La Rioja

El senador Jeff Sessions. :: AFP
El senador Jeff Sessions. :: AFP

El 'brazo legal' de Trump supera la criba

  • El senador ultra promete defender los derechos de los negros y los gays y anuncia mano dura contra la inmigración irregular

  • El control republicano del Senado garantiza que Jeff Sessions será el ministro de Justicia del magnate

Después de más de 50 años de casado, el senador Jeff Sessions dijo ayer no haber tenido nunca desacuerdo alguno con su esposa, para estupefacción de sus colegas que trataban de echarle un cable con la pregunta benigna. Pero tras recordar que estaba bajo juramento, el futuro fiscal general -equivalente a ministro de Justicia- prefirió introducir en su repuesta un «ocasionalmente».

No fue lo único que cambió en la jornada en la que le tocó mostrar su mejor cara ante el Comité Judicial del Senado que tendrá que aprobar su candidatura. Sessions, uno de los senadores más conservadores, cuya nominación apoyan «de manera entusiasta» sus colegas republicanos, es juez y parte de su propio proceso, aunque prometió no tener planes de votar por sí mismo. En el pasado pidió la pena de muerte para quienes sean detenidos dos veces en posesión de marihuana, respaldó la tortura -a la que ahora no encuentra «sustento legal»-, defendió negar la entrada a todos los musulmanes y concluyó que agarrar por los genitales a una mujer sin su consentimiento no constituía una agresión sexual. Ayer no mantuvo ninguna de esas posiciones, decidido a navegar esta prueba con una sonrisa y los menos titulares posibles.

No tuvo inconveniente en admitir que, aunque criticara a su predecesora en la Secretaría de Justicia, Loretta Lynch, por no delegar en un fiscal especial la investigación sobre el uso de un servidor privado de correo por parte de Hillary Clinton cuando era secretaria de Estado, sus censuras se debieron exclusivamente a que «yo soy un político y estábamos en campaña».

Si sus actuaciones recientes resultan tan maleables, para qué hablar de su pasado lejano. Sessions nació en Selma (Alabama) y no estaba sobre el puente a los 19 años, cuando la Policía lo bañó de sangre con los seguidores de Martin Luther King. Entonces era miembro «distinguido» de los Eagle Scouts, estudiaba Derecho, ayudaba a su padre en los negocios y se convertiría con el tiempo en fiscal general del Estado de Alabama.

Hay afroamericanos que aún tiemblan al escuchar su nombre, como Evelyn Turner, a la que intentó meter 240 años de cárcel por fraude electoral cuando ella ayudaba a registrar a votantes negros. El jurado la absolvió después en media hora. Por este y otros casos de tintes racistas en los que testigos declararon que Sessions era admirador del Ku-Klux-Klan «hasta que supo que (sus miembros) fumaban marihuana», el Senado le cerró el paso hace treinta años cuando Reagan le propuso para fiscal federal del distrito sur de Alabama.

Los líderes de derechos civiles creen que nada ha cambiado desde entonces. Algunos de sus compañeros del Congreso, como el senador Cory Booker o los congresistas John Lewis y Cedric Richmond, han tomado la inusual decisión de testificar contra él por considerar que su historial reciente en el Senado ratifica los precedentes de dificultar el derecho al voto.

Apoyo a los policías

«¡No Trump, no KKK, no a un EE UU fascista!», gritaban los manifestantes que durante la jornada interrumpieron varias veces su audiencia. Sessions niega esas acusaciones. Ayer sostuvo que el Klan representa una ideología de odio que personalmente rechaza y prometió defender los derechos de «nuestros hermanos y hermanas afroamericanos», así como los de la comunidad gay, a la que también ha tenido en el punto de mira.

No ocurrirá lo mismo con los inmigrantes irregulares, contra los que sigue prometiendo mano dura. Su principal apoyo será para las fuerzas del orden de todo el país, a cuyos miembros considera bajo ataque de los manifestantes y, sin mencionarlo, del movimiento Black Lives Matter, que protesta contra las muertes de ciudadanos negros a manos de la Policía. Sessions recordó que los asesinatos de agentes aumentaron el año pasado un 10%, por lo que cree que estos cuerpos necesitan del respaldo federal más que nunca.

La senadora demócrata Dianne Feinstein observó que «comunidades de todo el país están muy preocupadas sobre si podrán confiar en el Departamento de Justicia para defender sus derechos». Eso incluye a las mujeres, porque Sessions se ha manifestado también como un acérrimo opositor al aborto.

No hay duda de que será aprobado en el cargo por la mayoría republicana del Senado, como la docena de nominaciones de Donald Trump que se producirán esta semana, en paquetes de hasta seis en un solo día para minimizar su impacto mediático. El general John Kelly, que acompañará a Sessions en la labor de controlar la inmigración irregular como secretario de Seguridad Doméstica, le siguió en las audiencias del Capitolio.