CNN no estar nada sorprendida de que el fiscal especial esté investigándole. Es más, «sus ayudantes deberían empezar a protegerse, porque con Nixon toda la cúpula de gobierno enfrentó también acusaciones de obstrucción a la justicia y perjurio».

Sessions, en la picota

El propio fiscal general Jeff Sessions, que esta semana aparentó sufrir lagunas mentales a la hora de recordar detalles, estaría en la picota. Otros altos cargos a los que recurrió Trump para frenar la investigación del FBI se han negado también a compartir con el Comité de Inteligencia del Senado sus conversaciones con el presidente. Ahora tendrán que dar la cara a Mueller. Se trata de Dan Coats, director de la Inteligencia Nacional; del almirante Michael Rogers, director de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA); y del ex director adjunto de esta institución, Richard Ledgett. Coats recurrió a la confidencialidad de sus conversaciones con el presidente.

Mueller necesitará esos testimonios para demostrar que la intención del presidente fue realmente la de obstruir la justicia cuando dijo a Comey «espero que puedas dejarlo correr». El nivel de pruebas que se requiere para presentar un caso contra el presidente «es mucho mayor que para un ciudadano común, aunque sea injusto», admitió la abogada del 'Watergate'.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate