La Rioja

¿Indigestión en la 'relación especial'?

Cameron y Obama conversan durante un partido de golf.
Cameron y Obama conversan durante un partido de golf. / REUTERS
  • Los británicos, tanto desde el Gobierno como en los medios de comunicación, muestran su temor a las imprevisibles consecuencias de un triunfo de Trump

Un estado de insatisfacción compuesto por elementos muy diversos se expresa en una protesta. Es un rechazo a los gestores del presente y también un anhelo por recuperar la grandeza perdida o la independencia nacional. En la turbación hay enamoramiento por algo nuevo y, como en el amor, se magnifican las virtudes y se es ciego ante los defectos.

¿Podría esa descripción aplicarse a los electores estadounidenses que quieren hacer presidente a Donald Trump, como a los británicos que optaron por el 'brexit'? Hay desde luego otra similitud. Quienes observan desde el exterior su conducta están convencidos de que la opción elegida es una forma de autolesión, de que la ilusión desembocará en decepción.

Hay algunas diferencias. Si el líder estrambótico del malestar americano puede ser presidente, su equivalente británico, Nigel Farage, líder del UKIP, no ganaría unas elecciones para la jefatura del Gobierno. Farage es, además, mejor orador que Trump. El primero estudió en un colegio del anglicanismo sutil y el segundo en la tradición presbiteriana «practicante del histrionismo», según sostiene el filósofo inglés Thomas Hobbes.

El Gobierno de Theresa May estaría «muerto de miedo» por la elección de Trump, según reveló esta semana el informativo 'Newsnight' de la televisión pública BBC, citando anónimamente a un ministro del Gabinete. Y el 'Daily Mail', portavoz agrio del 'brexit', ha especulado este fin de semana sobre la posibilidad de un terremoto económico y de un ataque nuclear a China con Trump en la Casa Blanca.

Las especulaciones en la prensa sensacionalista o los comentarios confidenciales a periodistas no explican, sin embargo, cómo se comportan las diplomacias de los países ante un cambio de Gobierno en otro. La realidad se cuenta en el reciente libro 'Cameron at 10. The Inside Story 2010-15', de Anthony Seldon y Peter Snowdon.

En el relato minucioso sobre las dos o tres horas que transcurren entre la marcha de un primer ministro británico de su residencia oficial en el 10 de Downing Street y la llegada del nuevo, los autores recogen el testimonio divertido de los funcionarios que se encargaron de tomar notas de las conversaciones telefónicas de los líderes extranjeros con el derrotado Gordon Brown y con el vencedor, David Cameron.

«Los líderes extranjeros se sorprenderían de saber que sus palabras a Brown unas horas antes -«Es una pena que tengas que marcharte, porque eras tan bueno»- eran anotadas por el mismo funcionario que les oyó decir a Cameron: «Siempre deseamos tu victoria. Será estupendo y podremos ahora ajustar la relación entre nuestros países de una manera mucho mejor».

Es lo que haría también Theresa May, por mucho que airease su rechazo, como ministra de Interior del anterior Gobierno, cuando Trump afirmó en julio, para justificar su afán de prohibir la entrada de musulmanes en Estados Unidos, que hay barrios de Londres y de otras ciudades de Reino Unido «en los que la Policía no puede entrar». «Está totalmente equivocado», dijo entonces May.

OTAN y Rusia

Diplomáticos británicos señalaban esta semana dos preocupaciones para la 'relación especial' entre Estados Unidos y Reino Unido si Trump gana. Una es la OTAN. El candidato republicano matizó unas palabras iniciales que sugerían la retirada de la 'obsoleta' alianza militar, asegurando que exigirá a los países que no han cumplido el compromiso de asignar al menos un 2% de su presupuesto a Defensa que lo hagan. Reino Unido ya lo cumple.

La segunda preocupación es Rusia. Según Charles Moore, biógrafo de Margaret Thatcher, la política de normalización hacia Moscú no es ya posible tras la invasión de parte de Ucrania y la intervención de Vladímir Putin en Siria apoyando a Bashar el-Asad. Habría que adoptar una estrategia de contención, según Moore. La incertidumbre sobre una relación futura entre Trump y Putin obligaría a esperar.

En definitiva, que el Reino Unido del 'brexit' prefiere la victoria de Hillary Clinton, que lo considera un error, y la derrota de Trump, que lo saludó como una gran victoria.