La Rioja

La Inteligencia de EE UU demuestra a Trump que Rusia celebró su triunfo

El presidente electo, Donald Trump, tras una reunión de trabajo en Nueva York. :: TIMOTHY A. CLARY / afp
El presidente electo, Donald Trump, tras una reunión de trabajo en Nueva York. :: TIMOTHY A. CLARY / afp
  • El presidente electo accede al informe de las agencias de espionaje sobre el ciberataque a la campaña demócrata que él ha negado hasta ahora

Donald Trump escuchó ayer, por fin, el análisis clasificado que han hecho las agencias de inteligencia estadounidenses sobre las injerencias rusas en las elecciones que le dieron la victoria, pero todo lo que le importó fue que «no tuvo ningún efecto en el resultado», dijo en un comunicado.

El ego de Trump y su sensibilidad hacia cualquier cosa que pueda cuestionar la magnitud de sus hazañas es de sobra conocido, pero en el tema de las injerencias electorales rusas se queda solo. «Si un matrimonio está peleándose en casa y ve por la ventana a un tipo en un carrito de helados que intenta llevarse a su hijo, no sigue peleando, porque no hay nada que pueda ser lo suficientemente importante para seguir discutiendo cuando tu hijo está en peligro», explicó ayer 'The Washington Post' en una metáfora. «El hombre en el carrito de helados es Vladímir Putin y el niño a punto de ser secuestrado, el pueblo estadounidense».

Las agencias de inteligencia no sólo dicen haber rastreado los ataques informáticos a los servidores del Partido Demócrata y la campaña de Hillary Clinton hasta «los más altos niveles del Gobierno ruso», sino que interceptaron a altos mandos con conocimiento de esos ciberataques celebrar el resultado electoral y congratularse por su actuación. «Los rusos se sentían muy contentos con lo que habían hecho», dijo un alto funcionario estadounidense a varios medios en condición de anonimato. Con todo, la victoria de Trump «les sorprendió tanto como al resto del mundo».

Con ello ratifican el otro punto que Trump optó por destacar ayer, el que, como ha dicho el presidente Barack Obama, ni Rusia ni nadie conocido alteró el conteo de los votos. En esta era de vulnerabilidad informática y caos digital Rusia prefiere influir en la opinión pública mediante la diseminación de información que ayude a su candidato favorito.

Como ya dijo Clinton, la Inteligencia ha concluido que Putin se la tenía guardada por considerarla responsable de las manifestaciones en contra de él que siguieron a su vuelta al poder en 2011, por lo que como venganza infiltró los servidores de su campaña y del Partido Demócrata para facilitar a Wikileaks el jugoso contenido de correos personales. «También hubo intentos de piratear los servidores del Partido Republicano pero tenían fuertes defensas informáticas y los piratas no tuvieron éxito», añadió Trump en su comunicado para culpar a los demócratas de su propia desgracia.

El otro medio para influir en la opinión pública a favor de Trump fue diseminar en las redes sociales bulos enmascarados de noticias. Un instrumento de propaganda difícil de interceptar que debería poner en alerta a los países europeos que este año celebrarán elecciones. La Inteligencia estadounidense está convencida de que Rusia intentará influir en esos comicios y debilitar en lo posible la alianza entre Europa y EE UU, lo que tiene preocupados a varios países aliados, según confió el director de Inteligencia, James Clapper, durante su comparecencia en el Congreso.

Una caza de brujas

Trump, sin embargo, considera que todo es una «caza de brujas» emprendida por los demócratas para justificar su derrota electoral. Prueba de que ya había decidido qué creer antes incluso de reunirse ayer con las agencias de Inteligencia es que esas palabras se las dijo por teléfono a 'The New York Times' antes de la reunión. Con todo, consideró la reunión «constructiva» y admitió que Rusia está entre «los posibles culpables» del pirateo que sufrieron los demócratas.

Uno de sus propios asesores, el exdirector de la CIA James Woolsey, dimitió el jueves de su equipo de transición. Según fuentes de la prensa estadounidense, Woolsey estaba «cada vez más incómodo» con la idea de prestar su nombre y credibilidad al equipo de Trump sin ni siquiera ser consultado. El detonante final parecen haber sido los planes para «reestructurar» la Inteligencia y recortar su personal, según publicó el jueves 'The Wall Street Journal', algo que el equipo de Trump niega.