La Rioja

Merkel declara ante el Bundestag por el espionaje de EE UU a Alemania

La canciller alemana, Angela Merkel, ocupa su asiento. :: reuters
La canciller alemana, Angela Merkel, ocupa su asiento. :: reuters

Como al resto del centenar de testigos que han declarado ante la comisión del Bundestag, el parlamento federal alemán, que investiga el escándalo de escuchas de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) estadounidense en el país europeo, a la canciller Angela Merkel le flaquea la memoria o se encontraba sumida en la más absoluta ignorancia. En su esperado testimonio ayer ante dicha comisión, el monosílabo «no» fue la respuesta más habitual cuando fue preguntada si sabía de esto o aquello.

Al igual que su ministro de la Cancillería y coordinador de los servicios secretos, Peter Altmaier, Merkel dijo que no tuvo conocimiento de que la NSA espiaba a sus amigos alemanes, y que incluso llegó a intervenir uno de sus móviles, hasta la deserción de Edward Snowden, antiguo colaborador de la NSA, en verano de 2013. Y que, sobre todo, lo supo por las informaciones que la prensa revelaba gracias a las filtraciones realizadas a Wikileaks por el propio Snowden. Merkel se citó a si misma cuando repitió que «el espionaje entre amigos no está bien» y recordó que ese comentario lo hizo aquel verano en conversación telefónica a Barack Obama, entonces presidente de EE UU.

Merkel aseguró que no supo hasta marzo de 2015 que los servicios secretos alemanes BND colaboraban estrechamente con la NSA a la hora de recabar información confidencial sobre países aliados europeos. Entonces se «detectaron déficits» en la agencia alemana de Inteligencia, en cuya «eliminación» se trabajó inmediatamente, afirmó la canciller, quien subrayó que su labor no es «sumergirse en las profundidades» técnicas de los programas de espionaje, sino dedicarse a su «misión política». Incluso quitó importancia al hecho de que uno de sus móviles fuera intervenido por la NSA por tratarse de un hecho de importancia menor.

En cuanto al deseado y nunca suscrito «acuerdo de no espionaje» entre Berlín y Washington, la canciller destacó que «no hay duda alguna» de que «por parte alemana se trabajó en ello». Propuesto al parecer por la Inteligencia estadounidense nada más surgir el escándalo para calmar los ánimos en Alemania a escasos meses de las elecciones legislativas en este país, el acuerdo nunca llegó a producirse porque a nivel político fue imposible alcanzar «algo esencial» con el Gobierno de Obama, ha reconocido Merkel ahora.

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