La Rioja

Almunia llama a repensar las estrategias de la socialdemocracia europea. :: josé mari lópez
Almunia llama a repensar las estrategias de la socialdemocracia europea. :: josé mari lópez

«Trump es una amenaza para Europa»

  • Las políticas en los países de la UE «ya están contagiadas de rasgos xenófobos y populistas» como los del presidente electo de EEUU, advierte

  • Joaquín Almunia Excomisario europeo

Fue comisario de la Unión Europea y conoce los entresijos de una realidad internacional que le preocupa por el auge de los populismos, la xenofobia y la demagogia en la política. Joaquín Almunia (Bilbao, 1948), destacado miembro del Partido Socialista, habla con contundencia del triunfo de Donald Trump. Una mala noticia, dice, para EE UU y para el resto del mundo, «en especial para Europa».

-¿Qué sintió cuando escuchó que Donald Trump era presidente de Estados Unidos?

-Me cabreé un poco, aunque sé que esto no se debería decir. Y aún tengo un sentimiento de mucha preocupación. La elección no es buena ni para EE UU ni para el resto del mundo, porque es la victoria de un populista, demagogo y xenófobo que no sólo va a crear problemas a Estados Unidos, sino que sus ideas y su modo de concebir la política, rechazando a cualquier persona que no es como él, van a traer señales muy negativas a una Europa que ya sufre las consecuencias del virus xenófobo y populista.

-¿Realmente Trump es una amenaza para el resto del mundo?

-Principalmente para México, porque ha tenido frases a lo largo de su campaña muy insultantes y preocupantes hacia sus vecinos del sur. Pero también es una amenaza para cualquier país que quiera seguir siendo abierto, que no discrimina a la gente por razón de su nacimiento, creencia o el color de su piel. Lo es también para la economía después de escuchar sus ideas de proteccionismo, y para la inmigración al querer cerrar las fronteras.

-¿Era esperable su victoria?

-Los sondeos estaban muy justos, pero parecía que Hillary Clinton se situaba ligeramente por encima. Sin embargo, estamos acostumbrados a no fiarnos de lo que dicen las encuestas. Lo hemos visto en Colombia o en Reino Unido con el 'Brexit'.

-Ahora vemos a un Trump más conciliador. ¿Qué cara del nuevo presidente estadounidense hay que creerse?

-Habrá que verlo en la práctica. Lo bueno del sistema democrático norteamericano es que el poder de su presidente no es ilimitado. Tienen contrapesos. Confío en que el Congreso, a pesar de tener mayoría republicana, actúe de cortafuegos e impida que Trump haga realidad muchos de los improperios que ha ido soltando durante su campaña.

«Con Obama no fue sencillo»

-¿Hay pánico entre los aliados?

-Sí, porque la relación con Estados Unidos para el resto del mundo, y en particular para Europa, es extraordinariamente importante, y Trump se ha mostrado totalmente contrario a llevar a cabo políticas y estrategias de cooperación. Me parece una malísima orientación. Desde Europa tenemos que hacer todo lo posible para llegar a acuerdos con EE UU y que la negociación del Tratado Libre de Comercio se reanude.

-¿Teme que el triunfo de Trump tense las relaciones con Europa?

-Al principio no van a ser fáciles, pero espero que con el tiempo las aguas retomen su cauce. Con Obama tampoco fue sencillo, y eso que es un político sereno y dialogante y no de filias y fobias como Trump, pero en los últimos años EE UU ha tenido la tendencia de mirar más al Pacífico que al Atlántico.

-¿Y cómo se puede mantener esa relación con alguien que nunca ha manejado el lenguaje político?

-Lo va a tener que manejar. Trump no tiene ninguna experiencia en la gestión pública, y menos en el ámbito político, pero tendrá que aprender. No se puede ser presidente de EE UU y decir a la vez que todos los políticos e instituciones no valen nada.

-¿La admiración de Trump hacia Putin puede provocar un eje internacional insólito?

-Espero que no, que el realismo de EE UU se imponga y prevalezcan los intereses del país más allá de las reacciones irracionales. Insisto, confío en que el Congreso no deje a Trump llevar sus impulsos a la práctica, porque sería trágico para Europa. Tenemos que intentar cooperar con Rusia, pero desde la firmeza y la defensa de nuestros valores, esos mismos que Putin ha puesto en cuestión muchas veces.

-¿Esta situación puede suponer un freno a la recuperación económica global, o hablamos de contextos diferentes?

-Veremos qué políticas quiere llevar a cabo Trump, pero ya adelanto que muchas de las ideas que ha propuesto son atrabiliarias e imposibles de poner en práctica.

-Se acercan elecciones en Francia, Alemania y Holanda. ¿Teme que se produzca un efecto contagio?

-Las políticas europeas ya están contagiadas de rasgos xenófobos y populistas. En Francia tenemos a Marine Le Pen con el Frente Nacional. En Holanda, el partido de extrema derecha de Geert Wilders, PVV, parece que tiene una buena posición. En Alemania, la posición del partido xenófobo es más frágil, pero tenemos más casos. El resultado del 'Brexit' ha colocado en Gran Bretaña a los euroescépticos que tienen planteamientos cuasixenófobos y están en una posición predominante. En Italia se va a celebrar un referéndum que puede hacer avanzar al movimiento de Beppe Grillo y la Liga Norte. Por no hablar de Polonia y Hungría, donde sus respectivos gobiernos adoptan posiciones antidemocráticas que no son admisibles. Europa ya tiene suficientes problemas. Hay que evitar que la victoria de Trump nos contamine todavía más. Habría que intentar que ese triunfo nos sirva de vacuna para reaccionar de forma más contundente y firme ante los riesgos del populismo xenófobo.

-¿En qué medida el triunfo de Trump puede ser el 'Brexit' de EE UU?

-Son cuestiones diferentes, pero con una coincidencia: ambas han sido victorias inesperadas. Otra similitud es que han sido triunfos alentados por argumentos demagógicos que dividen a la sociedad.

Tensiones por la austeridad

-¿Qué ha fallado? ¿Quizás las políticas tan rigurosas en el control del gasto alimentan el populismo?

-Las políticas de austeridad, las consecuencias políticas de la crisis económica y de algunas políticas erróneas que se han ido adoptando en el ámbito europeo pueden haber contribuído a alentar esas tensiones populistas, pero hay otros motivos. En Europa, un factor que se da en prácticamente todos los países donde se está apreciando el auge del populismo es el rechazo a la inmigración, una reacción totalmente irracional. La inmigración se está utilizando para crear en la sociedad una reacción a cualquier cosa que venga de fuera.

-¿El populismo le está quitando entonces protagonismo a la socialdemocracia en Europa?

-La socialdemocracia tiene problemas. La concepción, las políticas, las prioridades a la hora de definir la política económica o en el avance del Estado de Bienestar de la socialdemocracia responden en buena medida a una sociedad que ya no existe, entre otras cosas, porque la hemos cambiado gracias a nuestras políticas. Las caídas electorales de la socialdemocracia no se resuelven intentando aplicar en la segunda década del siglo XXI las estrategias políticas que nos sirvieron en el siglo XX. Por eso tenemos que reflexionar y repensar nuestras estrategias.

-¿Qué soluciones plantea?

-Desde el punto de vista de la integración europea se está planteando la necesidad de reforzar su estrategia de seguridad, que viene directamente ligada a la solución de nuestras carencias. Ya no podemos mirar simplemente a Washington para que nos las resuelvan los americanos, y menos aún con el resultado de las elecciones del martes.