La Rioja

Un peligro latente por la pasividad del Gobierno

  • La tragedia de Grenfell pone de relieve el descuido oficial en el cumplimiento de la normativa contra el fuego en los inmuebles

El mercado de Borough, donde tres fundamentalistas asesinaron a ocho personas, entre ellas al español Ignacio Echeverría, abrió ayer sus puertas, diez días después del atentado. Pero el espíritu de recuperación de la capital británica, que ha sufrido en los últimos meses dos masacres islamistas y el desorden político causado por el 'Brexit', ya se había quebrado de madrugada.

El incendio de Grenfell Tower desvela un contraste infeliz entre las promesas esplendorosas de la quinta economía del mundo y problemas incrustados en infraestructuras básicas de la capital y del conjunto de Reino Unido. Unas 4.000 torres construidas en el siglo XX carecen de sistemas adecuados de prevención de incendios, según el conservador sir David Amess.

El último incendio significativo en una torre en Londres ocurrió en 2009, en el barrio de Camberwell, en el sur de la capital, y se saldó con seis muertes por la rápida extensión del fuego. El juez que lo investigó recomendó en 2013 que se instalasen irrigadores en las viejas torres. Amess, miembro de un grupo de parlamentarios dedicados a la seguridad contra incendios, pidió al Gobierno, en 2014, que implementase esa recomendación del juez, que se exige para construcciones nuevas.

Pero no ocurrió nada. El apartado de las regulaciones oficiales sobre construcción relativo a incendios no se ha revisado en once años. Y el secretario de Estado que respondió a Amess, su colega 'tory' Brandon Lewis, le dijo que los fabricantes de sistemas de irrigación contra incendios «deben ser más eficaces en sus estrategias de venta y lograr que se instalen de modo más generalizado».

Lewis prometió una revisión del apartado sobre prevención de incendios, pero nunca la presentó. Había oposición de diputados conservadores que son rentistas de viviendas alquiladas. Lewis ha sido rescatado por la primera ministra tras perder su escaño en las elecciones de hace una semana. Ha sustituido a los jefes de Gabinete de Theresa May que tuvieron que dimitir tras la debacle en las urnas.

Tras los atentados en Manchester y Londres, ambos durante la campaña, la crítica a rivales por oponerse al endurecimiento de leyes se tornó en reproches a May por los recortes en las fuerzas de seguridad cuando era como ministra de Interior. En el caso del incendio, de nuevo la líder británica es vulnerable por la pasividad de su Gobierno y de su colaborador más íntimo.

El Ayuntamiento de Kensington y Chelsea, liderado por los conservadores, incluye algunos de los distritos más ricos del país. Está flanqueado en el norte, y menos en el oeste, por algunos barrios populares, como el que acoge la torre de Grenfell. Como es práctica habitual, la autoridad municipal contrata la administración de sus viviendas públicas a empresas privadas, aunque con presencia de concejales en su consejo. La administración de la torre corría a cargo de la Organización para la Gestión de Arrendados de Kensington y Chelsea (KCTMO), una asociación de vecinos que compraron sus viviendas municipales y que ha expandido su papel. Pagó diez millones de euros a una constructora para remodelar la torre en 2016. Lo más visible era un revestimiento en plástico y espuma que habría contribuido a la propagación del fuego. Pero no se instalaron irrigadores.

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