La Rioja

Una cara victoria contra la ocupación

Una mujer israelí alza los brazos sobre los restos de su vivienda durante la demolición del asentamiento ilegal de Amona. :: Abir Sultan / efe
Una mujer israelí alza los brazos sobre los restos de su vivienda durante la demolición del asentamiento ilegal de Amona. :: Abir Sultan / efe
  • Israel blinda a las colonias alzadas en tierra privada palestina con una ley que evita casos como el del asentamiento de Amona, que tuvo que derribar

Abdel Rahman Saleh para su coche en un arcén de la carretera que une Silwad con la Ruta 60, vía principal entre Ramala y Nablus. Salta el quitamiedos y camina a saltos entre las piedras, vuela hacia una colina que se eleva no muy lejos, pero no recorre mucha distancia antes de detenerse. Es una frontera no marcada, sabe que no debe cruzar por su propia seguridad. No muy lejos una patrulla de soldados israelíes vigila la zona. Abdel Rahman señala hacia la colina donde estaba el asentamiento de Amona, que la justicia israelí obligó evacuar a comienzos de mes porque se levantaba en tierras privadas palestinas. De allí bajan ahora camiones que trabajan en el desmantelamiento de un lugar ocupado por unas cuarenta familias judías desde 1995. Antes de que ellas llegaran y de que el Ejército impusiera un perímetro de seguridad para protegerles, los vecinos de Silwad tenían allí higueras y vides. Los vehículos pesados se pierden de vista entre las viviendas unifamiliares de Ofra, otra colonia vecina fundada en 1975 en la que residen 3.000 israelíes y que Abdel Rahman también planea llevar ante la justicia.

Todo el terreno ocupado por Amona y Ofra pertenecía a familias de Silwad hasta la llegada de los primeros colonos y Abdel Rahman es el alcalde y motor de una demanda cuyo resultado considera «histórico, pero solo es el primer paso». «Vamos a reclamar los demás casos de colonias levantadas en tierras privadas, tenemos todos los documentos necesarios, papeles que datan de la época de los turcos y ellos no tienen nada», señala mientras explica que antiguamente en esa superficie a los pies de la colina de Amona donde se levanta Ofra, plantaban trigo. Cuando se conoció la decisión de desmantelar el asentamiento el Gobierno israelí ofreció a los colonos la reubicación en una parte anexa a Ofra, pero la rapidez en la respuesta de Abdel Rahman y sus abogados lo evitó ya que esas tierras también son propiedad privada.

La victoria, de momento, es parcial porque no está nada claro que los palestinos vayan a volver a trabajar en la tierra que ocupaba Amona. También porque el Parlamento israelí ha aprobado esta misma semana la 'Ley de Regulación', que permitirá al Estado por primera vez quedarse con tierras privadas palestinas de Cisjordania a cambio de una compensación económica. Esta ley busca evitar nuevos casos como el de Amona porque los palestinos, con ayuda de organizaciones derechos humanos israelíes como Yesh Din, tienen otros pleitos abiertos ante la justicia.

«No importa las leyes que aprueben porque la base de esta ocupación es ilegal. Seguiremos luchando con todas nuestras fuerzas porque esta tierra es nuestra, ¿qué podemos hacer?, ¿cruzarnos de brazos?», se pregunta el alcalde, que forma parte además del centenar de demandantes de Silwad ya que posee 15 dunam (hectárea y media) a los que espera acceder cuando termine el desmantelamiento de un asentamiento que, a distancia, sigue día a día.

El Ayuntamiento de esta localidad de unos 10.000 habitantes es un hervidero. Hay una importante colonia de vecinos que residen en EE UU y que regresan tras la decisión de la Justicia israelí «con la esperanza de pisar de nuevo la tierra que nos dejaron nuestros abuelos. Es nuestro derecho recuperar lo que es nuestro y debemos seguir haciendo frente a la ocupación por medios pacíficos porque la razón está de nuestro lado», piensa Ahmed, que reside en California y considera «un milagro» lo ocurrido.

Abraza con fuerza al alcalde a las puertas de un despacho que es un mar de carpetas y mapas. Cada demandante tiene una montaña de papeles para demostrar que es propietario de la tierra y Abdel Rahman, después de diez años de proceso, tiene todos los casos registrados en su cabeza y en su oficina. Documentos que datan de la época de la dominación turca y que se enfrentan al derecho divino a la tierra que reivindican los colonos sobre Judea y Samaria, nombres bíblicos de Cisjordania.

La ayuda de Trump

El Derecho Internacional contempla todos los asentamientos como ilegales, pro Israel diferenciaba hasta la aprobación de la Ley de Regulación entre los que gozaban de permiso y los que no, que son los únicos que consideraba ilegales, como Amona. «Desafían a la ONU, a Europa. no escuchan a nadie porque se creen con derecho a todo y al final, solo dan marcha atrás si hay violencia», piensa Mohamed al-Basha, qeu a sus 87 años está entre los demandantes de Silwad y pide ayuda al presidente de EE UU, Donald Trump. «Mis hijos son ciudadanos estadounidenses y son víctimas de este robo de tierras por parte de israelíes», dice.

La victoria legal de los vecinos de Silwad anima a los palestinos a seguir la lucha en los tribunales, pero no pierden de vista las palabras del ministro de Educación y líder del partido ultranacionalista Hogar Judío, Naftali Bennet, quien después del desalojo declaró que «hemos perdido la batalla de Amona, pero estamos ganando la campaña por la tierra de Israel». Una campaña acelerada desde la llegada de Trump a la Casa Blanca, una especie de luz verde para expandir la ocupación, expropiar propiedad privada y plantear abiertamente la anexión de territorios palestinos.

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