La Rioja

Los republicanos comienzan a desmantelar el legado de Obama

Barack Obama saluda a unos trabajadores a la salida de la reunión de los congresistas demócratas en el Capitolio. :: Mychael Reynolds / efe
Barack Obama saluda a unos trabajadores a la salida de la reunión de los congresistas demócratas en el Capitolio. :: Mychael Reynolds / efe
  • El presidente acude al Congreso para pedir a los demócratas que no ayuden a reemplazar la reforma sanitaria

Barack Obama y Mike Pence cruzaron pasos ayer en el Capitolio, sede de las cámaras del Congreso estadounidense, pero por caminos muy distintos. El presidente saliente acudió por última vez para reunirse a puerta cerrada con los legisladores de su partido, ahora en minoría, que son la última línea de defensa para proteger la parte más preciada de su legado: la reforma sanitaria, conocida como 'Obamacare'. Y mientras les pedía que no colaboren con los republicanos en elaborar una nueva ley sanitaria que sustituya a la que ha permitido asegurar a 23 millones de estadounidenses, el futuro vicepresidente, que coordinará al Gobierno de Trump con el brazo legislativo republicano, anunciaba en voz alta la sentencia de muerte de aquella iniciativa.

«Los estadounidenses han votado por el cambio y todo comienza con 'Obamacare'», dijo Pence lapidario. «'Obamacare' ha fracasado y el pueblo ha enviado un decisivo mensaje para que sea anulada y reemplazada con algo más asequible que cueste menos al Gobierno».

Pence no mentía al decir que «las grandes promesas de 'Obamacare' se han demostrado falsas». La de que todos podrían mantener las pólizas de seguros que tenían, los médicos a los que veían y a la vez reducir los costos que pagaban no se cumplió. Casi siete años después de que se aprobase, la media de las franquicias que tienen esas pólizas de precios astronómicos es de 1.200 dólares al año, el costo medio para una familia de cuatro miembros es de 5.000 dólares y el incremento medio que sufrirán las pólizas mensuales este año es del 25%, pero llega hasta el 100% en algunos estados.

El problema es que, además de todo eso, antes de que entrase en vigor la ley de Sanidad Asequible (ACA) muchos estadounidenses eran rechazados por las compañías de seguros por tener alguna condición preexistente que les convertía en clientes indeseables y muchos otros preferían jugársela sin seguro.

Con 'Obamacare', las aseguradoras ya no pueden rechazar a los pacientes que sufran de cualquier condición médica como la diabetes, por ejemplo, ni subir el precio a los que consideran de más riesgo, como fumadores o mujeres que hayan tenido una cesárea. Y aquellos que no reúnan condiciones para el seguro de beneficencia pero ganen menos de 47.520 dólares al año reciben una subvención para adquirir la póliza, que ahora es obligatoria.

Pence promete «desencadenar el poder del libre mercado para bajar el gasto y traer accesibilidad». Algo que ya se probó durante décadas sin que trajera las mieles que sólo una sanidad pública y universal ha producido en Europa y Canadá. En su primer día de trabajo el Congreso, de mayoría republicana que se estrenó el martes, presentó ayer unos presupuestos que sientan la primera piedra de un largo proceso para anular la ley sanitaria de Obama.

Los conservadores dicen haber elegido ese laborioso camino legislativo para poder rechazarla por mayoría simple, pero los demócratas creen que intentan ganar tiempo porque no tienen nada mejor con que sustituirla. Según eso, el objetivo sería posponer los efectos hasta después de las elecciones legislativas y, con suerte, hasta la reelección de Trump.

Nombramientos

El líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, apoya la moción de Obama de no salvar a los republicanos trabajando con ellos para redactar un reemplazo que permita a los estadounidenses mantener las ventajas de 'Obamacare' sin las regulaciones gubernamentales que ahora la hacen posible. «No vamos a salvarles el culo -advirtió-. Si quieren mejorar Obamacare estaremos encantados de trabajar con ellos pero si lo que buscan es anularlo, que sean ellos los que propongan algo mejor».

El aguerrido senador de Nueva York del que Trump ha sido donante le enseña ahora los dientes y promete ponérselo difícil a los elegidos para ocupar cargos. Los candidatos ni siquiera han entregado las declaraciones fiscales o se han sometido a la investigación de costumbre que hace el FBI. Con mayoría en ambas cámaras y control de todos los comités, los republicanos saben que es prácticamente imposible impedir su nombramiento, pero los demócratas creen que pueden posponerla durante meses con interminables interrogatorios.

Para algunos están encontrando ayuda exterior. The Intercept, la página de noticias que creó Glenn Greenwald, publicó el martes documentos de la fiscalía general de California sobre las malas prácticas de su banco One West en el embargo de viviendas. Mientras que en Alabama, un grupo de activistas de color ocupó la oficina del senador Jeff Sessions para denunciar su pasado racista y sus duras posiciones sobre inmigración. Por su parte, el próximo secretario de Estado Rex Tillerson ha preferido llegar a un acuerdo con su empresa Exxon Mobile para liquidar las acciones que tiene en ella al actual precio de mercado, en un momento en que el Dow Jones registra su máximo histórico, y poner esa cantidad en un fondo para evitar conflictos de intereses.