La Rioja

De izquierda a derecha, el congresista Mike Pompeo, el general retirado Michael Flynn y el senador Jeff Sessions. :: afp
De izquierda a derecha, el congresista Mike Pompeo, el general retirado Michael Flynn y el senador Jeff Sessions. :: afp

Trump elige a ultras para los cargos clave

  • Un general amigo de Putin, un congresista que culpa a Clinton del ataque de Bengasi y un racista estarán al frente de Seguridad, la CIA y Justicia

Nueva York. Hace dos días el equipo de Donald Trump contabilizaba 47.000 curriculums recibidos, había un atasco de políticos en la Torre Trump y los líderes del mundo se rifaban su número de móvil. El bulo de que nadie querría trabajar con él se había desvanecido con su victoria, porque «ganar cambia mucho las cosas». Ya lo había advertido este visionario que el mundo tomó por payaso pero la plebe ha aupado hasta la Casa Blanca.

El primero de sus nombramientos era una crónica anunciada. El general Mike Flynn ha sido su principal asesor durante la campaña, así que era lógico que quisiera mantenerlo como experto en Seguridad Nacional. El hombre que le aconsejará sobre qué bombas tirar tiene puesta la mira en el islam, donde ve «un cáncer maligno» que a su juicio justifica «tener miedo a los musulmanes», según escribió en Twitter.

Al general Flynn, de 57 años, que será el primer hombre con el que hable Trump cada mañana, no le faltan condecoraciones. Tiene tres estrellas, una medalla de bronce, una del Mérito de la Legión y otra más del Servicio a la OTAN, entre muchos reconocimientos. Además de varios puestos en Irak y Afganistán, fue nombrado cabeza de la Agencia de Inteligencia Nacional en 2012, gracias a un informe crítico sobre el papel de la inteligencia en Afganistán. Una vez al mando tuvo problemas para llevarse bien con otros militares y acabó siendo expulsado, por lo que se retiró en menos de dos años. Su escaso apego a los hechos le valió la burla de 'los hechos de Flynn'. Eso contribuyó al resentimiento contra el Gobierno de Obama y le convirtió en esta campaña en una de las voces que iniciaba los cánticos de «¡Enciérrala!» contra Hillary Clinton, a la que llamaba «criminal».

Odio a Clinton

En este odio contra la exsecretaria de Estado encontrará la complicidad del nuevo jefe de la CIA, puesto que ha sido adjudicado al congresista Mike Pompeo, probablemente a sugerencia suya. El militar de Kansas se ganó un nombre entre la derecha alternativa que odia a Clinton gracias a la dureza del interrogatorio al que la sometió durante la audiencia sobre Bengasi. Es un graduado de West Point que solía patrullar el muro de Berlín antes de su caída y tiene lazos con los multimillonarios hermanos Koch, que financiaron el auge del Tea Party y la campaña republicana al Senado.

Con todo, es el más respetado de los tres nombramientos anunciados ayer, porque al menos no se le ha visto cenando con Putin, como al general Flynn el año pasado, haciendo lobby en favor de Turquía o simpatizando con el Ku-Klux-Klan, como le ocurriese al senador Jeff Sessions, próximo fiscal general y equivalente a ministro de Justicia.

Escudero fiel

El senador de Alabama de 69 años fue el primero en apuntarse al bando de Trump y ha sido su escudero fiel. Estaba convencido de que su partido tenía un déficit con los obreros de cuello azul y piel blanca que tradicionalmente habían sido la base del Partido Demócrata. Mientras los estadistas creían que la salvación del Partido Republicano para recuperar el poder era acercarse a las minorías, él pensaba que la clase obrera blanca sería su cantera natural y Trump el hombre que la guiaría al redil conservador.

Se le considera un hombre disciplinado y apegado a la ley, que defendió como fiscal general de Alabama durante doce años. En 1986 Reagan lo nominó para juez del distrito sur de Alabama, pero la suya fue una de las dos nominaciones que rechazó el Comité Judicial del Senado porque varios abogados que trabajaron con él dieron fe de sus comentarios y actitudes racistas. Según uno de ellos, llegó a decir que no había tenido ningún inconveniente con el Ku-Klux-Klan hasta que descubrió que fumaban porros. En los próximos años los grupos de derechos civiles y los jóvenes de Black Lives Matter tendrán oportunidad de sentir la diferencia con respecto a los dos fiscales generales afroamericanos que nombró Obama, por pocos logros que les atribuyesen.