La Rioja

La Justicia estadounidense sopesa su verdadero poder frente a Trump

Dos mujeres pasan ante un cartel que denuncia los ataques de EE UU con drones en Yemen.
Dos mujeres pasan ante un cartel que denuncia los ataques de EE UU con drones en Yemen. / K. A. / REUTERS
  • Los tres jueces del tribunal de San Francisco que examinan el veto migratorio se preguntan donde están sus límites para revisar la orden

Tres jueces del tribunal más progresista del país sopesan en estos momentos algo mucho más trascendental que si debe restaurarse el veto a los inmigrantes procedentes de siete países musulmanes. En la palestra están los límites del poder presidencial para proteger las fronteras de Estados Unidos. Si los jueces descubren que legalmente tienen las manos atadas para revisar su orden ejecutiva le estarán dando luz verde para nuevos abusos en los cuatro años de gobierno que tiene por delante.

Con tres semanas en el poder, Donald Trump es como un niño de dos años que pone a prueba hasta dónde le dejan llegar sus padres. Tres jueces del Noveno Tribunal de Apelaciones con base en San Francisco tienen esa decisión en sus manos y, por sus preguntas en la vista oral del martes, no tienen clara sus autoridad. «¿Está usted diciendo que las decisiones del presidente en este tema no se pueden revisar?», preguntó la jueza Michelle Friedland, nombrada por Obama. El fiscal especial del Gobierno, que había sido asignado al caso en el último momento, dudó por un momento. «Sí, señoría».

Y lo peor es que muchos juristas de izquierda y derecha coinciden con August Flentje. Para bien o para mal, Trump ha sido elegido en las urnas como ocupante del cargo más poderoso del país, ese en el que dispone de información privilegiada de las agencias de inteligencia y de todos los cuerpos del Gobierno para tomar decisiones de seguridad nacional. Su fiscal no pudo argumentar ninguna nueva amenaza que justifique su decisión de vetar la entrada a los ciudadanos de siete países de mayoría musulmana, pero el hecho de haber elegido a aquellos que ya había señalado el Congreso y la administración de Obama dan cuerpo a lo que de otro modo resultaría demasiado arbitrario.

A Trump le pierde Trump. Sus declaraciones públicas durante la campaña y en el inacabable torrente de Twitter forman parte de las pruebas que han aportado los Estados de Washington y Minnesota para demostrar que su intención no es proteger a EE UU de los ciudadanos de esos siete países sino discriminarlos por su religión. Su propio consejero Rudy Giuliani declaró a la cadena Fox que el presidente le encomendó encontrar una forma legal para hacerlo. Y es la intención detrás de la letra de la ley la que deben dilucidar los jueces para proteger los derechos constitucionales.

«Nunca estaremos a salvo»

«¿Podría el presidente decir en esa orden ejecutiva que simplemente no se le permitirá la entrada a ningún musulmán?», cuestionó el juez de 85 años William Canby, nombrado por Jimmy Carter. «Esta orden no consiste en eso», protestó el fiscal del Gobierno, reticente a poner límites al poder en materia migratoria de su jefe, que le oía en directo. Hasta el tercer juez nombrado por W. Bush, Richard Clifton, que se había mostrado más proclive a defender la libertad del Ejecutivo, rompió en exasperación. «Conteste la pregunta, queremos saberlo». Flentje no lo hizo, porque nadie sabe hasta dónde llegará Trump si la Justicia no lo frena.

«Si no gano este caso, como obviamente debería, nunca estaremos a salvo ni tendremos la seguridad que nos merecemos», les amenazó el presidente en su cuenta de Twitter. «¡La política!». Lo que es seguro es que nunca antes ninguno de estos venerables jueces se habían encontrado con las amenazas tan públicas de un presidente de EE UU que se atrevía a presionarles mientras tomaban sus decisiones. Como cada día, el pequeño Trump pone a prueba los límites de la democracia estadounidense y se rebela contra aquellos que no le dan la razón.