La Rioja
Theresa May.
Theresa May.

May guarda el secreto del 'brexit'

  • La discreción de la primera ministra británica tapa la ebullición que se vive en Reino Unido para preparar el adiós a la UE

La del ministro principal de Gales, Carwyn Jones, es un ejemplo entre las vidas privadas y profesionales alteradas radicalmente por el triunfo del 'brexit' en el referéndum del 23 de junio. Ganó suficientes votos en las elecciones generales de 2015 para presidir el Gobierno autonómico, negoció una ampliación de la autonomía galesa, podía concentrarse en los retos del presente: desindustrialización, educación, envejecimiento...

Pero Jones preside ahora una región que votó a favor de marcharse de la UE, tras elegir un Gobierno laborista que prefería la permanencia. En una conversación reciente con corresponsales extranjeros, el hombre que ostenta la posición de 'Prif Weinidog Cymru' (traducción al galés de 'ministro principal' o 'primer ministro') contaba sus nuevos problemas: la continuidad de los fondos estructurales de la UE, los perjuicios para la economía local de quedar fuera del mercado común...

Otra deriva del 'brexit'. La vida rural en el País de Gales depende de la Política Agraria Común desde hace décadas. El 55% de los agricultores y ganaderos hablan galés. La aportación del sector al PIB regional y al empleo no es grande pero tiene importancia cultural. O esta. Jones exige que el Parlamento de Cardiff sea consultado sobre los términos de la negociación y su resultado. Aunque no puede oponerse, pues su población lo apoyó.

La ductilidad de políticos partidarios de la permanencia, que no pueden oponerse radicalmente a la marcha de la UE, da una gran ventaja a Theresa May. El ministro principal de Gales, que no apoya al líder de su partido, el izquierdista Jeremy Corbyn, advierte que el país está agriamente dividido, que se están produciendo fenómenos políticos desagradables en otros países y que, en esas circunstancias, Reino Unido necesita ahora estabilidad.

El enfado de la reina

Fortalecida por las limitaciones de su oposición, May es el agujero negro en el que desaparecen ideas luminosas, sesudos informes, proyectos de ley de complejidad insólita. Como ministra guardó a cal y canto su feudo, rodeada de una pequeña claque de colaboradores, y emergió con algunas ideas disparatadas. La necesidad de un Gobierno estable en este tiempo turbulento le permite por ahora perseverar en ese hábito, en la posición, tan visible, de primera ministra.

Hasta la reina Isabel II está enojada, según decía la semana pasada 'The Times', porque May no le dio ningún detalle sobre sus planes para el 'brexit' cuando, como es costumbre, la jefa de Gobierno pasó con la familia real unos días de septiembre en la hacienda escocesa de Balmoral. En aquel momento quizás no tenía plan alguno y la sospecha es que ahora, tras anunciar que pronunciará un discurso relevante sobre el 'brexit' en el principio de 2017, tampoco lo tiene.

En lo que los comentaristas con mayor optimismo califican como una revitalización de las instituciones británicas, la actividad es incesante. En los últimos cuatro días del Parlamento antes del cierre vacacional se publicaron cuatro informes sobre el 'brexit' (con temas como la pesca o la legislación sobre igualdad de derechos). Los comités parlamentarios tienen abiertas 27 investigaciones sectoriales, que desembocarán en otros tantos informes. Según el grupo de estudios Instituto de Gobierno, la actividad intramuros no es menos frenética. El Ministerio para la Marcha de la Unión Europea (el conocido como ministerio del 'brexit'), que ya ha reclutado a casi todos los funcionarios que necesita, unos trescientos, y que funcionará con plenitud, según su secretario permanente, Oliver Robbins, al principio del año que empieza mañana, está recibiendo puntuales respuestas de otros ministerios a sus múltiples peticiones de información sobre el 'brexit'.

Nadie sabe nada

May se ha entrevistado con dirigentes de todos los países de la UE. David Davis, ministro para el 'brexit', con colegas ministeriales de otros países, con representantes del sector del automóvil, de la aeronáutica, de la City. Los jueces del Tribunal Supremo pasarán sus vacaciones mascullando sobre principios constitucionales medievales y realidades contemporáneas para decidir si el Parlamento ha de ser consultado antes de iniciarse la negociación.

Un exministro conservador, Stephen Dorrell, ha creado un grupo de estudios con la intención de darle la vuelta al resultado del referéndum. Otro grupo de estudios en una ciudad que se hunde ya bajo un tsunami de documentos, debates, voces expertas, correos electrónicos del 'brexit'. Otro exministro tory, Ian Duncan Smith, emprende el camino opuesto para estudiar si hay realmente coste en marcharse de la UE con un breve 'good bye'.

Toda esa ebullición se detiene a la puerta de May. Los ministerios no reciben orientación sobre cómo tienen que transformarse tras enviar la información que se les pide, los autores del proyecto de ley que evitará el vacío tras el 'brexit' incorporando a la ley doméstica toda la legislación europea no saben cómo rellenar las casillas vacías. Si una agencia europea regula tal actividad, quién la regulará tras el 'brexit'. Nadie lo sabe. Pero May ha prometido un discurso.

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