La Rioja

Putin mantiene a raya a su rival

La policía se emplea con contundencia contra los manifestantes en Moscú. :: Yuri Kochetkov / efe
La policía se emplea con contundencia contra los manifestantes en Moscú. :: Yuri Kochetkov / efe
  • El opositor Navalni es detenido cuando salía de casa para participar en un acto contra la corrupción en Moscú que él mismo había convocado

El presidente de Rusia,Vladímir Putin, que según todos los indicios presentará su candidatura a la reelección en los comicios de marzo de 2018, no deja ni respirar a sus adversarios políticos. Parece obsesionado con la idea de que el bloguero anticorrupción de 41 años, Alexéi Navalni, pueda arrebatarle, no ya el poder, sino la simpatía de la población.

La manifestación que Navalni convocó para ayer en Moscú contra la corrupción del Gobierno ruso fue desbaratada minuciosamente incluso antes de que comenzara. Hubo cientos de detenidos y una desproporcionada actuación de los antidisturbios, pese a que fue pacífica. El líder opositor fue arrestado en el portal de su vivienda, cuando salía para unirse a los manifestantes, según aseguró su esposa, Julia, a través de Twitter. En San Petersburgo y en otras ciudades del país también hubo manifestaciones y numerosas personas arrestadas.

Tras el éxito de convocatoria obtenido en la manifestación 'anticorrupción' del pasado 26 de marzo, cuando Navalni logró sacar a la calle a más de 15.000 personas, el popular bloguero llamó nuevamente a sus partidarios a protestar este lunes, festividad del Día de Rusia.

En las últimas semanas y a medida que se acercaba el 12 de junio, parecía cada vez mayor el número de personas que a través de distintas organizaciones ciudadanas, expresaban el deseo de participar en las protestas. El acto se convocó en más de 200 ciudades rusas. Así que, ante el miedo de que las protestas pudieran llegar a ser masivas, las autoridades recurrieron a las habituales prácticas intimidatorias. Puesto que el 26 de marzo hubo muchos adolescentes en la protesta, los legisladores se planteran ya la posibilidad de prohibir a los menores acudir a manifestaciones. En muchos centros de enseñanza se obliga a los alumnos a comprometerse por escrito a no unirse a las protestas.

La semana pasada, el Ayuntamiento moscovita anunció que se han colocado unas nuevas cámaras en el centro de la ciudad capaces de identificar a las personas filmadas, algo que la oposición tachó de «farol». La última andanada disuasoria fue lanzada el sábado por el Ministerio del Interior, que alertó de supuestas informaciones sobre «provocaciones» durante las manifestaciones que, en caso de producirse, tendrían «una contundente respuesta de parte de las fuerzas del orden». Y eso que la manifestación convocada para ayer en Moscú estaba autorizada dentro de un trazado concreto, exactamente la avenida del Académico Sájarov, relativamente céntrica, pero no en pleno meollo de la ciudad.

En mitad de este crispado ambiente, el bloguero anticorrupción denunció presiones de las autoridades a las compañías que ofrecen servicios de montaje de escenarios y megafonía para eventos. Al no poder garantizar todo lo necesario para celebrar el mitin, Navalni convocó el domingo a sus seguidores a manifestarse, no en la avenida Sájarov, sino en la céntrica calle Tverskaya, que es en donde se solicitó el acto desde el principio. La Policía advirtió de inmediato que, al no ajustarse al itinerario autorizado, la manifestación sería reprimida sin contemplaciones. Y así ocurrió.

«¡Vergonzoso!»

Según este corresponsal pudo constatar in situ, los agentes intervinieron con porras contra quienes no contravinieron ninguna norma. También practicando detenciones arbitrarias. Entonces sí, ante la injustificada actuación policial, la gente empezó a gritar «¡vergonzoso, vergonzoso!» y ¡Rusia sin Putin, Rusia sin Putin, Putin ladrón!». La represión se recrudeció, aunque había muy pocas pancartas y escasa disposición de los concentrados a enfrentarse con los policías. Pero, incluso sin ofrecer resistencia y según la emisora Eco de Moscú, se practicaron en Moscú y en San Petersburgo centenares de detenciones, que podrían rozar el millar.

A Navalni se le acusa ahora de dos faltas administrativas, «desoír las instrucciones de la Policía» e «infringir la normativa sobre celebración de actos públicos». Podría ser condenado a otros 15 días de prisión menor, como ya le sucedió tras la protesta del 26 de marzo.

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