La Rioja

EL 'TRUMPXIT'

Un hombre pasa ante un muro decorado con imágenes de billetes del mundo en Hong Kong. :: afp
Un hombre pasa ante un muro decorado con imágenes de billetes del mundo en Hong Kong. :: afp

Primero eliminó a Jeff Bush, la fuerza de la tradición, a Ted Cruz, la gran esperanza blanca y a Marco Rubio, la imagen de lo políticamente correcto. Luego se quedó sin el apoyo de su propio partido, aterrorizado ante su agresividad. Después soportó el oprobio de las redes sociales, que le ridiculizaron sin piedad y de los analistas de todo pelaje y condición que le criticaron sin desmayo. Al final, se quedó solo frente a todas las encuestas que le mandaban al basurero de la historia. Pues ya lo saben, ayer ganó Donald Trump, el candidato que no le gustaba a nadie..., salvo a los 59,3 millones de estadounidenses que le votaron y le aúpan a la presidencia de la nación más poderosa de la Tierra.

¿Por qué han decidido los norteamericanos votar a Trump en masa? Pues ni idea. Decían que sólo le apoyaban los blancos de mediana edad que han perdido su trabajo por culpa de la competencia de los países emergentes. Mentira, no hay tantos, basta con mirar las cifras del paro. Ha captado -no hay otra-, el hartazgo general por la vieja política y ha calado su discurso populista de las medias verdades y de las propuestas sencillas. Como sucede en tantos otros lugares. El riesgo: ¿sucederá lo mismo en las elecciones a celebrar en Francia y Alemania? A un estadounidense de mediana edad que haya perdido su trabajo en una fábrica de componentes de automóvil en Detroit se le puede convencer fácilmente de que todas sus desgracias proceden de las importaciones mexicanas y de que se solucionan levantando un muro en la frontera. Pero nada de eso es cierto. Proceden de la falta de adaptación, suya y de su empresa, a las nuevas condiciones de la economía global y su solución pasa por adaptarse, no por protegerse. ¿Por qué razón pasa eso en Detroit y no en California? Porque ahí hacen cosas distintas, con distinto valor y eso permite sobrevivir y obtener salarios mucho mayores.

Le advierto que este es un análisis racional y parece claro que en la nueva política ya no se trata de convencer, sino de emocionar. Por eso, el discurso del esfuerzo y la adaptación, tan en línea con la evolución biológica, no emociona a nadie. Entre quien le ofrece todo tipo de derechos y una protección absoluta y quien le exige un esfuerzo y unos sacrificios que justifiquen esos derechos, el voto lo tiene claro. En política lo importante no es la realidad, sino la percepción popular de esa realidad. Por eso puede ganar unas elecciones, un súper rico que se enfrenta a Wall Street, un misógino que capta el voto de las mujeres y un xenófobo que insulta a los inmigrantes.

¿Y ahora? Espero y confío en que su actuación como presidente difiera mucho de sus propuestas como candidato, a pesar de estar muy facilitada por la doble victoria republicana en el Congreso y el Senado. Su primer discurso tras la votación fue un modelo de mesura y buena educación, a 180º de los emitidos en campaña. Trump no levantará el muro con México; no expulsará a 12 millones de inmigrantes ilegales; no meterá en la cárcel a Hillary Clinton; ni sacará a Estados Unidos de la OTAN. Tampoco revertirá la globalización, no tiene tanto poder, pero si es posible que envíe al frigorífico los tratados de libre comercio con Europa y el Pacífico y eso es suficientemente grave como para estar preocupados.

Más sencillo es prever el establecimiento de planes de inversión pública masivos que reanimen la demanda, aunque ahonden el agujero de un déficit hipopotámico y generen inflación. ¿Cómo afectará eso a los tipos de interés y a la cotización del dólar? Para qué quiere mi opinión, si me voy a equivocar seguro. Mejor, déme usted la suya y vamos a medias.