La Rioja

LA ETERNA ESPERA CUBANA

La prisa es mala consejera en la isla con forma de caimán. Todo va lento, al ritmo del calor, las tormentas y el sofoco del día a día. Pese al ruido y bullicio de los cubanos, la vida es pura quietud, pura espera... ¿A qué? Hay que viajar a Cuba para tratar de descubrirlo. Y aun así nunca se encontrará la respuesta definitiva.

Muchos cubanos en el silencio esperaban este momento en sus sillones de los portales con la música a todo volumen. Esperaban ver qué pasaba, hacia dónde iba ese pequeño reducto del que no pueden salir y que se ahoga día a día en una situación que no entienden.

Una joven cubana contó este verano a éste que escribe la vida de un isleño mientras sonaban habaneras en el ambiente: «Es difícil entender cómo un cubano puede vivir con un sueldo ridículo de 20 CUC mensuales (unos 20 euros). Aquí no existe la posibilidad de elegir dónde vivir. Yo no puedo viajar fuera del país. No tengo pasaporte como la mayoría de los cubanos. No me lo dan». Eso no lo cuenta el régimen. En cambio siempre sale a colación la educación universal (a la que por cierto sólo se garantiza la básica. El acceso a la Universidad no es tan fácil), la sanidad pública (que para ser mejor atendido requiere una pequeña 'mordida' a los médicos que atienden según cuentan los propios cubanos)...

Las remesas de dinero de los que un día se fueron a Miami o a otros lugares del mundo salvan la economía de las familias. Y Fidel lo permitía. Pedir ayuda en Cuba es parte de su idiosincrasia. El sistema lo ha hecho siempre. Primero con Rusia, luego Canadá, Venezuela, China... Todo aquel que se preste a alimentar y sustentar el aura de victimismo ante el imperialista vecino es bienvenido. Y sobre todo, su dinero.

«Fidel es el mayor 'jinetero' de la isla», me explicó la chica entre risas. Entiéndase 'jinetero' por alguien que se arrima a ti para sacarte algo... nada de cosas obscenas.

Fidel vino de Santiago a La Habana para 'parar la diversión' norteamericana que había envenenado a la sociedad cubana con excesos y despotismo tal y como reza la popular canción de Carlos Puebla de 1960. Y la paró. Claro que lo hizo. Detuvo el país en una eterna espera para avanzar.