La Rioja

El mundo aprende a lidiar con Trump

Donald Trump y MIke Pence, en la convención del Partido Republicano del año pasado. :: afp
Donald Trump y MIke Pence, en la convención del Partido Republicano del año pasado. :: afp
  • Discursos cortos, halagos y algún contrato comercial que le permita apuntarse un tanto, reglas de oro para recibir al nuevo presidente

Dormir fuera de casa no figura entre las costumbres de Donald Trump. Durante la campaña era el único candidato que no peregrinaba de hotel en hotel, sino que aterrizaba en su avión privado a la hora del mitin y despegaba al terminar, salvo que tuviera cerca alguna de las propiedades que llevan su nombre. Y mientras sus predecesores tantearon su destreza diplomática a las pocas semanas de ser investidos, Trump empieza hoy su primer viaje al extranjero, cinco meses después de asumir el cargo.

Barack Obama, 19 de febrero de 2009, Canadá. George W. Bush, 16 de febrero de 2001, México. Bill Clinton, 3 de abril de 1993, Canadá. George H. W. Bush, 10 de febrero de 1989, Canadá. La lista continúa en términos similares hasta los anales de la historia. Nunca antes ningún mandatario estadounidense había despechado a sus vecinos para estrenarse con otro país, pero el Gobierno saudí supo cómo tentarle. Una presentación de Power Point describía sucintamente las inversiones de ese país en EE UU, sus datos demográficos más básicos y los tres palacios en los que podría alojarse. La presentación, muy al estilo de las que Trump está acostumbrado a ver con sus negocios inmobiliarios, funcionó.

Ayer, a las 14:20 horas, el Air Force One despegó con destino a Riad, acompañado de su familia y asesores, incluyendo a su hija Ivanka y su yerno Jared Kushner, que habían pedido una venia del rabino para saltarse la ortodoxia del sabbat. En las últimas dos semanas la Casa Blanca había intentado despejar la agenda del presidente para prepararlo ante el reto de reunirse en Arabia Saudí con medio centenar de líderes árabes, caminar de puntillas por el avispero de Israel y Palestina, enfrentarse a los 28 aliados de la OTAN en Bruselas, codearse con una docena de jefes de estado en la cumbre del G7 de Sicilia y terminar con un sermón del papa Francisco en El Vaticano. En total nueve días que, quizás, sólo quizás, dispensen a los estadounidenses del soponcio diario de amanecer con sus tuits.

No hay duda de que los jeques árabes sabrán agasajarlo con el lujo dorado de galas y banquetes que tanto les fascina, a cambio de un magno discurso el domingo de amistad con el mundo musulmán. En estos cinco meses han corrido por las embajadas de Washington los consejos para congraciarse con un presidente que no responde a las etiquetas habituales. Según 'The New York Times', de los 16 encuentros con líderes extranjeros que mantuvo en sus primeros cien días y de las 76 llamadas que había tenido hasta el lunes, la lección mejor aprendida es la de adularle, comparándole al alza con Barack Obama. La segunda, recordar el tamaño de su victoria en el Colegio Electoral. Y la tercera y más importante, ser breve y sucinto.

Apenas el jueves Trump criticó en voz alta al presidente colombiano Juan Manuel Santos por la «larga y diplomática respuesta» que dio a una pregunta. A los líderes extranjeros se le has dicho que un discursos de 15 minutos -el doble con traducción- es demasiado para alguien con 30 segundos de atención.

Todos han aprendido a hacer la vista gorda a cualquier comentario que hiciera en la campaña, a proporcionarle algún acuerdo comercial que le permita apuntarse un tanto y a adular su ego. Por eso, pese a haberle negado un apretón de manos para la foto, Angela Merkel le ha seguido llamando «para pedirle consejo» antes de sus viajes al exterior. Y Arabia Saudí está dispuesta a firmar un contrato de armas por 100.000 millones de dólares y a anunciar la ampliación de su programa de reformas e intercambios culturales.

Israel ha comprobado que si le niega la posibilidad de subir en helicóptero hasta la Fortaleza de Masada, Trump cancela el discurso. Y sus propios asesores, que si deslizan su nombre en cada párrafo logran que siga leyendo la presentación. A ser posible, de una sola página con guiones, mapas y colores. Habrá que hilar fino y apegarse al teleprompter, pero predomina el convencimiento de que le sentará bien cambiar de país para sacudirse la frustración de no poder controlar el ciclo informativo.

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