La Rioja

«Había gente que lanzaba a sus hijos y nos pedía que los salváramos»

Los testigos y las víctimas del incendio de la torre Grenfell se esforzaban ayer en encontrar alguna lógica al suceso: en cuestión de minutos, el fuego que se había declarado en una vivienda se propagó a una fachada entera del inmueble y poco después lo envolvió por completo, como si fuese una gigantesca tea de veinticuatro plantas. «La velocidad de las llamas fue lo más impactante para todos, lo rápido que pasaron de cero a cien. Antes de la una de la madrugada, ya estaba ardiendo el edificio entero. Vi gente que salía volando de sus balcones y ventanas, gente gritando socorro, un montón de gente que saltaba», relató a la BBC una vecina del barrio, Samira. Un residente de la torre, Methrob, que logró escapar del piso diecisiete, supo resumir en una breve frase ese momento en el que la casa se transformó súbitamente en infierno: «El revestimiento prendió igual que una cerilla», comparó.

Desde las inmediaciones de la torre, decenas de personas contemplaron cómo sus habitantes quedaban cercados por el fuego. Por encima del crepitar de las llamas, salpicado de explosiones y estallidos de cristales, se escuchaban los gritos, sobre todo las voces agudas de los niños: «Oíamos a la gente pedir ayuda, así que mi hermano y yo, con otras personas que viven cerca, corrimos hacia la casa y nos aproximamos cuanto pudimos. Había gente que arrojaba a sus hijos y nos pedía que los salváramos. En quince minutos, la casa entera estaba en llamas y seguía habiendo gente en las ventanas, pidiendo socorro a gritos. Podías ver como el fuego llegaba a sus viviendas y envolvía la última habitación en la que estaban», se horrorizaba una testigo, Tamara, en declaraciones a la cadena pública británica. Varias personas describieron intentos desesperados de sobrevivir o de salvar a un ser querido: la madre que dejó caer a su bebé desde el noveno o el décimo piso -«un señor consiguió cogerlo», aseguró Samira-, el hombre que se arrojó al vacío con un paracaídas fabricado con bolsas, las personas que descolgaban sábanas anudadas para ver si podían llegar hasta el suelo...

«Al principio parecía que el fuego se podría contener. Mirábamos y pensábamos 'alguien lo parará pronto'. Ya había habido incendios en la torre, pero nunca habían evolucionado así. Fue tan rápido como cuando a alguien se le quema el pelo», explicó a 'The Guardian' otra vecina del barrio, Amanda Fernández. Las instrucciones habituales en caso de incendio, que recomiendan a los residentes aguardar en sus domicilios a que lleguen las brigadas de rescate, se convirtieron en esas circunstancias en una condena.

Acorralados por el fuego

Los inquilinos, acorralados, ondeaban prendas de vestir por las ventanas o marcaban su posición con linternas y teléfonos móviles. «Había dos personas atrapadas en lo más alto y hacían señales con sus móviles, pero nadie podía llegar hasta ellas. El fuego siguió avanzando y sus luces dejaron de verse», contó en Sky News otra testigo, Victoria Goldsmith.

Dentro del edificio, reinaba el caos. Al parecer, entre los primeros en dar la voz de alarma hubo varios musulmanes, despiertos todavía a esa hora tras haber roto al anochecer el ayuno del Ramadán. «Si nos hubiésemos quedado en el piso, habríamos muerto -planteaba Michael Paramaseevan, que huyó de la séptima planta con su novia y la hija de ella-. Mi instinto me dijo que sacara de allí a las chicas. Envolví a la pequeña, por el humo, y nos fuimos». Como él, muchos otros decidieron ignorar el protocolo de incendio y aventurarse escaleras abajo, pese al humo que dificultaba respirar e impedía la visión. «Mientras bajaba, había bomberos, bomberos increíbles que estaban yendo hacia arriba, tratando de sacar a tanta gente como fuera posible», elogiaba Paul Munakr, también del séptimo.

«La única opción que teníamos eran las escaleras, que estaban llenas de humo, oscuras, daban miedo. Había ancianos, niños, discapacitados, gente de todo tipo. Es increíble que hayamos sobrevivido: ¡se han quedado tantas personas dentro! Teníamos parientes y amigos que nos llamaban y nos decían 'seguimos atrapados, decidles a los bomberos que estamos todavía aquí'», se estremecía Mahad Egal, un vecino del cuarto que rompió a llorar ante las cámaras de la BBC. «Hemos visto tanto... -se disculpó-. Había gente saltando, un hombre lanzó a dos de sus hijos». Otro residente, Eddie Daffarn, que llevaba más de dos décadas viviendo en el piso dieciséis, se envolvió la cabeza en una toalla mojada y echó a correr, pero no tardó en extraviarse en medio de la humareda: «No veía nada, me estaba ahogando, era un momento de vida o muerte para mí», dijo a 'The Evening Standard'. Por fortuna, un bombero se topó con él. Entre las historias recogidas por la prensa británica, se incluye la de una mujer que escapó por las escaleras con sus seis hijos, pero perdió a dos de los niños en el angustioso recorrido hasta el portal.

Los bomberos, exhaustos tras combatir las llamas durante doce horas, también se esforzaban en entender qué había ocurrido para que el fuego se desbocase de una manera tan poco habitual. «Es como una zona de guerra, como aquellas imágenes del 11-S», describía uno al 'Daily Mail'. «Nunca había visto un incendio así -admitía otro en conversación con el 'Guardian'- y espero no volver a verlo. Sería muy mala suerte ver algo así dos veces. Ha sido irreal».

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