La Rioja

ELEFANTE

Cuando desperté, el elefante acababa de entrar en la cacharrería. Y amenazaba con quedarse allí cuatro años. Calculen los destrozos... Siempre he pensado que el periodismo político y la prensa del corazón tienen más en común de lo que aparentan. Pero jamás llegué a imaginar que mi faceta como reportera de 'varietés' iba a ser la que me permitiría poder afirmar hoy lo siguiente: yo he entrevistado dos veces (una en Barcelona y otra en Nueva York) a Ivanka, la hija mayor del flamante nuevo presidente de Estados Unidos. Y una vez (en Sevilla) a su primera mujer, Ivana Trump. Más aún: he estado cenando y disfrutando de una rutilante fiesta en Mar a Lago, la indescriptible mansión que tiene en Florida el nuevo master del universo. No fardo de ello. Al contrario, hubiera preferido que semejantes experiencias laborales hubieran quedado restringidas al ámbito del corazón.

Pero el cambalache en el que vivimos ha querido que un showman de 'reality', un famoso, un excéntrico asiduo de la prensa rosa, un personaje de caricatura, un 'friqui', se haya convertido en presidente de la primera potencia mundial. Me temo que en nuestro incesante coqueteo con lo virtual hemos terminado por confundir la ficción con la realidad. Que de tanto contemplar el sufrimiento ajeno cómodamente desde un sillón engullendo pizza o palomitas, de tanto apretar el botón de los videojuegos sembrando la destrucción o haciendo volar por los aires a media humanidad sin sentir nada de nada hemos llegado a pensar que votar es igual de inocuo e inofensivo. Que uno (por hartazgo, aburrimiento, diversión, por jorobar al sistema o reventar los sondeos) vota al villano abanderado del mal rollo, la injusticia y la insolidaridad como podría votar al pato Donald o a Homer Simpson, y que luego, al abandonar el colegio electoral, pasa como en el cine cuando se encienden las luces: fin de la película.

Pero aquí la peli no ha hecho más que empezar. Y no por casualidad su protagonista llega a la Casa Blanca en la era de los payasos siniestros. Como ellos, Trump es un tipo cuya comicidad y extravagancia debería hacernos reír. Y sin embargo nos resulta aterrador porque intuimos que acabará haciendo a muchos llorar. En Estados Unidos de momento ya están que se parten... Pero en dos.