La Rioja

Clinton y Trump lucharon hasta el último minuto por atraer el voto

Dos efigies de cartón de los candidatos a la presidencia estadounidense decoraron ayer la Pariser Platz, en Berlín. :: paul zinken / efe
Dos efigies de cartón de los candidatos a la presidencia estadounidense decoraron ayer la Pariser Platz, en Berlín. :: paul zinken / efe
  • Ambos apuraron la campaña con maratonianos recorridos por los estados clave para decidir las elecciones

En las últimas horas de la campaña todas las estrellas del firmamento se movilizaron en favor o en contra de Donald Trump, que, gane o pierda, es el protagonista de estas elecciones. El magnate ponía la ira y el miedo contra «la candidata más corrupta que nunca haya aspirado a este cargo», dijo ayer en Raleigh (Carolina del Norte), uno de los cinco estados clave que hoy decidirán el rumbo de EE UU. Hillary Clinton ponía la calma y la esperanza por un futuro en el que no ve un imperio en declive, como su rival, sino un país «que aún tiene por delante sus mejores días». De la poesía se encargaba el 'Boss' Springsteen, que se apuntó la víspera a su cierre de campaña en Filadelfia.

A pocos metros de donde Rocky subía y bajaba con furia los 72 escalones del Museo de Arte de Filadelfia, Clinton llevaba a cabo su propia versión del 'Gonna Fly Now' (Ahora voy a volar) con un cartel de primera. Springsteen y Bon Jovi eran los teloneros de lujo para Barack y Michelle Obama, que se abrazaban con Bill y Chelsea Clinton en esta hora final. Como escenario habían elegido el Independence Hall, el edificio colonial donde un 4 de julio de hace dos siglos y medio se firmó la Declaración de Independencia.

Con todo ese simbolismo, la candidata que hoy aspira a hacer historia pretendía recordar a los estadounidenses que lo que está en juego no es sólo el próximo presidente, sino «nuestros valores fundamentales y el futuro de nuestro país», recordó también en Raleigh. Con todo lo grande que es EE UU, los candidatos y sus caudillos se iban pisando los talones, prueba de que la batalla final se ha concentrado en cinco estados: Carolina del Norte, Florida, Pensilvania, Michigan y New Hampshire. Notablemente ausente de esta última jornada estaba Ohio, un Estado en el que la ventaja de 3.5 puntos que Trump tenía antes de que el FBI anunciase haber encontrado nuevos 'e-mails' de Clinton se transformó en siete puntos.

Clinton contraatacó el viernes con un concierto de Beyoncé y su marido rapero Jay Z en Cleveland, que dejó lívido de envidia a Trump. «Mirad toda la gente que he concentrado», dijo en Hershey (Pensilvania). «Y no he tenido que traer a J. Lo o Jay Z», se autocelebró el magnate. «Estoy aquí por mí mismo, yo solo, sin guitarra, ni piano, ni nada». Pero no se lo quitó de la cabeza y siguió hablando de ellos todo el fin de semana. !A mí en realidad me gustaba Jay Z, pero no el lenguaje que usó la otra noche», dijo en Reno (Nevada) tras recordar que no había traído estrellas. «Hillary las tiene que traer porque nadie viene a verla a ella, no es capaz de llenar una sala», insistió en Tampa (Florida).

Desfile de músicos

El papel del rapero y su esposa era el mismo que el de Obama, movilizar el voto afroamericano en esos núcleos urbanos de Estados que la candidata demócrata necesita ganar. La amenaza de Trump ha incentivado el voto hispano, que se ha doblado en Estados como Florida y Nevada, pero no el de los afroamericanos que auparon a Obama. Por más que el presidente insiste en que le va su legado en la victoria de Clinton, sus hermanos de color no la ven como su heredera.

Ayer, en un anuncio de última hora, Clinton les recordó que «tienen el poder de cambiar el curso de estas elecciones» y llevarle la contraria a un hombre que ha sido abanderado oficialmente por el Ku-Klux- Klan. Ningún republicano ha ganado nunca la Casa Blanca sin Ohio, por lo que la victoria de Trump en Estado industrial en el que fue coronado candidato representa su mejor oportunidad para llegar a la presidencia. Sin Ohio, Clinton necesita ganar Florida, donde ambos hacían campaña ayer, y garantizar el apoyo de Pensilvania, donde también los afroamericanos son una fuerza poderosa.

En esos dos estados y en Carolina del Norte ha concentrado a su mejor arma, el presidente Obama, que goza de una popularidad del 53% a dos meses de acabar su mandato. Le acompañaba de telonero el domingo en Florida Stevie Wonder, mientras que otras estrellas como Jennifer Lopez, Katy Perry, Steve Aoki y Ne-Yo espoleaban a los votantes en el resto de los frentes, sin rencor. «No tengo mala baba contra el otro tipo», dijo Jay Z. «Pero su discurso es divisivo y para mí eso no es de un alma evolucionada, así que no puede ser mi presidente. Una vez que nos divides, nos debilitas. Juntos somos más fuertes», añadió.

Heavy Trump

Trump encontró al fin a su estrella con Ted Nugent, que tocó por él en Michigan, donde Clinton le saca cuatro puntos en las encuestas, algo que saca de quicio al cantante. «Aquí tengo vuestro Estado azul», decía mientras se agarraba el paquete y utilizaba términos racistas. «Todos y cada uno de vosotros tenéis 24 horas para convencer a esos idiotas que conocéis de que no pueden votar por criminales, mentirosos o impostores».

Con ese lenguaje Trump no parecía tener problema. Detrás, en el escenario de Carolina del Norte, el anciano vestido de militar y repleto de medallas que interrumpió la semana pasada un mitin de Obama levantaba orgulloso una pancarta de Mike Pence. Obama le había defendido, frente a una masa de seguidores que desoían sus llamamientos al orden y parecía dispuesta a linchar al sonriente anciano. Así estaban los ánimos en los últimos días de una campaña que tiene hoy su prueba final.

Los seguidores de Trump han formado milicias que pretenden vigilar el curso de las votaciones. Mientras él acusa a los muertos de votar, una de sus seguidoras ha sido detenida por votar doble y los republicanos de Carolina del Norte han eliminado del censo a miles de afroamericanos vivos que podrían cambiar el curso de la historia. Según la Asociación nacional para el Avance de la Gente de Color en uno de los condados que han ganado en los tribunales habían desaparecido del censo 4.500 electores, en un territorio en que en las anteriores elecciones se decidió a favor de Mitt Romney por 92.000 votos.

En él pensaba dar Clinton su último mitin, un especial de medianoche en el Coliseo de Raleigh, a pocos metros del Dorton Arena en el que había desayunado Trump. La batalla era metro, a metro, sin cuartel. Cada voto cuenta, incluso después de que se cierren las urnas.