La Rioja

México se prepara para el 'trumpazo'

Un grupo de mexicanos expresa su rechazo a Trump, en Berkeley (California). :: E. N. / Reuters
Un grupo de mexicanos expresa su rechazo a Trump, en Berkeley (California). :: E. N. / Reuters
  • El triunfo del magnate se ha convertido en una pesadilla para el país, uno de los más damnificados por sus peroratas

A partir de la madrugada del 9 de noviembre en México ya no se habla de otra cosa. El país despertó con incredulidad ante la noticia de que Donald Trump será el próximo presidente de Estados Unidos. Las primeras reacciones de la sociedad mexicana eran de clara estupefacción. En la nación azteca jamás se había tomado demasiado en serio la idea de que el caricaturesco magnate pudiera ocupar la Casa Blanca. De hecho, hasta antes de junio de 2015, cuando anunció oficialmente su candidatura, muy pocos mexicanos sabían siquiera de su existencia. Algunos de esos pocos lo conocían únicamente como el estrafalario genio de los bienes raíces. Otros más lo conocieron por ser el dueño del ya de por sí sexista certamen de belleza Miss Universo; bajo su dirección la organización endureció sus estándares y juzgó duramente a las participantes.

Así, cuando el republicano anunció con bombo y platillo su participación en la carrera presidencial de Estados Unidos, los mexicanos tomaron el asunto a tono de broma. Todo México lo conocía. Él se encargo desde sus primeros discursos oficiales, con sus amenazas directas hacia el vecino del sur, de convertirse en tema obligado en la sobremesa, en la charla con el taxista, en la tertulia casual e improvisada de los mercados. Con cada aparición quedaba más claro: Trump era un peligro para México.

Primero, porque una de sus principales y más firmes promesas de campaña fue la construcción de un muro fronterizo a lo largo de los 3.185 kilómetros que dividen ambas naciones para detener el ingreso de ilegales latinoamericanos a su país; para más inri, aseguró que obligaría a los mexicanos a pagar la totalidad de su construcción, calculada entre 4.600 y 9.200 millones de euros, y adelantó que, si el Gobierno mexicano se negaba, procedería a financiarlo mediante la retención del flujo de remesas de más 22.100 millones de euros que los inmigrantes envían a México cada año.

Segundo, porque prometió llevar a cabo la deportación masiva de más de once millones de indocumentados que viven en suelo estadounidense, separando así a familias enteras formadas y asentadas en su territorio. Tercero, porque se declaró acérrimo enemigo del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y lo calificó como «el peor acuerdo jamás firmado por Estados Unidos» adelantando que, de llegar a la Casa Blanca, buscaría renegociar y mejorar sus condiciones o retiraría a su país de la alianza comercial, con la amenaza incluida de imponer un arancel del 35% para las importaciones provenientes de México.

Pero la lista de improperios, diatribas e intimidaciones hacia México es en realidad mucho más extensa. «Cuando México envía su gente, no están enviando lo mejor. Están enviando a gente con un montón de problemas, y ellos nos traen esos problemas. Están trayendo drogas. Están trayendo crimen. Son violadores», llegó a asegurar en uno de sus discursos. Vía Twitter continuó la batalla: «No quiero nada con México más que construir un muro impenetrable y que dejen de estafar a EE UU» y «adoro a los mexicanos, pero México no es nuestro amigo. Nos están matando en la frontera y en el comercio, nos están quitando nuestros empleos. ¡Peleemos!», publicó durante su campaña.

Odiado por las masas

Trump se había convertido así en el no va más de los villanos al más puro estilo de los culebrones mexicanos, odiado por las masas. El republicano, a pesar de la indignación, terminó asistiendo como invitado especial, y con trato adelantado de jefe de Estado, a la residencia presidencial de Enrique Peña Nieto. El mandatario la describió como «cálida» a pesar de sus profundas diferencias en temas de comercio y migración; aseguró que no profundizaron en el tema del muro, pero que sí dejó claro que México no pagaría por él. Horas más tarde, el hasta entonces candidato dijo en su mitin de Arizona: «El gran muro será impenetrable, alto, poderoso y bello. México trabajará con nosotros. Estoy convencido de eso; especialmente después de reunirme con su maravilloso presidente. México va a pagar por el muro al 100%, créanme. Ellos no lo saben todavía, pero así será».

Durante los siguientes meses el magnate mantuvo impávido su discurso xenófobo no solo contra los mexicanos, sino contra los latinos e inmigrantes en general.; también fue revelada su faceta más misogina y sexista a través de audios.

Parecía pues que no era necesario preocuparse por el empresario. Él mismo se mostraba bastante capaz de ponerse la soga al cuello con cada declaración, con cada 'tuit', en cada entrevista, en los debates. Además, las encuestas mostraban una clara superioridad demócrata. Así, México se preparaba para celebrar a la primera mujer presidenta de Estados Unidos. Y no es que Hillary Clinton encantara a los mexicanos, pero al lado de Trump se antojaba como la heroína de la historia. Esta supuesta tranquilidad se derrumbó la noche del 9 de noviembre cuando comenzaron a revelarse los resultados de los votos electorales.

En México, a menos de una semana de aquellas elecciones, la resaca causada por el inesperado resultado continúa. El valor del dólar se mantiene al alza en detrimento del peso mexicano. Las empresas asentadas en territorio azteca prevén así importantes pérdidas en 2017 y con ello se preparan para llevar a cabo recortes presupuestales significativos, lo que pone en riesgo miles de puestos de trabajo.

En el ambiente se respira incertidumbre. ¿Será capaz Trump de cumplir con sus amenazadoras promesas de campaña? El presidente mexicano, los líderes políticos, economistas, politólogos y especialistas en Derecho, Comercio y Relaciones Internaciones ya han salido a intentar calmar las aguas y explicar que el futuro presidente de Estados Unidos no implementará sus propuestas, pues aseguran, entre otras cosas, que sus asesores le convencerán de lo contrario. Solo queda recordar dos cosas: que el impulsivo magnate jamás se ha caracterizado por escuchar sugerencias y que los expertos, como los que predijeron el ocaso electoral de Trump, ya se han equivocado antes.