La Rioja

CON HILLARY DE PRESIDENTA

Mañana Hillary Clinton será elegida para gobernar el país más poderoso del planeta. El interminable espectáculo creado y dirigido en exclusiva por el ADN masculino llega a su cierre. Al fin, una mujer va a dirigir la función.

En las democracias la última palabra la tienen los ciudadanos. Esto es reconfortante, pues la realidad es que a la hora de tomar decisiones importantes que afectan el destino de un país todavía no se ha inventado nada más fiable que la sabiduría del pueblo.

Para aquellos que no estén familiarizados con los antecedentes de Estados Unidos, permitidme un breve paréntesis: el 4 de julio de 1776, cincuenta y seis hombres respetables firmaron la Declaración de la Independencia de Reino Unido. Doce años más tarde, 39 hombres respetables firmaron la Constitución. Hoy, con una población de 300 millones de los que las mujeres son más de la mitad, solo 5 de los cincuenta Estados cuentan con mujeres gobernadoras, y solo el 20% de los representantes en el Congreso y el Senado son mujeres.

Para empezar, con Hillary Clinton de presidenta vamos a aprender a vivir más y mejor. Las mujeres saben el secreto de la longevidad y lo aplican con éxito: viven 6 años más que nosotros. No cabe duda de que en el escenario de la supervivencia, ellas nos ganan claramente. Pese a que por cada cien niñas que nacen, vienen al mundo ciento seis niños, el número de mujeres en la población es superior al de hombres. La implacable realidad es que en cada etapa del ciclo de la vida más hombres que mujeres mueren prematuramente en situaciones adversas o traumáticas. Las diferencias biológicas explican, en parte, que los hombres sean físicamente más impulsivos y arriesgados que las mujeres y muestren mayor propensión a involucrase en situaciones peligrosas. Pero además, ellos son más propensos a padecer enfermedades del corazón, del hígado, cáncer y a sufrir accidentes. Y aunque la ansiedad y la depresión se diagnostican con más frecuencia en ellas, tres veces más hombres que mujeres se suicidan.

Igualmente, el equipaje genético de la mujer la prepara para actuar de agente de evolución y mejora de la sociedad. Su compromiso original con la supervivencia de la especie, le proporciona la esencia vitalista necesaria para cuidar y sustentar la vida. Su natural interés por los procesos que fomentan la convivencia nutre su habilidad para integrar en lugar de separar. La mujer siente una clara antipatía por la violencia y una clara predilección por el diálogo y el acuerdo como tácticas favoritas para resolver conflictos. Y estas cualidades son precisamente las que se necesitan para navegar por las aguas borrascosas de estos tiempos, y mejorar la convivencia en un pueblo infectado por la intolerancia y la exclusión.

Hillary, según sus propias palabras, promueve su plan político «como hija, esposa, madre y abuela», acentuando lo positivo; sin amenazas, sin rencor, sin retórica de opresión. Y al no estar programada para actuar conforme a los métodos tan arraigados en la cultura dominante masculina, aporta estrategias de persuasión e intervención más novedosas y eficaces.

Sin duda, Hillary ha demostrado en tres décadas de trabajo público una escala de valores que la hace situar el bienestar y el desarrollo palpable de las personas por encima de principios abstractos intangibles, y una gran aptitud para ubicarse con afecto y comprensión en la realidad ajena. Ella sabe mejor que nadie lo que está en juego en el entorno de la familia, la adolescencia, la tercera edad, el pequeño empresario, el sistema educativo, la sanidad y la armonía en general. El mismo presidente Obama declaró con emoción hace unos días: «nunca ha habido hombre o mujer más competente que Hillary Clinton para servir como presidente de Estados Unidos».

Hillary Clinton nos ofrece la oportunidad histórica de mejorar la salud del pueblo. Me refiero a la definición de salud adoptada en Nueva York en julio de 1946, por la Organización Mundial de la Salud: «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades»... «La salud es condición básica para la felicidad, las relaciones armoniosas y la seguridad de todos los pueblos». En el camino Hillary tendrá que vencer a poderosos intereses ideológicos, económicos, políticos y sociales. Pero a pesar de tan feroz oposición, somos mayoría los convencidos de que ha llegado el momento de que triunfe el principio de que el mejor negocio que existe es el bien común.