La Rioja

Vértigo electoral en Irlanda del Norte

Martin McGuinness y Arlene Foster, a la salida de una visita conjunta a la sede del Gobierno de Londres en octubre. :: dylan martínez / reuters
Martin McGuinness y Arlene Foster, a la salida de una visita conjunta a la sede del Gobierno de Londres en octubre. :: dylan martínez / reuters
  • McGuinness dimite por la obstrucción de la jefa del Gobierno de Belfast a la investigación de un costoso escándalo de subvenciones

El reproche de arrogancia a la ministra principal de Irlanda del Norte, Arlene Foster, ante la alarma creada por el coste para la Hacienda regional de un programa de subvenciones para calefacción desembocó ayer en la dimisión del viceministro principal, Martin McGuinness, y la casi segura convocatoria de elecciones, que podrían celebrarse a finales de febrero, siete meses después de las últimas.

A la palmaria incompetencia de la ley que diseñó las subvenciones cuando Foster era la consejera responsable en el Ejecutivo norirlandés y al sectarismo agudo entre los dos partidos, el unionista probritánico DUP y el republicano proirlandés Sinn Féin, que forman el Gobierno compartido, se añade a esta nueva crisis política en Belfast la visible aunque no especificada enfermedad del propio McGuinness.

Con voz envejecida y mirada tensa y ocasionalmente perdida en el horizonte, McGuinness compareció en la tarde de ayer en el palacio de Stormont, donde tienen su sede el Gobierno y el Parlamento de Irlanda del Norte. No se le veía en público desde que canceló, el 9 de diciembre, su participación en una visita a China junto a Foster, por lo que se describió entonces como una «alarma médica».

«Durante más de diez años difíciles y exigentes en el papel de viceministro principal...». La carta de dimisión de McGuinness tenía el aroma de despedida, y las declaraciones de su íntimo colega en la dirección del IRA y del Sinn Féin, Gerry Adams, y de otros republicanos añadiendo a su apoyo balances de la trayectoria del dimitido contribuían a hacer pensar que McGuinness no volverá al Gobierno.

La división del 'brexit'

Tras más de una década sosteniendo el Ejecutivo compartido más inconcebible en el inicio del proceso de paz -uno en el que los unionistas son representados por los seguidores del grotesco predicador Ian Paisley y los nacionalistas por el partido del grupo terrorista IRA-, la dimisión de McGuinness crea dudas sobre si las estructuras de gobierno diseñadas en 1998 serán recreadas fácilmente tras las elecciones.

El voto británico favorable al 'brexit' y el mayoritario en Irlanda del Norte en apoyo de la permanencia ahondan la división. El DUP se pronunció por salir de la UE y el Sinn Féin por la continuidad. Llegar a un 'brexit' que no produzca división fronteriza entre el norte y el sur de Irlanda y preserve los flujos económicos entre las dos islas tiene máxima prioridad y plantea cuestiones difíciles, en Belfast, Dublín y Londres.

A ese contexto se añade ahora la deriva del descubrimiento, a principios de 2016, de obligaciones de pagos de unos 700 millones de euros para la Hacienda central y de más de 450 para la de Belfast en subvenciones para fomentar el uso de 'pellets' de biomasa como combustible de calefacción de naves industriales y agrícolas. Se introdujo cuando Arlene Foster era consejera de Industria y Comercio. Una iniciativa similar creada por el Gobierno de Londres puede conceder al beneficiario de las subvenciones hasta 220.000 euros en 20 años. En Belfast podía recibir más de 900.000. No se habían puesto límites cuantitativos a la generación subvencionada. Y se descubrió que algunos afortunados calentaban naves vacías.

Urnas en febrero

El Partido Socialdemócrata y Laborista (SDLP) pidió explicaciones. Sinn Féin se sumó más tarde. A un embrollo general sobre qué tipo de investigación debía abrirse se añadió la petición por McGuinness a Foster para que se apartase del Gobierno durante el proceso. Pero a Foster no le gusta dar su brazo a torcer cuando lo pide gente vinculada a quienes atentaron contra su padre, policía.

El Sinn Féin ha abierto una causa general contra el DUP y no sustituirá a McGuinness en los siete días que marca la ley. Londres tendría que convocar elecciones. Si lo hace inmediatamente, se celebrarían a finales de febrero.