La Rioja

Los jefes de Inteligencia plantan cara a Trump

El director de la ASN, almirante Michael Rogers, habla en presencia del director de Inteligencia Nacional, James Clapper (centro). :: J. L. / efe
El director de la ASN, almirante Michael Rogers, habla en presencia del director de Inteligencia Nacional, James Clapper (centro). :: J. L. / efe
  • Declaran ante el Senado que el ciberespionaje a los demócratas fue obra de «los más altos mandos del Gobierno ruso»

El director de la Inteligencia Nacional de EE UU, James Clapper, parecía ayer más seguro que nunca de dos cosas. La primera, como afirmó sin cortapisas, de que los ataques informáticos que sufrieron el Partido Demócrata y la campaña de Hillary Clinton no fueron obra de «un chaval de 14 años», como ha sugerido Julian Assange, del que se ha hecho eco Donald Trump, sino de los más altos mandos del Gobierno ruso, léase Vladímir Putin. Y la otra, de que se alegra de dejar el cargo de un cuerpo al que ningún otro presidente estadounidense ha humillado más que el electo Donald Trump.

Prueba de que no le tiene confianza es que mientras Clapper y sus hombres declaraban bajo juramento ante el Comité de Servicios Armados del Senado sobre las amenazas cibernéticas que sufre EE UU, el equipo de Trump difundía el nombre de quien le sustituirá. El exsenador de Indiana Dan Coats tendrá como objetivo reparar las grietas que el caso de espionaje ruso ha abierto entre el presidente electo y miembros de su propio partido en el Senado. Los senadores John McCain, presidente del comité de Servicios Armados que auspició la audiencia de ayer, y su colega Lindsey Graham amenazan con imponer sanciones más graves a Rusia que las que ha anunciado el presidente Barack Obama. Con ello pretenden asestar un golpe mortal a la economía rusa, que consideran «muy débil, la decimoquinta del planeta», observó McCain en el intermedio.

Rusia es, según la Inteligencia estadounidense, «un actor cibernético de total dimensión que representa una gran amenaza para el Gobierno de EE UU y las infraestructuras críticas militares, diplomáticas, comerciales y de redes». Su actuación durante la campaña estadounidense que ha dado la victoria a Trump no se ha limitado piratear los servidores de su rival demócrata, sino a introducir bulos en internet disfrazados de noticias que a menudo han confundido a medios serios en esta época de respuesta rápida. Como consecuencia, «el público ha perdido confianza» en los medios y las instituciones.

En su mira está también Europa Occidental y Oriental, donde sus incursiones cibernéticas forzaron el año pasado a un hospital de Gran Bretaña a cancelar servicios esenciales como transfusiones de sangre o atenciones de urgencia y a Ucrania el año anterior a suspender su servicio eléctrico durante horas, citó Clapper. Sus piratas a menudo se disfrazan cibernéticamente para ser confundidos con terceros, pero el director de Inteligencia dice tener «un grado muy alto de confianza» de que quien estuvo detrás de las injerencias electorales eran «los más altos cargos del gobierno ruso», siendo el más alto «Putin», deletreó.

No es el único que utiliza las tecnologías para batir a sus enemigos sin disparar una bala. China lo hace frecuentemente, pero más bien para espiar patentes comerciales. Irán ha intervenido en servidores de empresas financieras y busca información sobre sus intereses en Oriente Medio. Corea del Norte infiltró los servidores de Sony Pictures para extorsionar a sus ejecutivos. Y diversos grupos terroristas, desde el Estado Islámico a Hamas, continúan intentando penetrar las redes para organizar a sus soldados.

Menosprecio o escepticismo

Son riesgos que «no se pueden evitar», confesó Clapper, «sólo minimizar». Y para eso el nuevo presidente electo necesitará más que nunca la aportación de las 17 agencias de Inteligencia a las que ha humillado públicamente al menospreciar sus conclusiones sobre la injerencia rusa recordando que «son las mismas que se equivocaron con las armas de destrucción masiva en Irak». Su vicepresidente Mike Pence trató de quitar hierro al asunto calificándolo de «sano escepticismo», pero Clapper, uno de los pocos que pueden cuestionarle en voz alta, ahora que está de salida, objetó ayer que «hay una gran diferencia entre menospreciar y tener un sano escepticismo».

El todavía director de Inteligencia tendrá oportunidad de decirle a la cara cuánto ha minado la moral de sus hombres y preocupado a los aliados de EE UU, que según él le han manifestado «muchas preocupaciones» a raíz de sus comentarios por Twitter. Hoy se reunirá con él, tras haber aceptado escuchar de primera mano las razones por las que la Inteligencia ha concluido que Rusia es el autor de los ciber ataques electorales. Según Clapper buena parte de esa información que no pudo dar en la audiencia pública de ayer es clasificada, aunque nadie sabe si seguirá siéndolo una vez que se la cuente al presidente electo, al que los propios legisladores llaman 'Twitter en Jefe'.