La Rioja

Evacuadas casi 200.000 personas en California por temor a una riada

  • Los daños observados en un aliviadero de la presa de Oroville, en el norte del Estado, hacen temer un desagüe incontrolado por las lluvias torrenciales

Bien entrada la tarde del domingo la población de los condados de Butte y Yuba, en el interior del norte de California, recibió la orden urgente de evacuar sus hogares. Unas 188.000 personas fueron trasladadas a zonas próximas y realojadas en refugios de todo tipo en la más formidable movilización de los últimos años en ese Estado norteamericano. Llevaba días lloviendo torrencialmente y las autoridades temieron que el desbordamiento de la cercana presa del lago Oroville, la más alta del país con sus 235 metros de altura, causara una catástrofe.

No peligraba la estructura central de la presa, que se encuentra en perfecto estado, pero los ingenieros habían detectado serios daños en el hormigón de un aliviadero lateral, que debía servir para desviar un eventual rebose de aquella. Si esta sección cedía por la fuerza del agua, un torrente descontrolado en cuanto a fuerza y dirección amezaba no solo a las zonas bajas de la localidad de Oroville, de unos 20.000 habitantes, sino a todo un valle poblado por casi 200.000 almas.

La mayoría de ellas pasó la jornada del lunes fuera de sus casas en medio del temor y la incertidumbre. La cuenca de los ríos Feather y Plumas era ayer un desierto y en las carreteras más al sur un cartel frenaba a los automovilistas: «¡No viaje al norte en dirección Oroville!».

Polideportivos, locales religiosos y hasta la base militar de Beale abrieron sus puertas para dar cobijo a la gente. Ayer las autoridades mantenían la orden de evacuación pese a que las precipitaciones habían remitido y la presa ya no desaguaba por el aliviadero dañado. «No estamos aún en condiciones de tomar decisiones para saber si es seguro autorizar el regreso de la población a la zona», explicó el sheriff del condado de Butte, Kory Honea.

«Ya hemos pasado por esto antes. Tenemos dos niños y un perro. En cuanto la policía nos dio la orden, metimos en el coche todo lo que pudimos», declara Kaysi Levias, residente en Oroville. «Estoy sorprendido y enfadado», dice Greg, el marido de Kaysi. Algo parecido pueden contar los vecinos de los siete pueblos evacuados. ¿Hasta cuando? «Una vez que una estructura está dañada, como en este caso, la situación se vuelve potencialmente catastrófica», declaró el director del Departamento de Recursos Hídricos de California, Bill Croyle, que afirmó que el estado de la presa sigue siendo impredecible. «Ordenar las evacuaciones fue una decisión sensata», sentenció. Los técnicos trabajaban ayer contrarreloj -se acercan más lluvias- para reparar la esclusa de emergencia utilizando sacos de piedras para taponar la fuga.