La Rioja

La Casa Blanca entierra la solución de dos estados

Cálido recibimiento de Donald y Melania Trump a los Netanyahu en la Casa Blanca. :: andrew harrer / efe
Cálido recibimiento de Donald y Melania Trump a los Netanyahu en la Casa Blanca. :: andrew harrer / efe
  • «Yo quiero lo que quieran las dos partes y puedo vivir con cualquiera de las dos opciones», asevera un pragmático Trump

Donald Trump sigue marcando diferencias respecto a anteriores presidentes de Estados Unidos y el conflicto entre israelíes y palestinos no es una excepción. Después de más de dos décadas de trabajo diplomático a favor de una solución de dos estados, uno palestino y otro israelí, como premisa indispensable para garantizar la paz, Trump aprovechó la visita del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, para distanciarse de esta alternativa y aseguró que contempla la posibilidad de «dos estados y de uno. Yo quiero lo que quieran las dos partes y puedo vivir con cualquiera de las opciones».

De esta manera, EE UU acaba con una posición defendida por los últimos tres presidentes, Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama, y Naciones Unidas y apela a «las propias partes» para que negocien «directamente ese acuerdo. Estaremos a su lado. Trabajaremos con ellos. Como en cualquier negociación exitosa, las dos partes deberán hacer concesiones. ¿Lo sabe, verdad?», dijo Trump mirando a Netanyahu, a quien pidió «flexibilidad» y llamó en todo momento 'Bibi'.

El 'premier' israelí, sonriente durante toda la rueda de prensa, dijo que no quiere fijarse tanto en las «etiquetas» sobre una solución de uno o dos estados como en la «sustancia» del proceso de paz, y subrayó que sus condiciones para el mismo «no han cambiado» en los últimos ocho años. Estas condiciones pasan por el «reconocimiento por los palestinos de un Estado judío» y por el «control total de la seguridad en toda la zona al oeste del río Jordán», una medida que considera necesaria para evitar «el florecimiento del islam radical» en esa zona de la región. Netanyahu ve «un momento histórico para lograr la paz ya que por primera vez los países árabes nos ven como aliados», una referencia al eje antiiraní que forma Israel con las monarquías del Golfo y Egipto.

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, advirtió de que «no hay alternativa» a los dos estados, y Hanan Ashrawi, miembro de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), adelantó que «si la Administración Trump rechaza esta política destruiría las opciones para la paz y minaría los intereses, la posición y la credibilidad en el extranjero de EE UU». Pero Trump y Netanyahu tienen su propia agenda.

La solución de dos estados implica la creación de un Estado palestino volviendo a las fronteras de 1967, la Línea Verde que delimita Cisjordania, la Franja de Gaza y Jerusalén Este, que los palestinos reivindican como su capital. Pero 50 años después, Israel ha cruzado esta frontera para levantar más de cien colonias ilegales según la legislación internacional, y extendido su control a todo Jerusalén, que cree su «capital eterna e indivisible».

Los anteriores presidentes estadounidenses defendían los dos estados sobre el papel, pero nunca adoptaron medida alguna de presión para evitar la expansión de unos asentamientos que alejan la posibilidad de un Estado palestino. A la colonización israelí hay que sumar la guerra interna entre los palestinos que separa a Gaza, en manos de Hamás desde su victoria en las elecciones de 2006, y Cisjordania, bajo el control de una debilitada Autoridad Nacional Palestina (ANP).

El nuevo talante de EE UU ante el conflicto entre israelíes y palestinos eclipsó al resto de referencias a la situación regional. Trump y Netanyahu coincidieron en señalar a Irán como la gran amenaza y mostraron su descontento con el pacto nuclear firmado en 2015 por el 5+1 -EE UU, Reino Unido, Rusia, Francia, China y Alemania- con la república islámica. Además de la revisión de este acuerdo y del control del programa balístico, los israelíes quieren que Trump medie ante Rusia para limitar la amenaza del despliegue militar de Irán y Hezbolá en la vecina Siria. Para esta batalla Israel contaba con el exasesor de Seguridad Nacional Michael Flynn, que dio a los iraníes «un primer aviso» por su prueba de un misil, aunque posiblemente su sustituto tengdrá la misma visión.