La Rioja

Turquía emprende la caza del hombre

Turquía emprende la caza del hombre
  • La Policía cree que el autor de la masacre de Estambul podría tratarse de un joven iugur musulmán chino

Turquía ha emprendido sin dilación la caza de hombre, del enemigo público número uno del Estado creado por Mustafá Kemal Atatürk. El autor de la masacre que acabó con la vida de 39 personas que celebraban la llegada de 2017 en una elitista discoteca de Estambul sigue el paradero desconocido, aunque todas las fuerzas de seguridad otomanas le persiguen a pesar de que todavía desconocen su identidad y cuentan con escasos datos sobre sus características físicas.

El caos que presidió los momentos posteriores al cruel atentado se mantuvo ayer, una jornada después. Los servicios de inteligencia aseguran contar con pistas, gracias a las huellas dactilares que dejó el terrorista en el escenario de su fanática actuación y las numerosas imágenes captadas por las cámaras tanto fuera como dentro del local. En algunas de ellas se aprecia su rostro con relativa nitidez. «La apariencia del sospechoso» al que persiguen todos los cuerpos uniformados del país parece definida, explicó el viceprimer ministro, Numan Kurtulmus. El asesino múltiple, según las mismas fuentes, podría estar encarnado por un hombre de unos 25 años procedente de la región autónoma de Sinkiang, en el noroeste de China, poblada mayoritariamente por iugures de religión musulmana. Pero no es la única línea de investigación que siguen las autoridades de Ankara. Otra hipótesis apunta hacia militantes de Uzbekiztan o Kirguizistán que formarían parte de la misma célula que el pasado 28 de junio perpetró el atentado contra el aeropuerto de Estambul, con un balance de 45 personas muertas.

Reivindicación del Daesh

Lo que sí parece comprobado es que, fuera quien fuera, el autor de la matanza estaría vinculado con el Estado Islámico, que reivindicó la acción terrorista y la enmarcó en una venganza por la participación del Ejército otomano en la 'operación Escudo del Éufrates' lanzada en agosto contra los yihadistas en el norte de Siria. El comunicado, difundido en árabe y turco, constituye un precedente, ya que hasta ahora el grupo insurgente también conocido como Daesh nunca había confirmado la autoría de ninguno de los ataques en territorio turco atribuidos a 'soldados del califato'.

No obstante, el Gobierno de Recep Tayyip Erdogan aseguró que mantendrá «con determinación» sus operaciones contra los fundamentalistas islámicos. Las fuentes se esforzaron, además, en desvincular el ataque con Siria e hizo referencia a que el atentado parece dirigido contra el estilo de vida moderno, contra el hábito de reunirse en bares, festejar y consumir bebidas alcohólicas.

En este contexto, una institución de la sociedad civil presentó ayer una denuncia contra el titular del Ministerio de Asuntos Religiosos (Diyanet), Mehmet Görmez, por el sermón oficial del viernes pasado en el que calificó la celebración de Año Nuevo de «ilícita». También varios medios de comunicación oficialistas habían animado a los ciudadanos turcos a no festejar la entrada del Año Nuevo, por considerarla una festividad no musulmana.

Ocho detenidos

Las primeras intervenciones policiales en la búsqueda del terrorista que realizó el ataque contra la discoteca Reina se circunscribieron al barrio de Zeytinburnu de Estambul. Allí fueron detenidas ocho sospechosos presuntamente relacionados con el ataque, aunque en todo momento se aclaró que el autor material no se encontraba entre ellos. El operativo policial incluyó el uso de helicópteros, mientras que numerosas calles de los aledaños fueron cerradas al tráfico.

Las abundantes imágenes con las que trabajan las fuerzas de seguridad han permitido establecer el guión que siguió el asesino. Se personó en la puerta del Reina hacia las 1:20 horas del domingo -tres horas menos en España- y acabó con la vida de los guardas de seguridad, que se encontraban desarmados. Una vez dentro del club, durante siete minutos disparó de forma indiscriminada contra los más de quinientos asistentes a la fiesta de Año Nuevo que allí se celebraba. Según especificó el periódico 'Hürriyat' usó un arma de cañón largo, al parecer un rifle automático, con el que disparó hasta en 180 ocasiones. Incluso remató con tiros en la cabeza a algunos de los asistentes postrados en el suelo tras ser heridos.

Poco después, dando muestras de unos nervios de acero de los que sólo puede estar dotado un hombre dispuesto a morir, se cambió de ropa en un baño y abandonó la zona en medio del caos. Atrás dejó el arma asesina y la chaqueta con capucha que vistió durante su acción asesina.

Las cámaras recogieron una acción «extremadamente profesional», según creen las fuerzas de seguridad. Estiman, por contra, que al analizar su caminar podría especularse con que habría sufrido una herida en su pierna derecha. Algunos de los supervivientes, que tuvieron que saltar a las gélidas aguas del Bósforo para huir, aseguraron que oyeron el atacante expresarse en árabe, aunque esa versión no está confirmada. Lo que sí ha quedado claro es que el terrorista no vestía como Papá Noel, como inicialmente se difundió.