La Rioja

Las protestas se extienden por todo el país

Jóvenes protestan en las calles de Oakland, en California, después de conocer la elección de Donald Trump como presidente de EE UU. :: Noah Berger / reuters
Jóvenes protestan en las calles de Oakland, en California, después de conocer la elección de Donald Trump como presidente de EE UU. :: Noah Berger / reuters
  • Organizaciones de musulmanes, homosexuales e inmigrantes se suman a los indignados

Los adolescentes que no pueden votar y la generación del Milenio que no se volcó en ese derecho se precipitaron ayer a las calles por segundo día consecutivo para protestar por la elección de Donald Trump. «Not my president!», gritaban. La primera jornada, celebrada el miércoles por la noche, fue una protesta orgánica a la que se fueron sumando los que deambulaban por las calles en estado de shock. La de ayer, sin embargo, incluía a organizaciones de musulmanes, homosexuales e inmigrantes hispanos preocupados por la suerte de los suyos. Nueva York, Filadelfia, Boston, Chicago, Los Angeles, San Francisco, Seattle... Mientras las clases de los suburbios y zonas rurales celebraban la elección de un 'outsider' como nuevo presidente, en las grandes ciudades brotaba la rebelión. Una señal más de que las profundas diferencias que han dividido salomónicamente el voto tienen mucho que ver con el estilo de vida.

La mayoría no tenía permiso para manifestarse y por tanto quienes lo hicieron se ponían a merced de la policía local de cada urbe. La primera noche las autoridades fueron comprensivas con la necesidad de descargar la frustración a grito pelado. «No racist USA!», gritaban (No a un EE UU racista). Pero a la mañana siguiente las autoridades dieron por terminada la terapia y se dispusieron a imponer la ley y el orden que el nuevo presidente promete hacer cumplir. La primera carga vino de un alcalde demócrata y progresista, Bill De Blasio, que como el resto de su partido ha decidido ser políticamente correcto y velar por el nuevo presidente. Trump vive en su propia torre de la Quinta Avenida, encima de Tiffany, donde varios camiones de basura cargados de sal protegían el edificio de posibles explosiones. La Policía que la víspera se tomaba fotos con los seguidores de Trump se puso nerviosa ante la responsabilidad de proteger al nuevo presidente electo de tantos jóvenes cabreados como llegaron hasta la esquina sureste de Central Park. Los antidisturbios llenaron dos autobuses de detenidos antes de las 11 de la mañana. Los observadores mediáticos decidieron que, en comparación con las protestas de Black Lives Matter de hace dos años, estos jóvenes indignados están menos curtidos y se rajan con más facilidad.

Más tablas y más fuerza

Un siglo de lucha contra el racismo y los derechos civiles ha dado a los afroamericanos más tablas a la hora de protestar y más fuerza a sus lamentos. Amy León estremeció a sus compañeros de batalla al cantar 'Burning in Birmingham' en lo alto de un muro, flanqueada por los organizadores de 'Rechazamos la Misoginia y el Racismo'. Paradójicamente el eslogan de campaña de Hillary Clinton, 'Juntos somos más fuertes', que no logró arrastrar a los jóvenes a las urnas, es el que predomina estos días en las calles.

No la defienden a ella ni piden nada concreto. Saben que sus voces de indignación no traerán un recuento de votos pero quieren dejar claro que «rechazamos al nuevo presidente electo». Los que votaron por Clinton son más de la mitad del electorado, en estos comicios un 56,5% del censo electoral. En total, 130,8 millones de votantes de los 231 que pudieron haberlo hecho y cambiar el curso de la historia.