La Rioja

El Ejército de Irak rompe las defensas yihadistas del este de Mosul

Un miembro del CTS iraquí, herido en los combates con los yihadistas en el este de Mosul, es atendido por un compañero. :: bulent kilic / Afp
Un miembro del CTS iraquí, herido en los combates con los yihadistas en el este de Mosul, es atendido por un compañero. :: bulent kilic / Afp
  • El avance aliado se ralentiza y los militares creen que la conquista de la capital del califato depende los ataques aéreos de EE UU

Mosul está cercada. La ofensiva para retomar la capital del califato en Irak entra en su tercera semana y las fuerzas kurdas e iraquíes avanzan desde el norte, sur y este, y las Unidades de Movilización Popular (milicias chiíes) cierran el lado oeste de la capital del califato, donde tratan de liberar de manos del Estado Islámico (EI) la ciudad de Tal Afar, clave en la posible ruta de salida de los yihadistas hacia Siria.

Más de un centenar de localidades han sido liberadas y el Ejército de Irak está a solo un pueblo de penetrar en la periferia este de Mosul, pese a que a lo largo de la jornada de ayer algunas fuentes militares informaron de que había comenzado el asalto final. «No hemos entrado en el barrio de Al Karama, nuestras fuerzas están en el pueblo de Gogjali, a 2,5 kilómetros de allí», explicó a la agencia AFP Abdelwahab al-Saadi, responsable del Comando Antiterrorista Iraquí (CTS), la fuerza de élite y punta de lanza de las fuerzas regulares. Si cae Gogjali el Ejército estará ya a menos de un kilómetro de la capital del califato, en la que podrían quedar unos 5.000 combatientes atrincherados entre más de un millón de civiles, según los datos que maneja el Pentágono.

El frente este es el que más lejos ha llegado. Tras un inicio de las operaciones que fue «más rápido de lo planeado», en declaraciones de los mandos, según se avanza hacia el extrarradio de la ciudad la ofensiva se ralentiza. «Esto llevará meses, dependemos de los ataques aéreos de Estados Unidos y con tantos civiles dentro es cada vez más complicado», confiesa un sargento del Ejercito de Irak destinado en el frente sur. Aquí el avance es más complicado debido a que «desde Qayyara a Mosul hablamos de una zona que durante el antiguo régimen fue el bastión más importante de Sadam Husein, de aquí salía el grueso de la inteligencia y oficiales de las fuerzas armadas, y ahora nos encontramos con gente que no quiere ser liberada, gente que abrazó al Daesh (acrónimo en árabe del EI) y que prefiere un mal Daesh al mejor Gobierno chií del mundo», lamenta este militar que lleva desde 2003 en el Ejército y que ahora recibe entrenamiento de las fuerzas internacionales, una operación en la que participa España, que tiene hombres desplegados en la base de Makhmour, en el frente sur.

Un pontón provisional sobre el sustituye al original, que está reventado, para acceder a Qayyara, donde el Ejército de Irak cuenta con una importante base y un aeropuerto ya operativo.

Nube negra

Al acercarse a la ciudad el cielo se va volviendo negro debido a que los yihadistas prendieron fuego a los pozos de petróleo para dificultar los bombardeos de la coalición que lidera Estados Unidos. En cada orilla del puente hay un pequeño puesto de control con banderas enormes de los imanes Ali y Hussein. «Estamos en Moharram, mes sagrado para los chiíes y por eso se ven tantas banderas religiosas, luego las quitarán».

Cruzado el puente hay que superar aún un buen número de puestos de control y todos menos uno están también presididos por símbolos chiíes. El único que luce la bandera de Irak, con fotos del primer ministro Haider Al Abadi, es un puesto con militares kurdos. Ya en Qayyara la nube negra se mastica. La gente parece que ya se ha acostumbrado, pero el recién llegado siente de forma inmediata un picor intenso de garganta. «Es el regalo de despedida que nos dejó Daesh», dice un tendero que limpia el exterior de su comercio, situado en la calle central, donde se ve alguna pintada de las milicias suníes locales favorable al Gobierno, y una gran foto de Abas (hijo de Alí, primer imán de los chiíes y el cuarto califa de los suníes.

Los comercios que primero han abierto son las tiendas de móviles ya que «durante dos años (los yihadistas) nos prohibían vender teléfonos y la gente tiene muchas de ganas de tener uno», afirma Sadam Husein, vendedor de 34 años que muestra con orgullo su carné de identidad en el que figura el nombre del expresidente, añorado en esta parte de Irak.

Además de la base del Ejército de Irak, Qayyara es también el lugar desde el que las Unidades de Movilización Popular envían a sus hombres al frente oeste y en las calles se ven carteles con las fotografías de los milicianos caídos en combate, al más puro estilo Hizbolá en Líbano. Hadi Al Amiri, líder de esta milicia, que cuenta con el respaldo de Irán, advierte que «la batalla por Mosul no será un picnic, pero estamos preparados aunque dure meses. Lo que espero de verdad es que no se convierta en un nuevo Alepo».

«A los estadounidenses no les gusta que cooperemos con los milicianos, pero son buenos combatientes», afirma el sargento iraquí, quien antes de despedirse asegura que «al final Mosul caerá porque los propios miembros del Daesh locales traicionarán a los extranjeros, los venderán y entonces podremos entrar. No veo otra manera».