La Rioja

Una crispada Eurocámara alumbra el polémico CETA

Activistas de Greenpeace protestan contra la firma del CETA. :: afp
Activistas de Greenpeace protestan contra la firma del CETA. :: afp
  • El tratado de libre comercio UE-Canadá entrará en vigor en abril aunque ahora debe ser ratificado por cada Estado

El CETA, el tratado de libre comercio entre la UE y Canadá, se ha convertido en un todo o nada, en la madre de todas las batallas contra la globalización. Sus detractores suman derrota tras derrota, pero la guerra continúa. Hay vida. Porque aunque ayer volvieron a sufrir el enésimo revés en el Parlamento europeo, no dan todo por perdido. ¿Se acuerdan de Valonia, de la pequeña región belga que desquició a la UE con su 'no es no'? La historia podría repetirse en los próximos meses ya que 38 parlamentos nacionales y regionales deberán ratificar el CETA. Es su última baza, su anhelo. Pero lo que cuenta es la realidad y ésta, siempre tozuda, dice que el CETA ya es un hecho.

Entrará en vigor de forma provisional al 99% en abril, lo que supondrá un ahorro para los exportadores europeos de hasta 500 millones de anuales, según los cálculos de Bruselas. El acuerdo, además de crear miles de puestos de trabajo, «permitirá aumentar un 20% los intercambios comerciales entre ambos bloques, con un impacto positivo para la UE de 12.000 millones al año». No hubo sorpresa y todo discurrió según lo previsto en la sesión plenaria celebrada en Estrasburgo. Mucho ruido en el exterior. Quejas, protestas... Muchos eurodiputados tuvieron dificultades para llegar al interior, lo que obligó a retrasar el inicio del debate. La votación se celebró a mediodía y el resultado no dejó lugar a dudas: 408 votos a favor, 254 en contra y 33 abstenciones. Los partidos conservadores y liberales lo apoyaron sin fisuras, mientras los socialdemócratas se dividieron en función del país de procedencia -los españoles, por ejemplo, votaron a favor-.

El 'no es no' estuvo protagonizado por los grupos minoritarios de izquierda y por las fuerzas populistas y de extrema derecha, como la de Marine Le Pen. Su argumento, que este tipo de acuerdos sólo benefician a las salvajes multinacionales y ponen en riesgo los estándares europeos de protección social y medioambiental.

Si los antiglobalización ven en el CETA un todo o nada, la UE institucional lo ve como una victoria frente a los postulados de Trump, como recalcó la comisaria de Comercio, Cecilia Malmström: «Enviamos juntos un claro mensaje. Construyendo puentes y no muros, podemos afrontar juntos los retos de nuestras sociedades. En estos tiempos de incertidumbre, marcados por el aumento del proteccionismo en el mundo, el CETA subraya nuestro firme compromiso con el comercio sostenible». Se trata de una interpretación que hoy se reforzará con la visita del primer ministro canadiense a Estrasburgo, donde comparecerá por la mañana para defender un tratado que él mismo firmó el 30 de octubre en Bruselas junto a Juncker y al presidente del Consejo, Donald Tusk.