La Rioja

Trump desaira a Merkel para atacar a Obama

El presidente de EE UU, Donald Trump, recibió a la canciller alemana, Angela Merkel, en la entrada de la Casa Blanca. :: clemens bilan / efe
El presidente de EE UU, Donald Trump, recibió a la canciller alemana, Angela Merkel, en la entrada de la Casa Blanca. :: clemens bilan / efe
  • El presidente no duda en comprometer a la canciller al decir que «tenemos en común teléfonos pinchados por la anterior Administración»

En su primera visita a la Casa Blanca de Donald Trump, Angela Merkel logró que el populista que ha convertido en bandera el nacionalismo de 'America First' (EE UU primero) manifestara su «fuerte apoyo» a la OTAN y al libre comercio, aunque pocos le creyeron, por enfática que fuera su declaración. «No creo en políticas de aislamiento, no soy un aislacionista, no sé qué periódico estará usted leyendo, pero debe de ser de los que publican 'noticias falsas'», contestó irritado al periodista alemán que le preguntó.

Había sonrisas falsas y notable tensión. Por mucho que Merkel se hubiera preparado la visita a conciencia, el lenguaje del cuerpo no miente. Trump se despertó ayer por la mañana con titulares que daban la bienvenida a «la líder del mundo libre», un término que hasta que él llego se reservaba para el inquilino de la Casa Blanca. Salió a recibir a la canciller a la puerta, según la costumbre que ha inaugurado, pero no le cogió la mano como a Theresa May hace unas semanas y hasta se resistió a estrechársela en el Despacho Oval cuando se lo solicitó ella misma para atender los requerimientos de los fotógrafos. Durante la breve conferencia de prensa, él miraba al frente, ella al suelo, ambos incómodos en la cita a ciegas a la que se vieron forzados.

Las preguntas de la prensa tampoco ayudaron. Las dos que se permitieron a la estadounidense versaron sobre la contrarreforma sanitaria. Las de los informadores alemanes irritaron visiblemente al anfitrión, que mantuvo la altanería. Uno de ellos le preguntó por la acusación que lanzó su portavoz la víspera. Según Sean Spicer, Gran Bretaña le hizo el trabajo sucio al Gobierno de Obama interviniendo los teléfonos del entonces candidato republicano durante la campaña electoral. Trump mandó ayer al periodista germano a preguntar a Fox News. «Nosotros no hemos dicho nada, solo hemos citado a una mente legal muy brillante que lo dijo en televisión. Habla con Fox».

Sostener lo indefendible

La acusación figuraba en el airado monólogo del portavoz, que intenta sostener las indefendibles acusaciones lanzadas por su jefe en un tuit mañanero hace dos semanas. «¡Qué bajo cayó el presidente Obama al pinchar mis teléfonos durante el sagrado proceso electoral! Esto es Nixon/Watergate. ¡Mal tipo (o enfermo)!». Un comité bipartidista del Congreso se tomó la molestia de investigar la acusación para concluir que es totalmente infundada. Algunos de sus propios correligionarios republicanos incluso demandaron que pida una disculpa a su antecesor, una conducta que no figura en el vocabulario de Trump. «Muy raramente me arrepiento de un tuit», dijo ayer a pregunta expresa de un periodista alemán.

Según varios medios británicos y estadounidenses, el propio Spicer se habría disculpado ante Londres, que calificó la acusación de «ridícula». Otras fuentes dicen que el portavoz de la Casa Blanca sólo se habría comprometido a no repetir el infundio. Trump aprovechó la oportunidad para comprometer a Merkel en su conspiración con una supuesta broma que dejó a su invitada en una situación completamente desairada. «Cuando se trata de teléfonos pinchados por la anterior Administración, al menos en eso tenemos algo en común», sonrió, volviéndose hacia la canciller, a la que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) llegó a pichar el móvil. Ella no se rió, cedió un gesto de estupor contenido y miró para otro lado. Una cosa es que protestase indignada en privado ante Obama y otra, que Trump la utilice para atacar al expresidente que la consideraba su «mejor amiga» en Europa.

Para lo que importa, Merkel agradeció la ayuda estadounidense del Plan Marshall que convirtió a Alemania en potencia económica y Trump alabó la capacidad alemana para formar a sus trabajadores. Ella se mantuvo firme en reclamar la negociación del acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, «que tampoco es muy popular en Alemania», le recordó, y él insistió en que los países de la OTAN tienen que aumentar su gasto en Defensa para contribuir con un 2% a la Alianza.

«Hemos intentado encarar las áreas en las que estamos en desacuerdo para intentar llegar a un acuerdo», dijo Merkel, sin precisar si había habido progresos, y sin dejar de recordar que en su país se acepta a gente de diferentes orígenes porque «la diversidad es buena». Trump ignoró el detalle, tanto como ella su broma inapropiada, porque «es en interés del mundo que nos llevemos bien, creedme».