La Rioja

Trump entra en guerra con sus espías

Donald Trump ofreció ayer su primera rueda de prensa como presidente de Estados Unidos. :: Carlos Barria / reuters
Donald Trump ofreció ayer su primera rueda de prensa como presidente de Estados Unidos. :: Carlos Barria / reuters
  • Quiere entregar a un amigo multimillonario la supervisión de la Inteligencia y «hacer pagar un precio muy alto» a los filtradores

En la lista negra de enemigos que se elabora en la Casa Blanca figuran en lo más alto y por orden de aparición la prensa, los «supuestos jueces» y ahora «la gentuza» de Inteligencia que vigila sus conversaciones y las filtra a los medios. «Por fin han salido a la luz, los cogeremos», prometió el presidente de Estados Unidos en un tuit. A continuación amenazó a sus agencias de espionaje con una investigación del Departamento de Justicia y luego con una «revisión independiente» que encomendrá a alguien sin experiencia alguna de gobierno que resulta ser su amigo y donante de campaña.

La posibilidad de que el inversor financiero Stephen Feinberg, cuyo 'fondo buitre' Cerberus Capital Management lleva el nombre del perro de tres cabezas que custodia el inframundo, pase a supervisar los servicios de Inteligencia ha puesto de uñas a una comunidad vital para la seguridad nacional. Trump se enfrentó a ella ya desde antes de ser investido, al despreciar sus análisis sobre la injerencia rusa en las elecciones recordando que «ésta es la misma gente que dijo que Sadam Husein tenía armas de destrucción masiva».

Cuando las filtraciones han dado en el blanco de su Gobierno ha comparado a estos «sinvergüenzas» con «la Alemania nazi». Luego les ofreció una de cal y otra de arena al hacer a la CIA su primera visita como presidente. La filtración de sus llamadas telefónicas con el primer ministro australiano al que colgó el teléfono o con el presidente mexicano al que amenazó con mandar las tropas a la frontera le dejaron «lívido», admitió ayer, pese a que esas transcripciones pudieron filtrarse en realidad desde la propia Casa Blanca.

Lo que colmó su paciencia fue que se conocieran las llamadas que hizo su ahora exasesor de Seguridad Nacional Michael Flynn al embajador ruso antes de asumir el cargo, un enorme escándalo que ha provocado su dimisión. Las filtraciones «son crímenes muy serios», advirtió ayer Trump. «Encontraremos» a los responsables «y les haremos pagar un alto precio». Su amigo el multimillonario Feinberg, que se enriqueció con contratos militares en Irak y Afganistán, le ha «ofrecido ayuda» con esa caza de brujas, aunque dijo que «tal vez no la necesitemos». Trump cree que con los nombramientos al frente de la CIA (Mike Pompeo) y el Departamento de Justicia (Jeff Sessions) puede poner orden en la casa. Los expertos advierten de que eso supondrá desviar los esfuerzos de buena parte del personal a estas investigaciones, en un momento en que la Inteligencia estadounidense está ya debilitada.

Según 'The Wall Street Journal' muchos agentes están reteniendo información sensible al no saber con claridad en manos de quién acabará, lo que les hace temer por su propia vida y por sus fuentes. Un portavoz de la Agencia de Inteligencia Nacional negó ayer categóricamente que sus miembros dejen de proporcionar «la mejor Inteligencia posible».

Las tensiones que el presidente considera «bulos» de la «prensa deshonesta» se han extendido también a los aliados que, desde fuera, contemplan con estupor el desorden del nuevo Gobierno americano en el que, según el senador republicano John McCain, «nadie sabe quién está al mando en materia nacional».

Un hombre respetado

El elegido para resolver ese caos es el vicealmirante Robert Harward, con el que Trump habló antes incluso de pedir la dimisión de Flynn. «Eso me ayudó a tomar la decisión», confesó. A diferencia de otros generales que se han ganado la admiración de Trump por su papel de contertulios en la ultraconservadora cadena Fox, Harward goza del respeto generalizado desde que sirvió en el Consejo de Seguridad Nacional de George W. Bush.

Es también amigo del secretario de Defensa, James Mattis, que en su día le encargó diseñar los planes de guerra con Irán, lo que afianza la influencia del jefe del Pentágono apodado 'Perro Loco' y partidario de una intervención más directa en Oriente Próximo.