La Rioja

«Yo os metí en este lío y yo os sacaré»

El titular de Exteriores, Boris Johnson, escucha a Theresa May, durante la primera reunión del nuevo Gobierno británico. :: L. N. /  reuters
El titular de Exteriores, Boris Johnson, escucha a Theresa May, durante la primera reunión del nuevo Gobierno británico. :: L. N. / reuters
  • May se disculpa por el revés electoral con los parlamentarios 'tories' y retrasa el Discurso de la Reina hasta lograr el pacto con los unionistas

londres. Cuando un diplomático del Foreign Office escribió la ficha oficial del entonces embajador español, Manuel Fraga, compuso esta frase: «He speaks English with enthusiasm». Si se le explica a un inglés esa anécdota, invariablemente se ríe. Porque entiende que la traducción cultural al español de 'hablar inglés con entusiasmo' es que esa persona habla inglés a voces y que no se le entiende nada.

Entre los eufemismos diplomáticos que se estilan cuando sucede algo que podría enojar a la reina, el más socorrido es «The Queen is not amused». Una traducción podría ser «a la reina no le hace gracia». Es una manera de evitar la imagen inaceptable de una majestad enojada o, ya en las fronteras del republicanismo, concebir que la reina tiene un berrinche.

Theresa May no para de alterar el pulso constante de su graciosa majestad. Convocó elecciones anticipadas el 8 de junio, sin tener en cuenta que coincidían con la primera visita de Estado de los reyes de España, ya aplazada el pasado año por el largo proceso de elecciones e interinidades gubernamentales en Madrid. Más problemas, el Discurso de la Reina caería el 19 de junio.

La celebración oficial del cumpleaños de la reina es dos días antes. Es un espectáculo de desfiles y caballerías que reduce al gran director de películas épicas en el Hollywood de la primera mitad del siglo XX Cecil B. DeMille a la categoría de aficionado. No se puede organizar dos días después otro desfile con más caballería, timbales, la reina en carruaje, con corona imperial y manto de terciopelo rojo con cola de seis metros.

La reina decidió que este año pronunciaría su discurso de apertura del Parlamento, que es simplemente la lectura de un sumario de los proyectos de ley que enviará el Gobierno, vestida de civil y sin corona imperial. Decidió que iría al Palacio de Westminster en coche. A la reina no debió de hacerle gracia tampoco que la prensa especulase con que a sus años, 91, le pesa ya en exceso la corona imperial.

Ayer, el Gobierno pidió el aplazamiento. En uno de los episodios más grotescos de un Reino Unido que no cesa en su intento reciente de asombrar al mundo con sus raros trastornos, se afirmó seriamente en la BBC que el retraso se debe a que el discurso debe ser imprimido en piel de cabra y, como las negociaciones del Gobierno con los unionistas del DUP se alargan, no hay tiempo para su elaboración.

Finalmente, se llegó a algo más parecido a la verdad. Theresa May tiene que culminar el acuerdo con el Partido Unionista Democrático (DUP), debe gestionar el visto bueno de los suyos, y tiene que adaptar su programa legislativo a la situación del país tras las elecciones. Ese proceso de adaptación le va a llevar unos días. El Discurso de la Reina se aplaza a la semana que viene, que es la de las carreras de caballos de Ascot. Berrinche, reina, etcétera.

Pero May está contrita. Por el trastorno que causa en los rituales de Estado, casi con seguridad, pero lo expresó ayer ante quienes más le importan ahora, los parlamentarios conservadores, con los que se reunió después de la catastrófica victoria en las elecciones del jueves. «Yo os metí en este lío y yo os sacaré», les dijo. Quiere seguir hasta que el partido decida convocar nuevas elecciones, en las que no será líder.

Ha formado un Gabinete unitario entre partidarios del 'Out' y del 'In' en el referéndum europeo. Oyó ayer a la triunfante líder escocesa, Ruth Davidson, y a otros miembros del Gabinete 'político' -que se reúne cuando se tratan cuestiones de partido- pedir que las prioridades del 'brexit' sean la economía y el acceso libre al mercado único. Los delegados británicos y de la Unión Europea se reunieron y no han puesto fecha al inicio formal de la negociación.

Definir objetivos

May ha de calibrar el nuevo tono y definir objetivos. En el próximo Parlamento no hay mayoría para un 'brexit' duro. La hay para una negociación amistosa con Bruselas y una relación posterior que se parezca a la que mantienen Suiza o países de la Asociación Europea de Libre Comercio. Las empresas parecen más decididas a que su voz se oiga. Los laboristas ven la posibilidad de ocupar la posición central en el sistema porque algo así defendían.

Los partidos norirlandeses se reunieron en Belfast en torno al ministro James Brokenshire, que insistió en que actuará con imparcialidad. El encuentro fue constructivo, dijeron. Y Nigel Dodds, jefe del grupo parlamentario del DUP en Westminster, retó al Sinn Féin, que denuncia el acuerdo de unionistas y Gobierno británico. Puesto que los republicanos aspiran a estar en el Ejecutivo de Dublín tras las próximas elecciones, ¿sería eso incompatible también con el Acuerdo de Viernes Santo?

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