La Rioja

Un presidente que hace perder dinero

  • Trump atemoriza a los informadores y tiene en vilo a una clase empresarial a la que una mención del magnate le cuesta miles de millones

«Cuando veas las barbas de tu vecino pelar, pon las tuyas a remojar». La prensa estadounidense miró para otro lado en agosto de 2015, cuando Trump mandó callar al periodista de Univisión Jorge Ramos, que intentaba preguntarle por sus propuestas contra los inmigrantes, y ordenó a su seguridad que lo escoltara fuera de la conferencia de prensa. El pasado miércoles, cuando el informador de CNN Jim Acosta sufrió un abuso similar, las asociaciones de prensa de todo el país pusieron el grito en el cielo, pero ya es tarde. Trump será investido presidente dentro de una semana y, al parecer, ya ha pedido la cabeza de Ramos a los ejecutivos de Univisión que se reunieron con él la semana pasada para hacer las paces.

«Señor presidente electo, no siempre le van a gustar o va estar de acuerdo con todo lo que cuentan los medios de comunicación», entonó el New York Press Club en su comunicado oficial de repudio, «pero una parte fundamental de una prensa libre y abierta es aceptar preguntas de una amplia representación de periodistas, incluyendo a aquellos con los que esté en desacuerdo».

Antes incluso de asumir el poder que da la presidencia, el magnate neoyorquino ha demostrado ser un personaje rencoroso y vengativo que lo utiliza para cobrarse lo que considera deslealtades. La clase empresarial y política ha tomado nota de ello y tiembla ante la perspectiva de que perciba como afrenta alguna de sus acciones. Por eso mismo el director de la Inteligencia Nacional, James Clapper, le telefoneó personalmente el miércoles, poco después de que acusara a las agencias de Inteligencia de haber hecho algo propio «de la Alemania nazi». Clapper aseguró al presidente electo que comparte su «profunda consternación» por la filtración de un informe sin verificar que le presenta como un pervertido a sólo unos días de su toma de posesión, e insistió en que no cree que la divulgación haya partido de los organismos de seguridad que coordina.

El informe había sido realizado por un exespía británico para una empresa privada que originalmente había sido contratada por un acaudalado republicano que se oponía a Trump durante las primarias. Cuando el próximo presidente ganó la candidatura, su opositor desistió y fueron los demócratas cercanos a la campaña de Hillary Clinton los que pagaron para que se perseverara en las investigaciones. Casi toda la prensa de pro en Washington tuvo acceso al dossier a lo largo del verano pasado, pero nadie lo publicó al no poder verificar la información, que aún pasó por muchas manos más.

«Irracional y desinformado»

Fue el senador republicano John McCain quien se lo entregó al FBI el mes pasado para que lo investigase. La Inteligencia estadounidense no lo pudo contrastar, pero consideró que la fuente era creíble y adjuntó un resumen -que no ha sido publicado- al informe de Inteligencia que presentó la semana pasada al presidente Obama y a su sucesor. «Parte de nuestra obligación es asegurarnos de que quienes diseñan la política tienen la imagen más completa de lo que puede afectar a la seguridad nacional del país», le explicó Clapper a Trump.

El informe original sostenía que Rusia tiene información comprometedora sobre Trump que puede usar en el futuro para presionarle, algo que tanto Rusia como el magnate inmobiliario niegan y nadie más ha logrado confirmar. Furioso, Trump no esperó a hablar con Clapper del asunto, sino que mostró en la que fue su primera conferencia de prensa en seis meses, el miércoles, el comportamiento «irracional, emocional y desinformado» que le caracteriza, opinó consternado el general Mark Hertling, que ahora trabaja de analista.

En el Gobierno, muchos estamentos están horrorizados por su actitud, particularmente por su decisión de no disolver sus empresas para evitar incurrir en conflictos de intereses, ofrecer una imagen de corrupción o exponerse a presiones indebidas. Su decisión de transferir la dirección de sus negocios a sus dos hijos varones mayores fue calificada por el director de la Oficina Ética de Gobierno, Walter Shaub -que al ser independiente ha servido en los mandatos de Bush y Obama- de «insignificante» y «completamente inadecuada». Shaub cree que «aún queda tiempo para evitarlo», pero el Congreso está más ocupado en comenzar a desmantelar la reforma sanitaria y otras leyes del presidente saliente, tarea que mantuvo a los senadores en sesión hasta la 1.30 de la madrugada de ayer.

La primera conferencia de prensa de Trump tuvo también otra consecuencia probablemente no deseada por él mismo: la de evitar que el índice Dow Jones de la Bolsa de Nueva York cruzara la frontera de los 20.000 puntos. Al asegurar que las farmacéuticas «se están escapando con asesinatos» y anunciar un plan sin detalles sobre cómo les impedirá fijar los precios, las nueve grandes empresas del sector perdieron 24.600 millones de dólares (23.100 millones de euros) en veinte minutos. Trump puede no medir sus palabras, pero todos los demás tendrán que hacerlo en los próximos cuatro años, ocho si se cumplen las expectativas del presidente electo.